NOVELAS ERÓTICAS - PRÓLOGO




A MANERA DE PRÓLOGO





Esta es sencillamente la historia real de un hombre común y corriente, que en su loca carrera por conocer el placer en todas sus dimensiones, se vio envuelto en las más aberrantes y disparatadas aventuras sexuales, pero que todo lo que hizo, lo disfruto al máximo en el momento oportuno, y jamás se arrepintió de lo hecho.

Los nombres de los personajes han sido obviamente cambiados, pero la aclaración es válida por el significado que tienen los apelativos de las tres principales mujeres protagonistas de la historia: "Pristina, "Meretriz" y "Lascivia".

EL PROSTÍBULO. - MERETRIZ.- CAPITULO I



Casi siempre al salir de algún cóctel de trabajo o de una simple reunión de amigos, estimulado por el licor, acostumbraba a visitar, solo, cierta casa de diversión desde hacia ya como unos tres años. Aquella noche salí del cóctel un poco más alicorado que de costumbre y por lo tanto no dudé ni un minuto en ir a terminar la noche de juerga en aquel sitio.

Al entrar al establecimiento, note que el lugar había sufrido un cambio bastante profundo. Chicas nuevas muy voluptuosas y atractivas, nuevo y llamativo decorado y también nueva administración. Observé detalladamente la nueva decoración y luego recreé mi vista con las recientes y atractivas adquisiciones femeninas del lugar. Al acercarme a la barra para ordenar mi pedido, me encontré con los ojos de la nueva administradora; ella me observaba con curiosidad, malicia y hasta “ganas”, presumí en ese momento.

Bienvenido Fernando... ¿Ese es tu nombre verdad? - Me habló en tono muy coqueto.-

- Si; Fernando - Respondí mientras la observaba tambien con curiosidad.- Quiero que por favor me asignes un reservado, me envíes aquellas dos chicas del sofá rojo, una botella de whisky, unos cigarrillos y lo que ellas quieran consumir. Supongo que tambien sabes que pago con tarjeta de crédito, ¿verdad?

- Naturalmente, no se preocupe. Sabemos varias cositas de nuestros principales clientes como tú: como tus gustos, tus costumbres etc. Además estoy aquí para servirte con mucho gusto y para complacerte en lo que más pueda. ¡Ha! mi nombre es Meretriz; sigue por favor. - Concluyó mientras me indicaba que siguiera al joven que me llevaría a la habitación.


Ya en el reservado, apenas si me había quitado el saco y la corbata cuando entraron las dos chicas que había escogido trayendo consigo el pedido, cada una con una bandeja de plata. La primera traía el licor, un vaso, hielo, los cigarrillos, un encendedor un cenicero y una vela; la segunda, Un botella de brandy, Coca cola, dos copas, más cigarrillos y dos bolsitas plásticas con polvo blanco. (Una era de cocaína para mi, y el otro era “bazuco” para ellas). Al notar lo que observaba lo que traía, la chica rubia se presentó y explicó:


- Mi nombre es Lucy; y como tú dijiste que podíamos pedir lo que quisiéramos, traje brandy, gaseosa, cigarrillos un polvito para preparar nuestros “cigarros” y el otro polvito que nos dijeron que a ti gustaba


- Me parece muy bien. –Me apresuré a responder y de inmediato me dirigí a la morena; - El nombre de ella es Lucy, ya me lo aprendí, ¿y el tuyo?


Me respondió con su nombre: “Martha”. No me importaban en realidad sus nombres, pues de todas maneras siempre hacia lo mismo con las chicas que escogía para que me acompañaran en aquel sitio. Ellas se desnudarían al igual que yo, tomarían licor y fumarían bazuco, me acariciarían me harían el sexo oral y yo las acariciaría las besaría tomaría trago fumaría y me daría algunos toques de cocaína. No habría penetración con ninguna y así, sin novedades, llegaría el alba.


Mientras ellas se desnudaban lentamente las observé con detalle; Lucy tendría unos veinticinco años, era rubia de estatura más bien baja, blanca, senos medianos, erguidos y bien formados, cintura pequeña, piernas delgadas aunque bien torneadas y escasa de cola y de caderas; Martha por el contrario era alta, voluptuosa, algo mayor que la anterior, piel canela, cabello y ojos negros, Senos igualmente medianos y bien formados firmes duros e incitantes, talle largo y esbelto, un par de estupendas y largas piernas… cadera ancha y cola bien hecha y apretada. En ese momento pensé que el contraste entre las dos mujeres era el ideal para pasar una noche divertida, como solían resultarme casi todas en aquel sitio.


No tardamos mucho en estar los tres desnudos en la cama iniciando los placeres que yo había llegado a buscar: caricias de todos los talantes y mucho sexo oral. Pasadas menos de dos horas, al encender su quinto o sexto bazuco, Martha me preguntó que si yo alguna vez había fumado uno de esos… le respondí que no me llamaba la atención y por lo tanto nunca lo había hecho. Lucy insistió en que debería probarlo y que si no me gustaba estaría bien, no insistía más, pero que no debía rechazarlo sin saber si me gustaría o no; sin conocer siquiera a que podría saber. Una vez más confirme que no me llamaba la atención, queriendo terminar esa conversación. Pero Martha contraatacó diciendo:

- Mira, se me acaba de ocurrir una forma de que lo pruebes muy dulcemente; yo le doy un buen chupón al “cigarro”, no lo aspiro… lo dejo en mi boca… y luego te beso tiernamente, dejando un poquito del humo en tu boca; tú lo pruebas y luego decides que hacer. Que te parece ¿ha?

- Sí, solo un besito de cada una y listo ¿si? – Replico Lucy

Terminaron convenciéndome y lo acepté. Reconozco que aquellos besos de humo fueron agradables y alcanzaron a provocar una extraña sensación en mí, pero casi enseguida sentí que se me revolvió el estómago y debí ir al baño a vomitar. Sencillamente no lo resistí y así también lo reconocieron ellas. Nos olvidamos del incidente y retomamos las labores que habíamos suspendido temporalmente.

Así, entre caricias humo y licor, transcurrió la noche sin nada más especial. Y como esa pasaron dos o tres noches más, en un lapso aproximado de dos meses. En la misma habitación y con las mismas chicas de la primera noche. Sin embargo a la siguiente visita, si empezaron a ocurrir algunas cosas fuera de lo normal y que en ese momento yo calificaría de muy interesantes, pero sin pensar que podían llegar tan lejos como llegaron al final.

Como en las ocasiones anteriores, me encerré en el cuarto con Lucy y con Martha. Recién acabamos de desnudarnos y tomar el primer trago cuando una de las chicas me informó que esta noche podría tener una agradable sorpresa. No le puse mucho cuidado y las inste a que iniciáramos nuestra agradable rutina de caricias.

Un poco más adelante tocaron a la puerta; era Meretriz, la administradora, preguntando si podía hacernos compañía, las chicas me miraron esperando mi aprobación, les hice un gesto de aceptación, y procedieron a abrirle no sin antes advertirle que allí todo el que entrara tenía que estar sin ropa. Ella lo acepto y entró despojándose de sus vestiduras. Yo la observe detenidamente: tendría unos treinta y dos años, era trigueña de cabello oscuro y corto. Ojos negros achinados que parecían brillar más, cuando maliciosamente se fijaban en mí. Senos medianos redondos y firmes, cintura delgada, caderas bien conformadas, un trasero espectacular y bonitas piernas aunque ya se le notaban algunas vetas verdes que anunciaban la pronta aparición de las várices. Pensaba que aquella no sería una noche como las anteriores, cuando Meretriz se dirigió a mí diciendo:

- Bueno, las niñas pueden continuar con sus quehaceres mientras yo te conozco un poco más ¿te parece bien?

- Me parece bien aunque el día en que nos conocimos, tú dijiste conocer varias cosas mías… o se te olvidó.

- No; lo que pasa es que sé, solo lo que me han contado. Y en eso puede haber tanto de cierto como de falso. Por eso quisiera conocerte un poco mejor, pero por lo que tú mismo me quieras contar. Haber… yo te voy a hacer unas cuantas preguntas y tu, sin molestarte, me vas contestar solo las que juzgues convenientes, o las que tú desees. ¿Jugamos a eso? ¡Estás de acuerdo? – Meretriz sonreía sin dejar de mirarme.-

Le conteste afirmativamente. Mientras continuábamos tomando y fumando en medio de las caricias y el placer, Meretriz de una manera muy discreta y sagaz desarrollaba su interrogatorio en busca de conocerme un poco mejor. Me preguntó entre otras, por mi estado civil, que si tenía amante, que si tenía novias y cosas de ese estilo. Una vez supo algunas cosas básicas, se dedico a hacer algunas preguntas sin importancia sobre mi vida conyugal, hasta que avanzando en la conversación, me sorprendió diciéndome:

- Por lo que he podido deducir, las relaciones sexuales con tu mujer, no son precisamente las mejores ¿verdad?

- Porqué lo preguntas. –Respondí prevenido-.

- No se necesita ser bruja para intuirlo. Vienes aquí a divertirte, tienes amante, tienes fugases aventuras, tienes novias… y todo esto no será porque la cama de tu casa es la más placentera de las camas ¿verdad?... espero que mi comentario no te haya molestado. Mejor, si tú quieres, cuéntame un poco de tu matrimonio, desde el principio, desde que la conociste, te casaste etc. ¿Listo?

Casi sin darme cuenta me fui dejando envolver por las preguntas de aquella trigueña. Resulte contándole, entre otras cosas, que yo me había ido a vivir con mi mujer, solamente dos meses después de haberme casado, ya que mi matrimonio se había realizado en un momento de “locura”. Sin tener apartamento ni nada listo.

Que la noche de bodas, llegué al apartamento como a las nueve de la noche y ella ya estaba esperándome en la cama, vestida con una camisa larga de dormir y un saco de lana abotonado hasta el cuello, y que por supuesto no permitió que le quitara ninguna de las prendas. Como pude saque sus pantyes y luego de unos cuantos besos, procedí a penetrarla eyaculando prontamente. Luego le hice el amor dos o tres veces más, obviamente mejorando la técnica y demorando un poco más la eyaculación, pero sin lograr más que eso, ya que predominaba en los dos, el deseo de poseernos carnalmente después de un año de sano noviazgo. Los siguientes quince días fueron casi copia de la primera noche. Luego la intensidad fue reduciendo, una vez en la noche, luego día de por medio, dos veces en la semana, etc., pero siempre como la primera vez; sin conocer enteramente su cuerpo: pasados unos meses tal vez conocía solo sus piernas y el pezón de su pecho izquierdo, que alguna vez alcanzo a asomarse en el fragor de la noche.

Meretriz seguía con interés todo lo que yo le contaba y continuaba haciendo más y más preguntas:

- Tu mujer… ¿es atractiva?, o más bien es como yo me la imagino…gordita… chiquita... negrita… descríbela no tanto como las ves tu, sino como la vería cualquier hombre… como la verías tú, de no estar casado con ella.

- Su nombre es Pristina, en la actualidad tiene 36 años, hace quince que nos casamos, la verdad es que no ha cambiado casi, se puede decir que tiene el mismo atractivo de cuando la conocí, aunque esto ya me interesa muy poco. Tiene el cabello negro medio ondulado, tez blanca, ojos claros un tanto achinados, nariz pequeña respingada, labios bien conformados aunque un poco delgados, cuello esbelto, senos redondos Medianitos y con un pezón mas bien protuberante y muy firme, cintura delgada, caderas amplias y redondas, tiene una cola preciosa y unas piernas espectaculares. Mide 1.65 y pesa aproximadamente 53 kilos. ¿algo más? – Pregunté divertido-.

- Huy!... Según esa descripción, tu mujer es todo un “churro”. Pero… ¿las relaciones han cambiado en comparación con esos primeros meses?, ¿ya la has tenido bien desnuda? ¿sexo oral? ¿Posiciones?... –Ahora Meretriz parecía querer saberlo todo de una sola ves.-

- Espera… despacito… calmadita… Hagamos una pausa mientras disfrutamos un rato. Pásame un poco de aquello, dame un trago y un cigarrillo. Luego continuamos. –Dije mientras pasaba mi mano sobre sus provocativas caderas.-

Las chicas apuraron un trago, armaron sus cigarros, los encendieron y mientras los fumaban, yo, luego de “un pase”, las estuve acariciando con mis ojos y mis manos llenas de lujuria. Más adelante Meretriz dio reinicio al sexo oral conmigo, para dejar luego que Martha lo continuara, mientras ella se acomodaba junto a mi cabeza, invitándome a que siguiera con mi narración.

- Con motivo de los cinco años de matrimonio, - Dije - Fuimos a la costa para celebrarlos. Con el fin de conocer un poco mejor su cuerpo, le compre unas diminutas tangas brasileras y le dije que ella podría colocárselas, pero con la condición de que sería yo el encargado de quitárselas… y con la boca. Después de algunas tímidas sonrisas y bromas de protestas terminó por aceptarlo. Salimos a un bar, le hice tomar algunos cócteles para que se desinhibiera un poco, y al regresar al hotel logre cumplir mi cometido sin demasiado esfuerzo. Naturalmente al quitar las tangas con mi boca hubo un poquitico de sexo oral. Fue solo un poquito, ya que ella no permitió que continuaran halándome de la cabeza hacia arriba. Ha! también logre colocarla en alguna posición diferente a la tradicional. Eso fue todo. Luego en el transcurso de los siguientes diez años, a pesar de mi insistencia, solo he logrado noches parecidas a esta, en unas cuatro o cinco ocasiones. Creo que con esto resolví tus últimas inquietudes ¿verdad? – Rematé dirigiéndome a Meretriz-.

- Si… pero ahora cuéntame, ustedes nunca hablan de sexo?

- Ese tema es tabú para ella… sin embargo en una ocasión me comentó, que una nueva vecina de apartamento, en una corta conversación, le había preguntado que si yo alguna vez le había hecho el sexo anal. Cuando ella le contesto que no, su vecina le dijo que en cambio su marido casi siempre se lo hacía de esa forma y casi nunca de la manera normal. La inquietud se había sembrado en mi mujer y yo quise aprovecharme de eso. Lo intentamos en algunas ocasiones, pero sin lograrlo, ya que ella se ponía demasiado tensa. Así que muy a mi pesar, terminamos por olvidarlo…

- Humm... Discúlpame, -Interrumpió Meretriz.- pero tu mujer debió tener muchas y muy largas conversaciones de sexo con su vecina; a mi me parece que dos señoras que apenas se conocen, no pueden llegar al escabroso tema del sexo anal, en una primera, única y corta conversación, así de un momento a otro. Tenemos que hablar un poco más de este tema, porque esto se está poniendo muy interesante y creo podrías descubrir algunas cositas de tu mujer, que tu ni te imaginas por ahora. ¿Ella te acaricia el pene? ¿te ha hecho el sexo oral?

- ¿El sexo oral?, ni en la imaginación. Alguna vez me acarició un poco pero fue más por encausarme el pene que en algún movimiento brusco yo había desviado.

- ¿Quince años de matrimonio de un hombre tan abierto como tú y aún no hay sexo oral? ¡Increíble! – Dijo Meretriz colocándose las dos manos sobre las mejillas.- Pero… ¿a ti si te hubiera gustado? Es más... ¿te gustaría aún que ella te lo hiciera?

- Claro que me gustaría. Aunque ya he desistido de insinuárselo. Me gustaría, aunque no se como lo sentiría comparándolo con las maravillas que están haciendo estas dos niñas en este momento. –Conteste mientras apretaba los dientes y presionaba la cabeza de Lucy contra mi sexo-.

- Si tú quieres, podríamos idear algo para que ella lo haga,… si es que tú lo deseas. Si estás de acuerdo me lo dices y más adelante hablamos para ver que se me ocurre al respecto y elaboramos un buen plan para lograrlo. Por ahora cuéntame más de tú mujer. Para mi es muy extraño que ella no responda sexualmente siendo que tu eres el prototipo de hombre que cualquier mujer desearía. Yo creo que hay algo de fondo que vamos a tratar de concluir esta misma noche. Puede ser que tú estés fallando en algo… puede ser falla de ella… las circunstancias… Por ejemplo; ella prefiere vestirse con faldas o con pantalón. ¿Tiene muchas amigas? ¿alguna amiga intima? ¿Se despide de sus amigas arrimando la cara para simular un beso? o se despide con un beso físico en las mejillas.

- Bueno…- Dije. - Primero, si me interesa lo de tu plan. Ahora bien, ella no tiene muchas amigas que yo conozca, quizás las tenga en su trabajo, no lo sé muy bien. En cuanto al vestuario… últimamente si prefiere el pantalón, pues dice que le molesta el frío en las piernas; y no le he puesto cuidado a lo del beso de despedida con sus amigas. Sin embargo, como se que camino van tomando tus pesquisas, te cuento como curiosidad, que lo único que he notado en ese aspecto, es que viendo modelos o reinas en televisión, no se refiere a ellas como “mujeres bonitas”, sino como “viejas chuscas” y lo dice con mucho énfasis.

- ¡Aja! – Asintió Meretriz.- Que hace o dice ella cuando tu dejas de ir a la casa una noche, dos noches y hasta más, por estar aquí o con tu amante. Que disculpas utilizas y como las toma ella.

- Cuando es poco tiempo digo que estoy en cócteles, ya que en mi trabajo son ineludibles, y cuando el tiempo es algo mayor argumento salir de viaje de negocios. Normalmente ella lo toma bien y no hace más preguntas en eso no tengo problemas.

- Y quien te asegura que esa tranquilidad con que ella lo toma, no es porque a ella también le conviene que tu te ausentes, ¿que sabes tú de lo que ella hace con el espacio que tú le dejas libre? ¿no crees que es una buena pregunta?

- Un momento... ¿Acaso pretendes decir que ella también podría engañarme aprovechando mis ausencias? –Respondí sorprendido-

- Solo digo que “es una buena pregunta”, pero como veo que no estás dispuesto a planteártela, será mejor que cambiemos el tema, para que no te pongas susceptible. Ya tengo en mente algunas ideas que nos pueden servir para el plan del que te hablé. - Meretriz dio rienda suelta a su imaginación y fue hilvanando el plan “sexo oral” como ella lo llamó y yo después de escucharla atentamente, me comprometí a ejecutarlo al pié de la letra.

Las horas pasaron en medio de conversaciones de otro carácter que de vez en cuando Meretriz salpicaba con suspicacias de la conversación anterior, y naturalmente, en medio del vicio y el placer que me producían aquellas tres hermosas mujeres. Pronto amaneció y me despedí, no sin antes prometerle a Meretriz que la semana siguiente, sería ejecutado su plan.




LA ESPOSA.- MERETRIZ.- CAPITULO II

CAPITULO II

El sábado, obrando en concordancia con lo planeado, luego del almuerzo y de que Pristina despachara la muchacha de servicio, decidí entablar una pequeña conversación con mi cónyuge.

- ¿Tienes algún plan para esta tarde? –Le dije sin mostrar demasiado interés.-

- Nada especial… pensaba salir de compras pero ... ¿Hay algo que hacer? – Dijo ella, también sin mucho interés.-

- No. Solo que creí que podríamos pasar la tarde los dos solos aquí en casa. Hace ya rato que no lo hacemos. – Le dije – Podemos tomar unos tragos, conversamos y vemos una película… que opinas. – Agregué palmoteándole suavemente las nalgas.-

- Me parece perfecto; déjame ducharme y ponerme cómoda. Mientras… ¿Por qué no vas trayendo la película?

- Tómate tu tiempo; total aún no tengo en mente que es lo quiero ver. Me demoraré algo escogiendo… bueno ya regreso. -Dije tomando mi chaqueta para salir.-

Las cosas se estaban dando con relativa facilidad. Salí por la película que en realidad si tenía en mente, ya que me la había sugerido Meretriz. (Una película para adultos). Volví al apartamento y coloqué la cinta en el VHS, asegurándome de que quedara exactamente en el inicio. Encendí la chimenea y a los pocos minutos salió mi mujer de la ducha secándose el cabello con una pequeña toalla. Luego se colocó una blusa bastante ligera y unos shorts muy ajustados. Pude notar que bajo el atuendo con que se vistió, tenía únicamente unos panties oscuros que se dibujaban discretamente bajo sus delgados shorts, y en la parte superior, se retrataban coquetos, sus erguidos, y excitantes pezones bajo la delicada prenda superior de su atuendo.

Mientras ella se acomodaba coquetamente sobre un sofá frente a la tele, yo le brindaba un “Manhattan”, Cóctel que le encantaba y que además yo sabia, que con unos cuatro o cinco de estos, ella empezaría a desinhibirse un poco, y esto facilitaría el plan.

Nos ocupamos por un buen rato de temas realmente carentes de importancia; nos contamos anécdotas del trabajo, reímos y bromeamos un poco. Para mí, en esos momentos, lo importante era cuidar que su copa estuviese siempre con licor. Y tal como lo había calculado; a los cuatro “Manhattan”, ya estaba mucho más alegre y conversadora. Me pregunto por la película, y le conteste que estaba colocada en el equipo y se trataba de una idea loca que se me había ocurrido después de mucho escoger, pero que si ella la consideraba muy loca, simplemente la cambiaríamos. Diciendo esto serví nuevos tragos y le anuncié que iría al centro comercial por unos cigarrillos. Dejé mis llaves, a propósito, sobre la mesita de centro donde ella las pudiera ver, y la dejé sentada en el sofá, sola, con la intriga de la película.

Siguiendo las instrucciones de Meretriz, yo debería demorarme unos quince minutos. Luego, al regresar, me las arreglaría para verificar si la cinta del video había sido rodada. Si la cinta estaba rodada y ella no contaba nada, las cosas estarían marchando a pedir de boca. De lo contrario, el asunto sería un poco más complicado.

Al volver al apartamento timbré: así le daría tiempo a que se acomodara y no se sintiera sorprendida, si es que había movido la cinta de video. Me abrió la puerta y pude notarla un poco agitada, me dio un beso y me dijo que iría a la cocina a preparar una tabla de quesos para pasar el trago. Aproveche su momentánea ausencia para chequear la cinta, y efectivamente había sido rodada once minutos. Además pude observar que había servido un nuevo cóctel y se había fumado un cigarrillo (vale anotar que fuma muy poco). Las cosas se estaban dando mejor de lo presupuestado; pensé con satisfacción.

Volvió de la cocina con la tabla de quesos y la colocó en la mesita de centro junto con la jarra de licor y los cigarrillos. Acto seguido se sentó muy junto a mí, alcanzó las copas y con aire de inocencia preguntó:

- Ahora si me vas a decir ¿cual es tu “película sorpresa”?

- Es… una película para adultos.-Le respondí en tono muy bajo.-

- ¿Una película para adultos? ¿De esas “porno”?... No te lo puedo creer, me estas tomando del pelo…

- No, no estoy bromeando, es en serio, es una pequeña locura, pero es verdad. Ahora si tu…

- Verdad que si estás loco. -Me interrumpió en medio de una sonora carcajada.-

Reímos los dos, e hicimos bromas al respecto. Después de un rato de especulaciones y más trago me confirmó que ella nunca había visto una de “esas” y ya que la había traído, no perderíamos nada viéndola. Me dio un nuevo beso, esta vez más apasionado, y me invitó a rodar la película.

Devolví la cinta hasta el comienzo sin hacer ningún comentario, le di inicio, dejé el control en la mesita y coloque mi mano por detrás de sus caderas.

Las escenas que veíamos mostraban una hermosa y joven mucama que espiaba a su patrona (no menos hermosa) que recibía a un amigo en su alcoba. La mujer bastante voluptuosa lucía una camisa de dormir color rosa tan transparente, que permitía ver muy claramente sus atributos. Por su parte la mucama procedía a desnudarse tras la cortina, en la misma medida en que su patrona desvestía al amigo. Pronto los tres quedaban completamente desnudos, y la pareja que estaba en la cama luego de algunos juegos de caricias empezaron a admirarse sus cuerpos mutuamente. Bajé mi mano por la línea divisoria de las caderas de mi mujer hasta llegar a su sexo, (Ella lo facilitó inclinando su cuerpo hacia adelante) y pude palpar la viscosa humedad en su entrepierna, como jamás lo había sentido. Con la otra mano acaricié sus pechos tiernamente y pude sentir sus pezones más erguidos y mas duros que de costumbre. Ella colocó tímidamente una de sus manos sobre mi sexo. Aunque casi nunca lo hacía, no fue sorpresivo ya que yo lo estaba esperando.

La película continuaba entre besos caricias y juegos eróticos de los personajes. Pero ahora llegaba lo interesante y definitivo para mí. La mujer se desliza hacia abajo por el pecho de su acompañante, y toma tiernamente entre sus manos su pene completamente erecto y empieza a frotarlo suavemente con sus dos manos, con los dedos entrelazados, con movimientos rítmicos a lo largo de el, haciendo que el glande apareciera y desapareciera por el túnel que sus manos habían construido. Así estuvieron durante unos momentos, hasta que el hombre se enderezó colocándose de rodillas y en la toma de perfil en primer plano que le hacen, permiten ver el portentoso pene del individuo que cuando menos tendría un largo de 25 centímetros y un grueso proporcional a su tamaño.

Pristina debió impresionarse, (o ¿provocarse?) ya que casi inconscientemente trago saliva y apretó mi pene (¿trataba de compararlo?). La dama del video ahora se coloca frente al hombre que aún continúa de rodillas y colocando sus manos sobre la cama, acerca su boca entreabierta al provocativo falo que la espera. Lo introduce lentamente en su boca y luego comienza a mover acompasadamente su cabeza en medio de entrecortados gemidos.

En la medida en que transcurría aquel acto de sexo oral de los “profesionales de la pantalla”, mi compañera empezaba a dejarse llevar por el morbo y a estallar en medio de su excitación. – “Quiero hacer lo mismo”.- me dijo sin quitar los ojos de la pantalla. Sin pensarlo mucho, abrí mi bragueta y deje al descubierto el manjar que ella solicitaba. En ese momento pensé en Meretriz. Su plan estaba consumado.

Pristina tomó mi pene entre sus manos sin dejar de mirar la pantalla del televisor, tratando, tal vez, de asimilar bien la lección que estaba recibiendo. Luego me lo miró y luego el de la pantalla. Ahora si estaba comparando. No pude ver su cara porque inmediatamente empezó a imitar a la chica de la película. Me lamía por los costados de abajo hacia arriba y al llegar al glande le pasaba la lengua alrededor, le daba besitos y luego se lo introducía al máximo en su boca y succionaba al tiempo que movía su cabeza de manera rítmica. Me acariciaba los testículos con delicadeza, sus manos suaves se deslizaban acompasadamente a lo largo de mi sexo, lo besaba con pasión, casi con desespero, repetía una y otra vez todo lo que estaba viendo. Entre tanto yo, acariciaba su redondo y espectacular trasero, deslizaba mi mano hasta su mojado sexo… subía un poco la mano y acariciaba su recto con mis dedos… de pronto introduje un poco un dedo… un poco más… todo mi dedo en su ano. Ella gimió de placer y movió sus caderas hacia atrás como pretendiendo que penetrara más. Se lo retiré con suavidad y luego empecé a penetrarla con dos dedos, ella enloquecía pero no retiraba la boca del oficio que había emprendido. Empecé a mover mis dedos en forma de tornillo o tirabuzón. Los dos estábamos disfrutando a rabiar nuestra pequeña aventura.

La escena cambió repentinamente, la chica que espiaba ahora se estaba masturbando, Pristina se terminó de sacar toda su ropa, y sin dejar de besar mi pene, también empezó a acariciarse el clítoris y lo disfrutaba, lo disfrutaba muchísimo, pero no permitía que yo retirara mis dedos de su ano. Miraba permanente la pantalla. Definitivamente ella quería hacer todo lo que apareciera en el video. Me sugirió con sus movimientos que yo también debería quedar desnudo, y así lo hice. Se enderezó y coloco su sexo a la altura de mi cabeza, sus jugos lubricantes caían a gotas, casi chorros, sobre mi cara: Entendí que era mi turno de hacerle el sexo oral y lo hice sin más preámbulos, y cómo lo disfruté. Como lo disfrutamos. Ella echaba su cabeza para hacia atrás y acariciaba sus pezones y sus pechos mientras gemía. Estaba en pleno éxtasis.

Un nuevo cambio en la escena y nueva agradable sorpresa para mí. Se sentó sobre el espaldar del sofá, abrió sus rodillas y muslos al máximo y ayudándose con los dedos de sus dos manos descubrió sus carnes rosadas donde resaltaba desafiante y crecido, su excitado clítoris, como invitándome a tomarlo entre mis labios. (Nunca la había visto tan descaradamente desnuda). Era en realidad un portento de mujer. Que sexi y atractiva. Me sentía completamente realizado. Todo esto tal vez lo había imaginado, pero ya había perdido toda esperanza de lograrlo. Miré de reojo la pantalla y trate de imitar la escena lo más fielmente posible. Seguramente Pristina así lo deseaba.

Ahora se sienta en el borde del sofá, sube sus rodillas a la altura de los hombros, y con una pícara mirada me invita a penetrarla. Y lo hice completamente… hasta el fondo… nunca la había tenido en una posición similar, mejor dicho en ninguna posición. Disfrutamos todo, más sexo oral mutuamente, más penetración, más masturbación, más de todo, ¡Que locura!

Pero, aún faltaba; Pristina se coloco en posición de perrito sobre el piso. Yo mire la imagen y entendí lo que seguía: ¡penetración anal! Trate de tomarlo muy delicadamente, pero ella con un brusco movimiento logro que mi pene penetrara de un solo golpe y en su totalidad. Emitió un pequeño quejido, pero luego inició un juego de caderas tan espectacular que me fue completamente imposible contener por más tiempo mi eyaculación, y terminamos por fin, los dos rendidos, tirados en el piso.

Tomamos un trago más, fumamos un cigarrillo y luego pasamos a la ducha en compañía, donde una vez más hicimos el amor y una vez más, (ayudados por jabón), la penetré analmente. Después no comentamos nada, solo nos mirábamos, con sonrisas cómplices de la mejor locura de la que habíamos disfrutado en todos nuestros años de casados.

LA AMANTE. - MERETRIZ.- CAPITULO III

Pasaron más de quince días y yo no había logrado “fabricar” una noche similar a esa. Desistí en mis intentos no sin antes haber agotado todos los argumentos y recursos que tuve en mis manos.
Un día decidí ir y contarle a Meretriz como había resultado su exitoso plan, así que le “inventé” un viaje de negocios a Pristina, con el único objetivo de pasar un fin de semana de farra y placer con las viejas del “negocio”.

Esa noche salí de copas con algunos compañeros de la oficina, y casi a media noche cuando ya me sentí desinhibido por el licor, me dirigí a ver a Meretriz: Estaba muy ansioso por verla, pues además de querer contarle todo, se me había ocurrido que ella debería ser muy buena en la cama, y rompería mi tradición de no penetrar a ninguna mujer de un prostíbulo y lo haría con ella. Si, eso haría entre otras cosas esa noche.

Al verme en la recepción, Meretriz dio un brinco de alegría y corrió a abrazarme. Estaba muy Sexy. Vestía un short muy ajustado y una blusita ombliguera semitransparente. Casi no hablamos. Me informó que las chicas que me habían acompañado en la ocasión pasada estaban ocupadas y llegarían más tarde, que si yo lo deseaba me llevaría otras, las que yo escogiera. Le respondí que no; que mejor estuviéramos los dos solos ya que tenía muchas cosas que contarle. Así que ordenamos lo que íbamos a consumir y nos fuimos derecho al reservado.

Tomamos un trago, fumamos un cigarrillo, nos desnudamos y nos tendimos en la cama. Sin poder contener más su curiosidad, la muchacha me dio un apasionado beso y habló:

- Bueno me tienes en ascuas, empieza a contarme todo, pero por favor, despacio con pelos y señales que tenemos toda la noche para hacerlo; empieza de una vez.

Nos acomodamos y empecé a contarle con todo detalle todo lo que me había pasado con Pristina la inolvidable noche del plan. En la medida que avanzaba la narración, los dos empezamos a sentirnos cada vez más excitados. Empezó a hacerme el sexo oral, pero advirtiendo, que no parara de contarle y que no omitiera detalle alguno. Más tarde nos hicimos el oral mutuamente y finalmente ella se subió sobre mí, mostrándome todo su ímpetu sexual, confirmando lo que yo había imaginado horas antes. Procuramos que nuestro clímax se diera al mismo tiempo que el de la narración y creo que así lo logramos. Fue realmente agradable, muy agradable.

- Te lo advertí. No podía fallar. Soy mujer y sé como reaccionamos las mujeres a ciertos estímulos. Lo único malo de todo esto, es que a tu mujer le haya gustado mucho lo ocurrido y quiera repetirlo con frecuencia; así correríamos el riesgo de que no regreses por acá. ¿no crees? –Remató Meretriz haciendo una mueca de niña consentida.-

- Creo que no tienes nada de que preocuparte, -Le dije- pues en los días anteriores muy sutilmente y de diferentes maneras le he sugerido que repitamos lo de aquella noche, pero no he logrado absolutamente nada. Solo hemos hecho el amor dos veces después de aquello y lo hemos hecho como siempre. Sin nada especial.

Fuimos a la ducha y nos bañamos mutuamente. Regresamos a la cama a seguir tomando, y conversando.

- Bueno dejemos descansar a Pristina – dijo - Hoy quiero que me hables de tu amante.

- ¿Qué que? –Pregunte fingiendo estar escandalizado-

- Si de tu amante, ¿como es que se llama?

- Lascivia, su nombre es Lascivia, pero para que quieres saber de ella.

- Aún no lo se, pero fíjate lo que resulto con lo que me constate de Pristina. Primero descríbela paso a paso ¿como es ella?

Iba a empezar a hablar cuando tocaron a la puerta. – “¿Podemos pasar?” – Eran Lucy y Martha. Nos miramos con Meretriz y sin decir nada, decidimos hacerlas pasar.

- En que andaban, ¿nos hemos perdido de mucho? - Preguntó Martha al tiempo que me besaba. -

- No se imaginan de cuánto se han pedido muchachas. El plan “Sexo oral” fue un éxito fenomenal; vengan y acomódense que les voy a hacer un pequeño recuento de lo ocurrido –Les dijo Meretriz señalándoles la cama–

- ¿Podemos pedir “algo” para nosotras? – Preguntó Lucy. -.

- Pidan todo lo quieran, esta noche quiero hacerla muy especial y compartirla con todas ustedes. –Le contesté.-

No se hicieron esperar, trajeron lo que deseaban, se desnudaron, se acomodaron y Meretriz empezó a relatarles las partes más interesantes y escandalosas de mi experiencia. Se rieron, se emocionaron y hasta se excitaron, con los apartes exageradamente descriptivos y en ocasiones con las actuaciones que les hacía su jefa.

- ¡Fantástico! -Dijo Lucy, sin atinar que más podía decir.-

- Increíble. Lo que más me quedó sonando, fue cuando ella comparo tu pene con el del video. Como que tiene apetito la niña ¿no? – Comentó Martha y agregó - Jefa… ¿Cómo esta noche es muy especial, podemos darle un “besito de humo” para celebrar? Digan que sí, solo unito ¿si?

- Hu mm… - Meretriz me miró - Bueno, pero solo uno, porque ya saben que le puede sentar mal. ¿Te parece bien? – Agregó dirigiéndose a mí.-

Yo acepté sin pronunciar palabra, y las chicas, cada una me dio su respectivo beso. Esperaron unos minutos y como no hubo ninguna reacción estomacal como la de la vez pasada, las tres concluyeron que podían seguir dándome besitos de "esos" con más frecuencia. Yo lo aprobé y fueron muchos los que recibí aquella noche.

- Volviendo a lo de la comparación, - Dijo Marthaa pesar de que tú no estás tan mal que digamos ¿no te sentiste un poquito incómodo?

- No… para nada. Ni siquiera lo pensé – Conteste riendo. –

- Y yo ¿puedo hacer una pregunta mas intima? - Pregunto Lucy fingiendo timidez.-

- Pregunta lo que quieras. Ya dije que esta noche es para divertirnos con todo y disfrutar de todo. Así que adelante.

- Cuando la penetraste por detrás, como la sentiste ¿apretadita? O más bien flojita. Dinos la verdad.

- ¡Apretadita! ¡riiiica!

- Menos mal. Por que donde la hubieras sentido flojita era porque seguramente ya había pasado por las armas del esposo de la amiguita que le sembró la inquietud anal. ¿no?

- Si; porque yo creo que la vecina que le estuvo hablando del sexo anal, lo que estaba era preparándola para servírsela en bandeja al marido de ella. -Agrego Martha.-

- Y si ese era el plan de la vecina y lo logró, solo que el marido la tenia muy pequeña y por eso no se le quedó notando la experiencia…

- Eso también pudo ser. Y quedaría confirmado cuando tu mujer se impresiona con el pene del vídeo. No porque lo comparara con el tuyo, sino con el del tipo que le venia haciendo el favor anal.

- Claro! Por eso fue que cuando ustedes lo intentaron las primeras veces, ella si quería, porque le había parecido rico. Pero seguramente no le cabía sino el del vecino.

- A propósito de comparaciones: Ahora que veías su clítoris por primera vez, ¿no se te ocurrió comparar su tamaño con el de… tu amante, por ejemplo?

- Esa si sería una comparación interesante. Porque el tamaño de este, nos podría dar algunas pistas sobre otras inclinaciones sexuales de cualquiera de las dos…de la que lo tenga más grande… O de las dos si es que hay empate por lo alto…

Martha y Lucy continuaban riendo y haciendo todo tipo de bromas y comentarios y yo íntimamente empezaba a sentirme un poco incomodo: No se si por el irrespeto que estaba haciendo hacia Pristina o porque de pronto creía que esos comentarios podrían no estar tan lejos de una realidad dolorosa. Pero en fin esa noche estaba de farra y no iba a permitir que nada me estropeara mi cometido.

- Bueno, los dos habíamos quedado en que me ibas a describir a tu amante; ¿continuamos? – Meretriz retomaba el tema que habíamos dejado hacia un rato-

- De acuerdo. Chicas no me vayan a interrumpir mientras la describo lo más detalladamente posible. -Yo estaba completamente desinhibido por efectos del ambiente que allí se respiraba, por el licor y tal vez por efectos del “humo aquel” así que empecé con mi descripción:

- Lascivia es...una mujer de treinta y dos años, tiene 1.65 de estatura y 53 kilos de peso, tez blanca, cabello teñido de rojo, ojos negros, nariz recta, boca grande de labios gruesos carnosos muy provocativos, senos medianos pero duritos y bien formados con pezones planos, muy pequeñitos, cintura pequeña, cadera muy bien torneada, cola redonda bonita, piernas muy bien hechas, no tiene celulitis por ninguna parte, tiene una piel que es como seda fina. Tenemos once años de relaciones y vive en un apartamento que yo le compré hace ocho. Además tiene una hermosa hija que ahora tiene quince años, pero que parece que estuviera en los dieciocho… Creo que es todo – Agregué.-

- ¿Quieres hablarnos un poquito de la hija antes de continuar con Lascivia? – Dijo Lucy queriendo hacerse partícipe de la conversación -.

- Si: dinos como es ella, como la vez tu, y como te ve ella, ¿tal vez como padre e hija? como son esas relaciones – Agregó Meretriz.-

- Bueno, la verdad es que nos vemos muy poco ya que ella pasa casi todos los fines de semana con su padre y yo obviamente veo a su mamá es los viernes o sábados. Ella se parece mucho a Lascivia, pero tiene los ojos y los senos más grandes, sus muslos son más gruesos y mas apetecibles y claro tiene todo el atractivo que una niña de su edad quiera mostrar.

- Por la forma casi cortante como la describes, creo que sería interesante ampliar el tema. Pero será más adelante, porque no quiero que se nos enfríe el asunto de tu amante. - Dijo Meretriz con algo de malicia.- Por lo que comentas, Lascivia es tanto o más atractiva que tu mujer… pero sexualmente ¿ella si te responde? o es otro caso similar al de la otra dama.

- Nooo, Ella si sabe para que le dio la naturaleza su espectacular cuerpo. Ella si sabe como complacerme completamente. Han sido once años de deliciosas relaciones casi sin interrupción desde la primera vez.

- Perdona si no te lo creo tan del todo... Pero es que teniendo dos mujeres tan atractivas, una que es modelo de esposa para mostrar socialmente y la otra que es una bomba sexual que te da todo lo que la primera no ofrece, tienes un complemento ideal. Además de tus conquistas en cócteles y las novias que levantas de vez en cuando según tu mismo lo has afirmado. Entonces, no te enojes ni lo tomes a mal, pero de ser así ¿porqué frecuentas un sitio como este? – Dijo Meretriz con cierto enfado. -

- No lo se exactamente, pero creo que es una forma de mostrarme que soy completamente libre. Es una forma de explicarme que no pertenezco a ninguna mujer y además aquí me siento muy bien, por que hago lo que deseo sin que me critiquen ni me pidan explicaciones. Esto, además de que es en la única parte donde doy rienda suelta a mis pequeños y no muy frecuentes vicios, aparte de que aquí no vengo a buscar sexo – dije con ironía. –

- De acuerdo. Es una buena respuesta. Pero, por lo que entendí ¿Lascivia también exige explicaciones cuando dejas de verla?

- No precisamente. Con ella tenemos un pacto de honestidad que no da pié al engaño.

- No te entiendo. Explícate. –Insistió Meretriz mientras me alcanzaba un trago.-

- Mira tanto hombres como mujeres somos seres humanos susceptibles de entrar en aciertos y equivocaciones. A cualquier mujer igual que a cualquier hombre le puede gustar una persona, le puede atraer alguien sexualmente hablando, así esta persona esté muy enamorada de su pareja. Y a la luz de unos cuantos tragos, o de una bien enfocada táctica de seducción, terminará indefectiblemente acostándose con ella y adornándole la frente a su amor con un par de relucientes cuernos. Esto puede ser normal en la mayoría de los casos. Pero el “engaño” se produce es cuando esta situación se oculta, si las cosas se hablan abiertamente no hay engaño porque se está hablando con la verdad. Yo estoy casi convencido de que todas las parejas se han puesto cuernos por lo menos en una ocasión, y se han estado engañando por que no han sido capaces de ir con la verdad a su respectiva pareja. Yo creo que casi todas las parejas se engañan. Tomando en cuenta lo anterior, con Lascivia hicimos un pacto de no engaño, y acordamos que cualquier desliz que llegásemos a tener nos lo contaríamos de forma inmediata. Así que cuando tengo mis conquistas le digo simplemente que después del cóctel salí un poco alicorado, y me fui con una muchacha que se me insinuó, o quería estar conmigo. Ella normalmente lo entiende y no hace más preguntas. Así queda todo arreglado. Además, no son tantas las aventurillas y novias que tengo como tú quieres hacerlo ver y mis venidas aquí no cuentan, ya que nunca tengo sexo real con ninguna.

- Supongo que aquello de que todos podemos ser susceptibles de tener relaciones con alguien diferente a nuestra pareja, también incluye a personas como Pristina. ¿Verdad?... Tu explicación suena extraña, pero muy práctica. Y cuando es Lascivia la cae en un desliz… ¿también te lo cuenta así de simple? o te da más detalles de lo acontecido. -Preguntó Meretriz con su toque de picante.-

- Hasta el momento, creo que no se ha dado nada importante, ya que no me ha contado nada al respecto… y si alguna vez lo hace me gustaría que me lo contara con todo tipo de detalles; creo que eso me excitaría.- Hice una pausa tratando de desviar la conversación, pero Meretriz captó el detalle y contraatacó diciendo:-

- Eso que quiere decir: ¿Qué ella es una santa paloma? o que ella no esta respetando el “pacto de no engaño”. ¿Tú nunca has notado nada extraño en su comportamiento que te diera lugar a pensar algo? Porque de acuerdo a tu descripción, ella es una mujer muy atractiva y debe tener muchísimos pretendientes, y como “ella es humana…”

- Sí. Tienes razón. – Decidí desahogar algunos temores que tenía desde hacia rato y contarle a Meretriz todas mis dudas, sin tapujos.- He descubierto dos, tres o más situaciones, que me han puesto a pensar en cuernos, pero ella siempre las explica con naturalidad y casi con indiferencia. Sin embargo, yo de pronto siento como con la espinita clavada. Inclusive alguna vez, ante un reclamo mío, ella optó por el silencio absoluto. A veces creo que el calla otorga… pero también pienso que prefirió callar al sentirse ofendida. De todas cualquier manera confío en que si alguna vez ha pensado en adornarme la frente, ella misma, sin presiones, terminará por contármelo en cualquier momento.

- Creo que aquí tenemos mucha tela que cortar y si tú no te opones vamos a especular un poco al respecto. Pero, primero vamos a disfrutar un poco de esta noche para no estresarnos. - Dijo la jefe indicando a sus muchachas que prendieran “cigarros” para los “besos de humo”, que sirvieran licor y que me hicieran sentir bien como de costumbre. Tal vez trataba de tomar tiempo para reordenar sus ideas y contraatacar de nuevo.-

Efectivamente, las chicas me llenaron de humo, me dieron masajes de todas las clases, me consintieron, me acariciaron y con esto lograron despejar la atmósfera que se había tornado un tanto pesada con el rumbo que la conversación había tomado. Meretriz que se había mantenido al margen de estos últimos momentos, luego de pasearse repetidamente por la habitación en forma meditativa, retomo la conversación diciendo:

- Bueno, ahora cuéntanos, pero en forma divertida, con malicia como siempre lo haces, cual y cómo fue la primera vez que notaste que podrían estar adornándote la frente.

- Si… Fue algo que note en mi propia oficina hace como unos ocho o nueve años. Cuando eso aún no teníamos el “pacto de no engaño” y tal vez esto fue lo que me motivó para crear el dichoso pacto.

- ¡Ha!, esto fue en los albores del romance. O sea que la “cornamenta” no es reciente, perdóname la interrupción y continúa por favor. – Dijo Meretriz colocándose el dedo indicie en los labios en señal de que no interrumpiría de nuevo.-

- Bien: resulta que un buen día estaba hablando con Fabio, mi asistente, cuando éste fue informado de que tenía una llamada telefónica. Yo lo invité a que la contestara desde mi escritorio para que no perdiera tiempo yendo a su oficina y volviendo. El aceptó y tomo el teléfono normalmente, pero al identificar la voz de la persona que lo llamaba, cambió de colores y de actitud; me dio la espalda y hablo muy quedo, casi imperceptiblemente. Yo me extrañe y traté de agudizar mi oído para entender lo que pasaba. Pero solo alcance a escuchar la parte final, cuando Fabio, muy nervioso decía: -“Listo… Allí fue… Cinco y media… Chao”- .

- Huy… esto se está poniendo muy misterioso, respira, toma un poquito…- Dijo Lucy alcanzándome un trago.- Continúa por favor.

- Fabio me firmó unos papeles y salió rápidamente dando por terminada la conversación. Yo me quede tratando de entender cual era la situación, y de pronto sentí un vació en el estómago e intuí que aquello, lo que fuera, tenía que ver conmigo. Eran las cinco y quince de la tarde y “la cita” estaba para las cinco y treinta. No había mucho tiempo, así que el encuentro se daría en una parte muy cercana. No lo pensé más: tome mi chaqueta y salí dirigiéndome a un “Cream” que estaba diagonal a nuestras oficinas, y en el cual yo solía entrar con alguna frecuencia a tomar algo. El sitio estaba diseñado básicamente para parejas; nichos para dos personas con espaldares altos y luz muy baja. Me situé en una de las primeras mesas de la entrada, pues de esta manera podría ver con facilidad a cualquier persona que entrara y donde seguramente sería difícil que alguien sin proponérselo pudiera verme. Pedí una cerveza y me dediqué a observar la entrada. Pasaron cinco minutos y vi entrar a Fabio. Diez minutos más tarde entró Lascivia mirando escrutadora a cada una de las mesas. Creo que alcanzó a verme, pues la vi trastabillar y acelerar su paso hacia el fondo. Decidí esperar un poco para ver que más podría pasar, así que pedí una cerveza más y encendí un cigarrillo.
Diez minutos más tarde apareció Fabio en mi mesa. Me saludo y me dijo que no fuera a pensar mal, que nada era lo que parecía. Que Lascivia estaba muy nerviosa por lo ocurrido, pero que ya me explicaría más delante de que se trataba este mal entendido. Yo le respondí que no tenían motivo para preocuparse ya que yo no estaba pensando nada: solo la vi entrar y no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Cancelé la cuenta y me despedí de mi asistente como si nada hubiera pasado.

Al día siguiente Lascivia me llamó y me informó que se había visto con Fabio, porque este le facilitaría un dinero que ella necesitaba. No le dije nada pero me pareció extraño, ya que yo le solucionaba siempre cualquier emergencia económica que se le presentara, además de que Fabio no era precisamente un hombre tan solvente como para andar prestando dinero. Pero no quise ahondar más en el tema y no se volvió a mencionar el incidente.

- ¿No crees que te pasaste de comprensivo y buena gente? En manos mías, hubiese tratado de llegar al fondo del asunto. Pero no es el caso, así que mejor sigamos con el segundo caso de sospecha. – Sentenció Meretriz mientras me ofrecía un “pase”. -

- Creo que este caso las va a escandalizar más. – Dije y apure un corto trago.- Una noche la llevaba al apartamento de paso para mi casa, ya que las dos viviendas estaban por el mismo rumbo. De pronto a mitad del camino, decidió quedarse a mitad del camino ya que “debía visitar a una amiga enferma que residía en el sector”. Sin decir más hizo detener el taxi, me dio un beso y se despidió asegurándome que al día siguiente me explicaría. En un principio no le presté demasiada atención al incidente, pero nuevamente sentí aquel vacío en el estómago y ordené al taxista dar vuelta y llevarme con dirección al mismo “Cream” del caso anterior.

- ¿Este caso fue por la misma época del anterior? – Balbuceó Martha soltando mi pene de su boca mientras hacía la pregunta.-

- No; fue mucho después. – Expliqué y continué mi relato.- Esta vez no entré directo al establecimiento. Me ubique en un barcito que estaba justo al frente, situándome en una mesa que me daba toda la panorámica de la puerta. Desde allí podría ver todo el que entrara o saliera, sin correr el riesgo de ser visto. A los pocos minutos se confirmaba mi presentimiento; Lascivia entraba al “Cream”, sola, y aparentemente sin afán. Estuve pendiente durante largo tiempo esperando ver que algún hombre conocido entrara, pero no ocurrió así. Tome mucho whisky sin despegar la vista de mi objetivo aproximadamente hasta la una de la mañana, cuando salió ella nuevamente sola y subió a un taxi que la esperaba. Yo espié por unos diez minutos más esperando descubrir con quien había estado, pero no obtuve resultados. Finalmente me fui a la casa con muchos tragos en la cabeza. Durante varios días de la semana siguiente estuve insistiéndole para que me hablara de esa noche, como ella me lo había prometido, pero fue en vano: siempre evadía la conversación. Finalmente decidí que si no quería hablar de eso, tendría sus motivos, así que mejor opté por no darle más trascendencia al asunto y opte por esperar haber si algún día quería contarme algo por su propia iniciativa. Cosa que naturalmente, nunca ocurrió.

- Huy "papito" te veo mal en ese tiro. – dijo Martha aspirando profundamente su “cigarro”.

- Yo también te veo mal, pero muy mal, aunque tengo el pálpito de que lo próximo que vas a contar es mucho más gordo. O, me equivoco... – Dijo meretriz fijando sus ojos en los míos como queriendo adivinar mi siguiente relato. –

- Sí. Creo que es más gordo – Acepté e inicié la siguiente historia. – Un fin de semana que habíamos planeado pasar juntos en el apartamento, sorpresivamente me llamo a la oficina, para contarme que un compañero de trabajo iba a inaugurar una taberna y que solo había invitado los empleados de la compañía sin derecho a llevar “patos”. Pero que no me preocupara, que ella iría a cumplir con el compromiso y saldría prontamente para el apartamento. Que me fuera para allá tranquilamente, que ella llegaría temprano para que estuviéramos juntos como lo planeamos. En un principio trate de ofuscarme. Pero luego entendí que no podía ser tan egoísta: ella también tenia derecho a tener sus compromisos sociales. Así que al salir de mi oficina, me fui sin afanes, tranquilamente para el apartamento de Lascivia. Llegué como las nueve de la noche, prendí el equipo, escuché música y me tome unos tragos de una manera muy relajada y satisfactoria. Llegaron las once, doce de la noche, una de la mañana y no llegaba. Decidí acostarme casi a las dos de la mañana. Lascivia debió llegar como a las tres; se desnudo y se acostó, mientras yo fingía estar dormido. Se volteó dándome la espalda y yo me le arrimé para acariciarla, pero cuando estuve muy cerca de ella, note que traía un fuerte olor a sauna. Trate de hablar con ella, pero había caído fundida de la borrachera. Trate de acariciarle el sexo pero mi mano se encontró con trozo de papel higiénico en su vagina. Acerqué mi nariz a su espalda y pude sentir mas claro el olor a baño sauna. Finalmente, luego de imaginarme todo tipo de cosas durante largo rato, me quede dormido.

- Y al otro día qué. – dijo Martha sin ocultar su curiosidad.-

- Para allá iba; al otro día durante el desayuno, antes de que yo la abordara, ella explicó que habían echado llave al establecimiento de la innauguración y no dejaban salir a nadie hasta no finalizar la fiesta. Le pregunté por el olor a sauna y me dijo que no era sauna, sino que habían hecho un sahumerio para la buena suerte del negocio y que obviamente todos habían quedado impregnados de su olor. Le pregunte por lo del papel higiénico y me contesto que se lo había puesto porque estaba próxima a su ciclo menstrual y el trago podría haberlo acelerado. Esto último me pareció lo más raro de lo que me había dicho, ya que yo conocía muy bien sus fechas y aún no habían pasado ni diez días de su última regla. Además lo del sahumerio… por favor… yo se a que huele un sauna y a que huele un incienso. Nuevamente preferí no insistir, pero quedé muy inquieto.

- No es para menos, mi querido amigo, no es para menos. Pero por ahora no juzguemos para no cometer errores. ¿Recuerdas algo más en su comportamiento que te haya logrado inquietar más? – Nuevamente hablaba Meretriz, pero esta vez con la cabeza baja, muy pensativa.-

- Si… algo muy curioso. Una noche al regresar de una fiesta, llegamos los dos muy bebidos. Sin embargo quisimos tomar un trago más en el apartamento. Me dijo que fuera preparando los tragos mientras ella entraba al baño. Cuando salió yo ya tenía listo el licor y ella se acercaba con sus bikinis en la mano, me hizo sentar en una silla del comedor, me abrió la bragueta, me hizo un poquito de sexo oral y luego se colocó a horcajadas sobre mí diciendo: - “Hace tanto tiempo que no lo hacemos así y es tan rico…” - Jamás lo habíamos hecho de esa forma.

- Curiosísimo – Dijo meretriz mientras todas sonreían maliciosamente. – ¿Hay algo más que quieras contarnos?

- La última: Ella salía de su oficina normalmente a las cinco de la tarde. Un día pasé a recogerla para irnos de "rumba" pero llegué como con media hora de anticipación. Mientras hacia tiempo me puse conversar el hombre que vendía dulces en la esquina del edificio donde ella trabajaba. (El hombre nos conocía perfectamente ya que yo iba con alguna frecuencia a recogerla y los dos comprábamos allí los cigarrillos.) De pronto mire hacia la parte del fondo de la calle y me pareció verla salir de una casa de citas que yo conocía por referencia y que era un negocio de chicas por catálogo. (Los hombres llegaban allí escogían una mujer en álbum de fotos, la llamaban y la escogida llegaba en cuestión de media hora.) Baje a su encuentro para confirmar si era o no, pero la mujer aceleró el paso y dobló por una boca-calle que daba entrada a la parte trasera del edificio. Al llegar a la esquina ella había desaparecido, seguramente entró por esa puerta trasera. Regresé donde estaba el hombre de los dulces y este me comentó: - “¿No era su señora?, a mí se me pareció muchísimo.”- Jamás comente este incidente con ella, pues temí haberme equivocado en un ataque de celos…

- Mi amor, - Dijo Meretriz besándome tiernamente – Si esto es solo lo que tú has notado, ¿te imaginas que más puede haber pasado sin que lo notaras? Yo estoy por asegurar que esta mujer si te ha cornificado y muchas veces, pero se me está ocurriendo un plan para que lo podamos confirmar… Si estás de acuerdo naturalmente. Que opinas.

- Y cual sería ese plan ¿tiene nombre como el otro? – Dije haciendo gala de mi buen humor y reí de buena gana mientras acariciaba su estupendo trasero.

- Si el plan tendría un título como... de película de espionaje: “Operación Cuernos”. Pero antes de hablar del plan déjame que te mencione una pequeña inquietud que me nació en uno de tus relatos. Tú dijiste que desde el bar estuviste pendiente de todos los hombres que salían del “Cream” para ver si identificabas a alguno, pero, pienso yo, si de pronto no era hombre… si era mujer…

- No estarás insinuando que…

- Solo dije que era una pequeña inquietud. Pero en fin, si se da el plan, podemos aprovechar para confirmar todo lo que ahora sospechamos. Por ahora, para poder dar inicio al plan, quiero que busques la forma de relacionarme con tu amante, sin que ella vaya a sospechar lo más mínimo. Después de que tengas solucionado esto veremos con que seguimos. Porque sino puedes lograr que nos relacionemos, nos tocaría cambiar la táctica.

Después cambiamos de conversación y nos dedicamos a disfrutar con las delicias del trago el vicio y las chicas, hasta bien entrada la mañana del siguiente día. Al despedirme me insistieron en que no fuera a echar en saco roto lo de la “Operación Cuernos”. Para esa hora yo estaba pensando en que había roto mi propósito de no tener sexo con ninguna mujer de negocio, pero ya estaba hecho y fue estupendo. No me arrepentía.

OPERACION CUERNOS. -MERETRIZ-. CAP. IV

Veinte días después estaba nuevamente en el negocio. Como en las últimas noches tome un reservado en compañía de Lucy y de Martha. Iniciamos nuestra rutina y un poco más adelante entró Meretriz.

- Creo que ya tengo solucionado lo de tu relación con Lascivia. – Le dije después del saludo protocolario y un par de bromas. –

- Eso si que es una buena noticia: cuéntame que es lo que has pensado. – dijo Meretriz con entusiasmo colgándose de mi cuello. –

- En estos días ella me ha estado hablando de una re-decoración en el apartamento. Creo que si tú te hicieras pasar por decoradora, tendríamos la oportunidad perfecta para iniciar la relación que necesitamos. Yo te estaría colaborando en los detalles técnicos…

- ¡Claro! Eso es. Y no te tienes que preocuparte por nada. – Interrumpió la trigueña.- Tengo un amigo propietario de un negocio de decoración y se que el va a sentirse encantado de poder asesorarme y colaborarme en todo lo que se requiera. El plan me parece perfecto y muy bien pensado. La semana entrante hablo con mi amigo y estaré lista para que tú me hagas la primera cita para ver el apartamento. Me llamas miércoles o jueves y te informo como están las cosas. Esto empieza a caminar muy bien.- Remató. –

- Me complace que te guste la idea. –Le dije y me deslicé un poco para besar y lamer sus hermosos pechos.-

- No hablemos más por ahora de este asunto. Muchachas sirvan tragos y prepárense porque hoy vamos a hablar de un asunto que dejamos pendiente la noche pasada.

- De que asunto estás hablando. – Le murmure al oído. –

- Recuerda que cuando nos estabas describiendo a la hija de tu amante, dijimos que lo dejaríamos para otra oportunidad más propicia, hoy es esa oportunidad. Vas a describirla nuevamente y a contarnos como han sido los pequeños contactos que has tenido con ella… si lo que nos digas nos agrada, te daremos un premiecito, si no nos agrada, te daremos el mismo premio pero en otro empaque. Así que empieza de una vez. - Concluyó Meretriz, indicándole a las chicas que me dieran los ya consabidos “besos de humo”. Ella sabía como aflojar mi lengua y era consiente que esos temas me excitaban sobremanera. –

- Como les había contado… - Inicié – Ella, a quien llamaremos “Lolita”, tiene quince años, pero con un cuerpo de una mujer mayor. Cabello muy negro ojos negros muy grandes nariz recta, un pequeño lunar en la mejilla izquierda, labios gruesos y seductores como los de su mamá, bonito cuello, senos grandes y bien conformados; no se si duros o no, pero se ven muy firmes. No puedo hablar de sus pezones pues no los conozco. Cintura pequeña, caderas medianamente anchas y redondas, colita bien paradita, y piernas largas, gruesitas pero muy bien formadas. Mide como 1.60 y calculo que debe pesar unos 50 kilos. Mis contactos con ella han sido realmente pocos. Algunas veces en que la he encontrado en el apartamento escuchamos música y hablamos de cualquier tema más bien intranscendente. Sin embargo en las últimas tres o cuatro veces que la he visto, siempre ha estado en pijamas “baby doll” semitransparentes y casi siempre se sitúa frente a la ventana, de tal manera que yo puedo observar su estupendo cuerpo a contraluz. Alguna vez su mamá noto esta actitud, y la mando a vestirse pero con mucha prudencia. Algún fin de semana reciente que llegue en la noche a tomar un trago con Lascivia, ella nos acompañó un rato colocando música y en un momento dado, estando los dos en cuclillas, buscando una canción específica, sin proponérmelo, me quede mirando sus hermosos muslos, ya que la posición adoptada había hecho que su corta falda se subiera casi hasta mostrar sus “cucos”. Ella captó mi mirada y antes que intimidarse, creo que con sus coquetos expresivos ojos, me invitó a que continuara mirándola. Yo le pasé mis manos ligeramente por sus rodillas y ella me sonrió sin inmutarse. Creo que eso es todo lo que tengo para contarles. Es lo más cerca que estado de ella.

- Entonces sí la has mirado con ojos de hombre ¿no? y la muchachita es como medio lanzadita ¿verdad? – Comento meretriz y luego se dirigió a las otras chicas. – Que opinan muchas, ¿se merece el premio por narración? o no.

- Yo creo que si se lo merece aunque me iban dando un poquito de celos con esa descripción tan emocionada. – Dijo Lucy. –

- Yo también creo que se lo merece, pero a mi lo que me da más celos, es el premio que va recibir – Agrego Martha. –

- Entonces, no se diga más. Vayan ustedes por el premio, que mientras tanto le vendo los ojos a este “churro”. Es una sorpresa de quince años – Dijo Meretriz dirigiéndose a mi. – La tapada de los ojos es para que tú puedas imaginar que la persona que va a estar contigo, es una personita que tú seguramente has deseado en algún momento. Estoy segura que la disfrutarás mucho. - Concluyo la jefe tomando una pañoleta con la que me vendó los ojos. –

Acto seguido sentí que abrieron y cerraron la puerta de la habitación, unas risillas y unos cuchicheos, dos “besos de humo” y luego unas pequeñas manos me embadurnaron todo el cuerpo de aceite aromático. Enseguida una serie de sensuales masajes por todo el cuerpo, primero con las manos, luego con par de macizos y tiernos pechos, luego con todo su cuerpo, con su cola, con su pubis, luego sexo oral... Sentí arder de la excitación y entonces interpreté las palabras de Meretriz; debería imaginar que estaba con “Lolita”. Así lo imaginé y vaya si lo disfruté. Pensé en hacerle el amor a esa criatura de piel de terciopelo que estaba conmigo, pero me contuve al escuchar que con su tierna pero muy sensual voz me decía: - Que más quieres… pide lo que quieras… lo que tú quieras te doy… - Recordé donde estaba y que no quería volver a romper el compromiso que tenia conmigo mismo de no penetrar a una mujer del negocio. Deje que continuara con los masajes y las caricias hasta que decidí quitarme la venda. Allí frente a mi, había una hermosísima niña que por su cara, no podría tener más de catorce años. Pero por sus estupendas y proporcionadas formas, pareciera más bien una voluptuosa modelo de revista para adultos. Que preciosura, me dije suspirando profundamente. Inmediatamente vinieron a mi los cánones de moralidad con que habia crecido, y pedí a la chica que se retirara. No quería infringir esa norma de aprovecharme de una menor de edad... Luego miré en mi entorno y allí sentadas en un amplio sofá, estaban mis tres compañeras de la noche mirándome con satisfacción y picardía.

La quinceañera tomó su ropa y salió despidiéndose tímidamente con su mano derecha, Lucy pidió permiso para retirarse argumentando estar un poco cansada. Y Meretriz, después de preguntarme como me había parecido la sorpresa y de ofrecerme una nueva chica para remplazar las que se iban, también pidió permiso para dormir un poco ahí mismo en la habitación, ya que “la noche anterior fue de mucho ajetreo”. Le conteste que no quería ninguna otra chica y que podía descansar tranquila. Dicho esto, Meretriz se metió dentro de las cobijas y pronto se quedó dormida.

Quedamos solamente Martha y yo, hablando, acariciándonos y compartiendo el humo de sus “cigarros”. Le sugerí que me hiciera el sexo oral, ya que aún me encontraba excitado a causa de la sorpresita. Ella procedió inmediatamente y desde allí entre balbuceos me dijo:

- ¿Sabes que a mí también me gustaría algo?

- Como qué: no estarás pensando también en retirarte… pero si es así, me dejas con la quinceañera. – Le conteste en son de broma. –

- ¿Con la quinceañera? ni lo sueñes. Lo que quiero es que aprovechemos que estamos prácticamente solos, para que me complazcas un caprichito, que no podía decirte delante de todas las demás ¿te lo digo?, ¿me complaces? ¿si?, ¿si?

- Dilo de una vez. Te prometo que trataré de complacerte. – Le conteste y apuré un buen trago. Que podría traerse esta vieja, pensé. –

- Por una parte, me gustaría que hoy te fumaras uno de estos – Dijo señalando un bazuco. – pero sin intermediarios. Es decir sin besos de humo, en directo. Que me dices ¿Ha?

- Podríamos intentarlo. –Contesté casi con indiferencia, aunque en mis adentros hacia ratito lo estaba deseando.-
- Pero el caprichito completo es que tú prepares el mío y yo el tuyo, así nos estaremos dando algo mutuamente. ¿Te parece?

- Nunca lo he hecho… no se como… - Conteste un poco confundido.-

- Simple: vas mirando como lo hago yo, y tú haces lo mismo. ¿Listo?

- Listo. – Me senté con ella en el sofá, frente a la mesita en donde estaba el trago y los demás implementos de pernicia. Le di una mirada a Meretriz, quien parecía dormir plácidamente. -

Empezamos con el procedimiento de vaciar la miga de los cigarrillos Esto consistía en tomarlos entra las palmas de la manos con el filtro hacia arriba, y frotarlos hasta que estuvieran vacíos. Luego se vertía el polvillo blanco de manera uniforme sobre una parte de la miga desperdigada sobre un papel que ella había puesto en la mesa, se mezclaban bien y se procedía a armar nuevamente el cigarrillo con la mezcla preparada. Tomando pocos de la mezcla con el pulgar y el índice se iba vertiéndola poco a poco en el forro vacio del cigarrillo; y se le daban pequeños golpecitos con la uña, para que el relleno fuera quedando uniforme dentro del recipiente. Se tomaba el cigarrillo por la parte en que se estaba tacando, y se sacudía un poco. Se repetía la operación una y otra vez. Mis manos temblaban como tal vez nunca lo habían hecho. Estaba muy excitado y Martha lo noto satisfecha al mirar de reojo mi erecto pene. Cuando los “cigarros” estuvieron casi al tope, los cerramos dándole una pequeña retorcida al papel sobrante en la punta. Una sacudidas más otros golpecillos y listo. Los intercambiamos y Martha procedió a calentar el que yo le había preparado y luego de observarlo por todas partes Exclamó:

- ¡Perfecto! Te quedo muy bien hecho, mira como quedo negrito en forma parejita, observa como luce como si tuviera grasa. Esto significa que quedo perfectamente distribuido, a eso lo llamamos “petrolero”. El mío también quedo petrolero pero no tanto como el tuyo, luego los intercambiamos para que puedas comparar.- Prendió el mío y me lo pasó diciendo: - No lo aspires como un cigarrillo cualquiera, chúpalo profundamente y trágate el humo, luego trata de llevarlo a la cabeza y no devuelvas este primer humo. Es la mejor forma de disfrutarlo.

- De acuerdo. – Dije, y al acercar el cigarrillo a mi boca noté que mis manos temblaban igual o más que cuando lo estaba armando. Traté de seguir fielmente las instrucciones que Martha me daba. Lo chupé profundamente, tragué el humo, y trate de imaginar el humo subiendo a la cabeza. Terminado este primer proceso, inmediatamente le propiné un segundo chupón a mi “cigarro” y la chica que me observaba complacida dijo: -

- Te gustó: el hecho de que quieras chuparlo más, de forma tan inmediata, así lo indica. - Ella empezó a disfrutar el suyo. – haaa… delicioso… - Comento mientras tomaba mi pene con la otra mano. – Me refiero al “cigarro”… bueno y a esto también.- Bromeo dándome un apretón y un beso en el glande.-

Luego de tres fumadas, los intercambiamos. Realmente si me pareció que tenia más sabor el que yo había preparado. Reímos y bromeamos un poco a ese respecto. Tomamos un trago y Martha procedió a preparar nuevos aparatos. Nos quedamos en el sofá. No volvimos a la cama donde la jefe parecía dormir tranquilamente. Tomamos y fumamos más. Ella era la que siempre encendía mi “cigarro”, me daba un “beso de humo” y luego me lo pasaba para que lo terminara solo. El polvillo se acabó en un momento dado, pero Martha solícita fue y trajo una nueva bolsa, asegurándome que ésta alcanzaría por lo menos para veinte “cigarros” más. Continuamos en el mismo plan: Caricias, trago y “cigarros”. No supe nunca cuantos tragos ni cuantos “cigarros” pude haber consumido, pero perdí la conciencia no se por cuanto tiempo. Cuando volví en mí, Martha me tenía embadurnado de aceite, yo estaba en posición de “perrito”, y ella me violaba frenéticamente con un pene artificial (consolador). – “No te vengas aún… por favor no…” - Me suplicaba, pero ya era tarde, yo ya estaba eyaculando copiosamente. Quedé rendido y fui a buscar refugio al lado de la mujer que aún parecía dormir plácidamente.

Al despertar, Martha ya se había retirado y Meretriz me recibía con un trago y “cigarro” preparado por ella misma. Inicialmente trate de rechazar su ofrecimiento, pero pudo más la curiosidad de saber que sentiría consumiéndolos después de aquella noche de excesos. Mientras los consumía me pregunté si ella ya sabría lo que había ocurrido con Martha hacía unas horas. Y si lo sabia, ¿sería porque se dio cuenta de todo?, o porque la otra se lo había contado. No hubo necesidad de investigar esta inquietud. La propia Meretriz, con la actitud que asumiría más adelante, ese mismo día, me lo confirmaría.

Luego de tomar unos dos o tres tragos más, Meretriz me quito las cobijas y empezó excitarme con todo tipo de caricias. No tardó mucho en lograrlo y acto seguido, se subió a horcajadas sobre mí, y empezamos a hacer el amor sin contemplaciones. Cuando ella empezó a arquearse hacia atrás, creí que era una parte de su táctica amorosa, pero pronto me di cuenta de que lo pretendía era violarme en aquella posición, con el mismo aparato que Martha había utilizado horas antes. No le quise facilitar la acción, ante lo cual ella optó por desistir de la idea, prefirió cambiar de posición colocándose en cuclillas, lo que permitía una penetración más profunda, además de permitirnos ver en primer plano el excitante espectáculo del encuentro y movimiento de nuestros órganos sexuales. Fue una experiencia especial y muy gratificante, que en algunas ocasiones había experimentado ya con Lascivia.

Con lo del consolador y el “cigarro” preparado por ella, llegué fácilmente a la conclusión de que Meretriz ya sabía todo lo ocurrido con Martha. Es más, a pesar de conocerla hacia tan poco tiempo, me atrevería a asegurar que, no solo lo sabía, sino que todo había sido planeado por ella, además de que seguramente nunca estuvo realmente dormida en transcurso de los acontecimientos.Finalmente me despedí, recordándole que según lo acordado, la estaría llamando el próximo jueves.

LA SEXI-ENFERMERA .-MERETRIZ-. CAP.V

Cumpliendo con mi compromiso, el jueves  llamé a Meretriz desde mi oficina. Pareció alegrarse mucho al escucharme e inmediatamente me contó que todo marchaba muy bien. Su amigo, el decorador, estaba dispuesto a colaborarle en todo lo que fuera posible, y más aún, ella podría actuar en nombre de su compañía e incluso recibir una importante comisión por el contrato de la decoración. Dijo también que se pondría un poco al tanto del tema y que en unos quince días estaría lista para actuar. Le dije que concretaría la cita para un sábado dentro de veinte días y que la llamaría nuevamente para confirmarle la hora. No hablamos más. Ella era muy prudente, y entendía que no podía extenderse en esta ni en otro tipo de conversaciones personales, estando yo en la oficina.

Ocho días después de que se diera la cita entre las dos mujeres, para lo del re-decorado del apartamento, llegué como de costumbre un poco bebido al establecimiento nocturno, sede de mi cómplice de aventuras. Me recibió un empleado informándome la ausencia del trío de mujeres que me habían acompañado en mis últimas visitas, porque estaban atendiendo un domicilio.

Me aseguró que llegarían más tarde, pero que entretanto podía acompañarme la quinceañera, a la que ya conocía, o una nueva adquisición del establecimiento: una voluptuosa “enfermera” que “curaba todos los males”. Lo pensé un momento; no se porqué motivo no quería involucrarme con la hermosa quinceañera, así que me decidí por la enfermera. El empleado me condujo al reservado y dijo que en segundos estaría conmigo la “profesional” con el resto del pedido.

Me quite la chaqueta y me tendí sobre la cama. No pasó mucho tiempo para que apareciera en la puerta una espectacular mujer de piel canela, toda de blanco vestida: Gorrito de enfermera, bata de enfermera muy corta  y un tanto transparente lo que permitía ver su sostén y cucos del mismo color, medias blancas con liguero, zapatos de tacón alto del mismo color y un maletín de mediano tamaño en una mano y en la otra una bandeja con el pedido.

- Hola Fernando. – Me habló con una voz que más parecía un susurro – Al fin tengo el placer de conocerte, me han hablado mucho de ti. Mi nombre es Mary.

- Hola Mary. – Respondí mirándola de arriba abajo. – Estás muy hermosa, así que el placer es mío. Sigue y ponte cómoda.

La chica se inclinó para colocar la bandeja sobre la mesita colocando frente a mi cara su espectacular trasero. Suspiré exageradamente y ella volteó el rostro para sonreírme mientras movía con gracia su voluptuoso cuerpo. Me preguntó que si quería que se desnudara de una vez, pero yo preferí que se quedara una rato más con su uniforme; se veía sensacional. Sirvió trago para los dos en varias ocasiones, conversamos de cualquier cosa. Prendió algunos “cigarros” que nos fumamos entre los dos y cuando quise decirle que era lo me gustaba hacer, me interrumpió diciendo que ya estaba bien enterada; así que se desnudó lentamente al ritmo de la música que había colocado. Tenía unos pechos sensacionales; grandes, redondos y firmes; no tenía talle muy largo y su vientre era firme y planito; sus armoniosas caderas hacían una curva casi perfecta desde su pequeña cintura hasta el empalme simétrico con sus piernas que eran largas y perfectamente torneadas. Ella terminó su danza y acto seguido me prendió un nuevo bazuco y se dedicó al sexo oral, asegurándome que si yo fumaba mientras ella lo hacía, el placer de los dos actos se multiplicaría. Y tenía razón, que sensación indescriptible la que se sentía al combinar esos dos elementos. Ahora si sabía como disfrutar plenamente el “cigarro”. De ahí en adelante cada que se prendía un “cigarro” hacíamos la combinación de placer que acababa de aprenderme.

La acaricié por todas partes, lamí por todo su cuerpo, le hice el sexo oral, le metí la punta de la lengua en el redondo orificio que trataba de ocultarse entre sus espectaculares nalgas, repetíamos lo que más nos gustaba de nuestros juegos, tomamos sin medida y nos decíamos palabras que eran agradables para nuestros oídos. De pronto se me ocurrió preguntar que traía en el maletín de enfermera:

- Medicinas… - Dijo dulcemente acercando el objeto apara enseñarme. – Un pequeño látigo de cuatro gajos para castigar a los que se portan mal, unas esposas para apresar a los malos, unos cucos amarillos para la buena suerte, un brasiere del mismo color con un poquito de relleno, una peluca de color rojo, una cachucha, lápiz de sombra para los ojos, delineador, labiales, maquillaje, un consolador, condones y… “yerbita” por si se ofrece. Eso es todo.

- Muy simpático. – Dije – Pero, ¿cual es el objetivo de cargar todo esto como parte de tu atuendo? ¿Lo utilizas?

- Algunas cosas como la línea de belleza y la “yerbita”, si: con alguna frecuencia. Lo demás casi nunca.

- Y entonces para que lo cargas. – Pregunté  fingiendo ingenuidad. –

- Es que algunos clientes les gusta “vestirse”; ponerse en el rol de mujer… de mujer perdida… de mujer engañadora... de mujer mala y… no, mentiras. No. No es precisamente para eso, aunque si se da algunas veces- Apuró un trago largo, hizo una pausa y tomando una actitud más seria continuó.- Mira, tú me has hecho sentir confianza, y si tu quieres me gustaría contarte algo muy íntimo… algo que llevo dentro desde hace ya unos añitos… ¿puedo?...

- Si tiene que ver con la utilización de tus utensilios, me parece supremamente interesante… -La bese en los labios y agregué – Adelante mujer soy todo oídos.

- Me haces sentir un poco mal tomándolo en broma…

- Discúlpame; no fue mi intención. Por favor continúa.

- Yo perdí mi virginidad a los catorce años con un noviecito mucho mayor que yo, y que resultó ser el hombre más ordinario y ruin que yo he conocido. Después de hacerme el amor, inmediatamente abrió la puerta para que entraran dos de sus amigos y los invito a que hicieran lo que quisieran conmigo. Como comprenderás esto creo un pequeño trauma en mí. Pero fue un trauma extraño porque a pesar de sentirme ultrajada por estos degenerados, también sentía satisfacción, porque de alguna manera había disfrutado sexualmente aquella triple violación. Desde ese entonces, algunas veces, sueño que hago el amor con un hombre; pero de pronto, en el sueño, el se convierte en mujer, y yo en hombre. Entonces trato de que el, que ahora es ella, sienta en carne propia lo mismo que yo sentí aquella vez, en un acto mezclado de placer y sadomasoquismo. Despierto sobresaltada, excitada y sudando copiosamente. Me toco esperando descubrir que soy hombre y al sentir mi húmeda vagina vuelvo a la realidad con un poco de decepción. Como se que esto es solo un sueño, lo he convertido en mi fantasía favorita y cargo estos atuendos esperando, tal vez, poder realizar mi pequeña fantasía algún día, así sea con estos artificios...

- No te entiendo muy bien del todo, pero no interesa. Ahora cuéntame del consolador; tiene correas para la cintura y para los muslos y es de doble punta; una pequeñita y una muy grande… ¿es como para lesbianas…? - Comenté aparentando inocencia. –

- No! no lo utilizo casi como lesbiana; salvo en algunos show de despedida de solteros; cuando los clientes lo solicitan. Ahora lo de las dos puntas…la grande, que tú dices, no es tan grande. Tendrá unos seis centímetro más que el tuyo y es un poquito más grueso, pero nada más. La pequeña, es porque como la mujer que lo utilice también necesitaría sentir placer, al colocárselo, la punta pequeña quedaría dentro de su vagina, suministrándole así el doble placer de penetrar y ser penetrada. Ahora si la persona que lo comparte resultara floja y cobarde, que se asusta con el lado grande, sencillamente se le da vuelta dejando para ella el lado pequeñito, privándola del enorme placer que se le estaba brindando en un principio.

- Hablas como… con sadismo…

- Con sadismo no. Con realismo. Simplemente digo sin tapujos, lo que siento que me llama la atención. Otras personas, tapadas, tal vez gusten de cosas más escabrosas y tremendas, pero jamás las consiguen porque no las manifiestan… Tu, por ejemplo, estas entre los tapados o entre los realistas.

- Yo me considero entre los realistas. Solo que, lo que no me gusta, sencillamente no lo acepto. – Le respondí con firmeza. –

- ¿Te gusta experimentar cosas nuevas? o eres más bien cobarde ante lo desconocido.

- Me considero muy osado para las cosas nuevas, sobre todo si se trata de mujeres. No creo ser cobarde. – Yo respondía a las preguntas de Mary, casi sin reflexionar. Me parecía que la conversación iba tornándose cada vez más interesante y atrevida y esto me estaba excitando, como todo lo de aquella chica. –

- ¿Quieres que nos fumemos otro? – Me pregunto al notar la erección que yo presentaba de nuevo. –

- De acuerdo. – Dije y ella procedió a darme aquel placer de doble partida. –

- Eres muy especial, mucho mejor de lo que me habían comentado. – Dijo Mary retomando la conversación.- Me decías que no eres cobarde, pero yo me pregunto que tanto. Por ejemplo: hasta donde serías capaz de llegar por complacer una mujer que te guste.

- Yo podría llegar muy lejos, siempre y cuando mi actitud no vaya contra ciertos principios que puedan afectar a cualquiera de los dos.

- Ese muy lejos… suena un poco irreal y condicionado. Seamos más concretos: Si estuviera en tus manos complacer los caprichos, grandes o pequeños, de “esa mujer que te gusta” ¿lo harías sin miramientos? – En la medida que la chica hablaba se le notaba más firmeza en sus comentarios y preguntas. –

- Naturalmente. - Dije. – Estando en mis manos la complacería en todo.

- Si se tratara de fantasias sexuales... ¿también la complacerias? ¿Le ayudarías a realizar su fantasías?

- Ufff! En eso no tengo la menor duda: Nada más agradable que complacer las fantasias sexuales de una mujer. - Le contesté sin dudarlo.-

- Cuéntame, si por ejemplo fuera yo la mujer te gusta y te pidiera que me complacieras en un caprichito, que me acompañaras en una fantasía, así te involucrara directamente, ¿llegarías a “ese muy lejos” del que hablas? y en caso de que yo no te gustara lo suficiente, ¿simplemente me dirías que lo olvidara y pondrías fin a la conversación?

- Si… creo que esa sería la forma correcta de actuar.

- Y… ahora ponte la mano en corazón y dime: - Mary tomó mis manos y las apretó contra mi pecho y pregustó.- ¿Yo... te gusto un poco?

- Un poco, no: muchísimo. – Le contesté estampándole un sonoro beso en sus rojos y provocativos labios. –

- ¿Tanto como para complacerme un caprichito?

- Dime: de que se trata. – Al contestarle me di cuenta que la inteligente chica había logrado enredarme astutamente. Pero no me importó y seguí el juego.-

- Mira; solo quiero que me colabores a realizar mi fantasía. Así sea solo en una partecita… Llegamos solo hasta donde tú quieras. Dime que estás dispuesto a complacerme un poco y que deseas llenarme y llenarte de placer.

- De acuerdo, sí, te complaceré hasta donde yo pueda. Empieza a hablar de que se trata. – Le dije muerto de curiosidad por comprobar lo que pretendía. –

- Primero voy a avisar que nadie nos debe interrumpir, para que todo salga bien, y luego como en mi sueño, te voy a transformar en una mujer. En una hermosa mujer. ¿Listo?

Inmediatamente se puso mi camisa y salió. Al regresar, alcanzó su maletín, tirando todo su contenido en el sofá. Tomo la peluca roja y la colocó cuidadosamente en mi cabeza. Luego me pinto los ojos, me hecho sombra, delineador, me maquilló con base y con rubor, me pintó los labios de un rojo encendido, me colocó el sostén de rellenos y finalmente doblando mi pene hacia atrás por entre mis piernas, me colocó los cucos amarillos. Me hizo parar y dar una vuelta en torno a mi mismo, y apretando los dientes los dientes murmuró: - “Quedaste perfecta: como toda una princesa.” –

Luego vino su transformación que fue más sencilla: Se tomo su hermoso y negro cabello semi-ondulado, haciéndose una especie de moña que luego oculto bajo la gorra de cuero negro. Se colocó su consolador apretando muy bien todas sus correas, se dejó puesta mi camisa y se exhibió ante mi con los brazos en jarras sobre la cintura, mirandome fijamente.

- ¿Eso era todo? – Pregunte fingiendo ingenuidad. –

- No... Hay algo más, pero si quieres parar aquí, esta bien… Creo que ya has hecho suficiente por complacerme.

- Tranquila, no te pongas tan susceptible. Continuaremos hasta donde termine tu fantasía.

- ¿De verdad hasta donde termine? No te imaginas lo emocionada que estoy. Pero antes de empezar con la segunda parte, quiero que te mires en espejo y me digas si no estás preciosa. Luego vamos a fumarnos esta “yerbita”, por que a partir de este momento, tú eres “una vieja marihuanera”, traicionera y pervertida.

Sin esperar mí opinión tomo el cachito de “yerbita” y lo encendió chupándolo en repetidas ocasiones. Luego me lo pasó para que hiciera lo mismo y así nos turnamos hasta terminarlo.

En un principio no sentí nada especial, pese a que era la primera vez que fumaba de esto. Solo la veía reír, pero de un momento a otro, empecé a ver que su piel se tornaba color dorado, como metálica, la veía muy sexy y atractiva, luego empezó a crecer y crecer hasta alcanzar una estatura como de tres metros y la veía aún más atractiva, pero cuando baje mi vista hacia su sexo, me descontrolé al ver el descomunal tamaño de su pene artificial y cerré los ojos regresando a la realidad casi de inmediato. Ella ya no ría. Entonces me tiró de espaldas sobre la cama y tratando de imitar una vos de hombre, inició un monólogo similar a este:

- Mi amor, estas muy hermosa; prepárate te voy a hacer tan feliz como jamás lo imaginaste. Pero primero voy a sellar tus labios porque no quiero que digas nada mientras yo te esté llenando de placer. – Me beso apasionadamente en la boca y luego descendió con sus labios por todo mi cuello hasta llegar al pecho. – Déjame que te desnude así lentamente, yo se que es tu primera vez pero te prometo que será tan maravillosa, que no la vas a poder olvidar jamás. – Me despojó del brasiere, metió una mano por detrás de mis nalgas y mientras acariciaba mis glúteos empezó a besarme las tetillas, luego las chupaba suave, duro, me las mordisqueaba me hacia sentir dolor y placer al mismo tiempo. – Te sientes bien ¿verdad? , disfrútalo amor mío que te lo mereces. En el siguiente placer que te voy a dar, seguramente sientas un poco de dolor al principio, pero pronto te acostumbrarás y lo disfrutarás intensamente. Es indispensable hacerlo, porque debo purificar tu cuerpo antes de hacerte enteramente mía; Espérame un segundo. - Dijo Mary mientras tomaba su látigo de la mesita.- Prepárate que vas a recibir un pequeño castigo como penitencia. – Me besó el vientre y empezó a darme pequeños latigazos sobre los muslos. - Ahora voltéate amor mío. - Me volteé y me dio látigo también en las nalgas, pero ahora con un poco más de violencia. - Ahora ven conmigo… siéntate aquí en el sofá y cierra los ojos mientras disfrutas del premio que te daré por haber sido purificada.-

Me senté en el sofá y tomándome por la peluca y me acercó violentamente hacia su artificial miembro obligándome a chupárselo durante largo tiempo mientras se retorcía, murmurando palabras que no alcancé a entender. Luego adoptando un rol de arrepentimiento empezó a consentirme y tratarme muy tiernamente. Me llevó nuevamente a la cama para acariciarme con dulzura. Yo le seguía el juego muy fielmente sin emitir palabra.

Voltéate mi amor, quiero ver que tanto daño te hice con los azotes… Ay te dejé marcadita, perdóname… levanta bien tu colita para sanarte con mi lengua…

Me bajó los panties que me había colocado y empezó a besarme y finalmente me metió la lengua en el ano repetidamente. En ese momento intuí que esta mujer me haría lo mismo que me hizo Martha hacia algunos días. Pero no me importó, pues aunque no lo recordaba muy bien, tal vez me había agradado aquella violación.

Mary me embadurnó de aceite lubricante, se coloco detrás de mí acariciándome las nalgas suavemente y presionando ocasionalmente sus dedos en mi ano. Una vez que pudo introducirme uno de sus dedos, lo retiró lentamente y también lentamente empezó a chocar su artificial pene con sutiles empujones contra mi orificio… lo penetró apenas un par de centímetros y lo retiró; luego arremetió de nuevo penetrándolo un poco más y así con tenues movimientos de vaivén fue penetrándolo más y más. Cuando, calculo yo, que lo había introducido hasta la mitad, alcanzo su látigo y empezó a castigarme fuertemente a la vez que murmuraba con ira y con los dientes apretados, cosas que nuevamente no podía entender claramente. Y así acariciándome y castigándome cada vez más fuerte, pasaron algunos segundos hasta que de pronto empujó con todas sus fuerzas el resto de consolador que aún tenía afuera, consumiéndomelo completamente: hasta el fondo. No supe si dolió o no, porque en medio del castigo, la excitación y el placer, no había lugar para el dolor, todo era un laberinto. Ella continuó “haciéndome el amor” cambiando de ritmo continuamente. Con la misma violencia que había tomado desde que pudo penetrarlo todo, pero de pronto lo sacaba completamente y volvía a penetrarlo con lentitud, muy lento hasta el fondo, haciendo que yo sintiera interminable esa agradable sensación en mis entrañas. Volvía y me castigaba y nuevamente arremetía con violencia. Así repetidamente durante algunos minutos. Cuando notó que yo ya estaba cerca al clímax, que ya no resistiría más, rápidamente me volteó, atrapó mi pene con sus labios y recibió toda mi eyaculación en su boca, succionándome hasta la última gota. Terminamos rendidos, sudando los dos. Se paró, trajo un par de tragos, encendió dos “cigarros” y nos los fumamos sin pronunciar palabra.

- ¿Listo? ¿Realizado tu sueño? ¿Aún piensas que soy un cobarde? - Le pregunte en broma, rompiendo el lapso de silencio que se había creado –

- No mi amor, eres un valiente y precioso hombre; además, yo nunca dije que fueras cobarde. Pero a propósito, perdóname porque nunca te pregunte que lado del aparato preferías… pero tu, al final, disfrutaste el lado que te tocó, porque como te dije; “no era tan grande” ¿Verdad? - Los dos reímos. –

- ¿Crees que quedo completamente materializada tu fantasía? ¿La disfrutaste? – Le pregunté casi sin darme cuenta.-

- Si: estuvo sensacional. Creo que tome muy a pecho el dramatizado, pero es que así lo sentí. Así quería hacerlo. Y tu como lo pasaste ¿lo disfrutaste realmente? o solo me seguiste la cuerda para complacer mis caprichos...

- Inicialmente solo quería complacerte, pero creo que terminé disfrutándolo tanto como tú.

- Mi amor… - Dijo y me dio un “beso de humo”- Quiero que lo esta noche quede solo entre los dos. Quiero que sea nuestro secreto. ¿me lo prometes?

- De acuerdo te lo prometo. Es más; lo voy a olvidar, lo voy a borrar de mi memoria.

- Tanto como olvidarlo... no mi amor, por que quien sabe… tal vez otro día nos volvamos a encontrar solos y seas tú quien me pida que vuelva a ser tu amante… y la próxima vez, como ya no eres virgen, estaré más sadica; te voy a colocar las esposas, te voy a tratar más duro y te voy a hacer algo muy terrible pero que seguramente te va a gustar mucho. Por que se nota que eres de esas personas que disfrutan con lo desconocido. - Mary rió mirándome con picardía, mientras recogía con cuidado todos sus utensilios para guardarlos en el maletín. –

Nos tomamos otros tragos, me limpió el maquillaje, mientras hablábamos y hacíamos tiempo hasta que llegara Meretriz. La jefe se apareció en la habitación como a las cuatro de la mañana y la “enfermera” se retiró dejándonos solos. Inicialmente con Meretriz sostuvimos una charla más bien protocolaria: Que como me había ido con la muchacha, que si la extrañe mucho, etc. etc. Solo entramos en la materia que nos interesaba cuando yo le pregunté:

- Como te acabo de ir en tu cita con Lascivia, que conclusiones vas sacando ¿que sigue ahora?

- Despacio, despacio que éste es un plan para llevar con mucha calma, para no echarlo a perder.– Anotó Meretriz. – Por ahora te cuento que conocí el apartamento y conocí a la mujer que te trasnocha, que por cierto está muy buena… - Agregó pasándose la lengua por los labios como saboreándose. -

- No me digas que te gustó como para

- Para lo que sea, esa mujer está muy pero muy buena. Además acuérdate que aparte de averiguar lo de los cuernos, también vamos sondearla para ver si tiene otro tipo de inclinaciones, puesto que nos quedó la dudita, por lo menos en una de sus citas, si se vio con un hombre o con una mujer…

- Bien, de acuerdo, pero cuéntame como se desarrolló el encuentro.

- Llegué muy puntual el sábado a las dos de la tarde, con un maletín y unos catálogos que me había facilitado mi amigo. Nos presentamos, me ofreció un tinto, y luego me mostró todo el apartamento, haciendo énfasis en las cosas que quería cambiar. Yo tomé nota de todo y le dije que la visitaría en una semana llevándole un boceto de las ideas que consideraba apropiadas para el caso. Ella se mostró de acuerdo con el plazo, aunque le prometí llamarla a su oficina para confirmar la nueva cita. Me llevo hasta la puerta, nos despedimos de cachete con cachete y listo. Eso fue todo.

- Perfecto. – Dije. – Y ahora que sigue.

- En la próxima cita, trataré de entrar un poco más en confianza con ella. Creo que no será difícil, puesto que se nota que es una mujer muy sociable y además ya me ha dado campo para hacerle un par de bromas subiditas de tono.

- Muy bien, ¿hay algo que yo deba hacer mientras tanto?

- No, aún no. Yo te informaré en el momento oportuno.- Meretriz de pronto se quedó mirándome detenidamente y exclamo: - ¡Oye! ¡oye!, como que te fue muy bien con la enfermera, porque te dejo las huellas de toda la "medicina" que te aplicó… ¿No?

Yo simplemente sonreí tímidamente y desvié la conversación. Después hablamos muy poco, yo estaba muy bebido y cansado, así que pronto me quede dormido.

EL MOTEL.- MERETRIZ.- CAP. VI

Unos días después, en vísperas de un festivo,  Meretriz me llamó a la oficina y muy rápidamente me informó, que quería encontrarse conmigo pero no en el negocio, sino que quería que fuéramos a un motel, para que tuviéramos un poco más de intimidad. Yo le acepté, nos encontramos a tempranas horas de la noche y me sugirió unas lujosas y muy privadas residencias que ella conocía. No lo pensé mucho y acepté su propuesta, tomamos un taxi, y en pocos minutos llegamos al mencionado sitio.

En efecto las residencias eran muy cómodas y muy privadas como ella lo había dicho. Cada apartamento era como una casa independiente que distaba de la siguiente unos cuantos metros. Tenían “jacuzzi”, sala con un gran sofá, dos poltronas y una mesita de centro elaborada en mármol, baño muy cómodo, bar, y una alcoba completamente alfombrada, paredes decoradas con hermosos y sugestivos cuadros, espejos biselados en el techo y una  enorme cama redonda.

-          ¿Te gusta? – Dijo colgándose de mi cuello muy contenta. –

-          Si. Me gusta. Se ve muy confortable…

-          Y eso no es nada comparado con lo bien que lo vamos a pasar aquí,  porque además te traje una cosita que es “solo para ti, solo para ti”. – Repitió mi acompañante como entonando una canción para niños, a la vez que palmoteaba el enorme bolso que había traído consigo. –


Nos besamos, servimos un par de tragos, nos desvestimos y pasamos al “jacuzzi” ya que según ella, primero deberíamos relajarnos muy bien. 

Estuvimos algo más de media hora en esa tina, donde nos propinamos todo tipo de estupendas y excitantes caricias y luego directamente a la cama. Me tendí de espaldas y ella, como ya era costumbre se subió a horcajadas sobre mí, pero esta vez no para hacer el amor, no; lo que hizo fue acercar los cigarrillos y el polvillo blanco y diciendo que yo era “su mesita nueva”, empezó a armar los cigarros sobre mi lampiño pecho. Una vez terminó de armar una suficiente cantidad, se bajo y los colocó ordenadamente sobre la mesita de noche. Luego tomó uno y alistó los fósforos, pero antes de prenderlo me dijo bromeando en tono recriminatorio:

-          Me contaron que te enseñaron una modalidad doble de disfrutar estos aparatos…

-          ¿Si? que más te contaron.

-          ¿Especial? Nada. Pero si alguien te dio "placer doble", yo te lo voy a dar triple. Se que te gustará.

Acercó su bolso y extrajo de el una caja de cartón envuelta en papel brillante. La abrió y saco de ella un enorme “pepino cohombro” de plástico, o algo así. Lo tomo en sus manos y tirando hacia los extremos, lo abrió quedando al descubierto un pene de látex de regular tamaño. Me embadurnó de aceite el trasero, prendió el “cigarro” me lo entregó y se deslizó lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mi sexo para empezar a hacerme el oral. Yo empecé a fumar y a disfrutar de lo que Mary me había enseñado y ella poco a poco levantó mis nalgas dejándome en posición para ser penetrado. Y allí quede “inaugurado” con la modalidad “triple placer”. Meretriz me penetró lentamente y luego adoptó un ritmo acompasado con sus manos y cabeza. De verdad estaba disfrutando mucho de esta nueva modalidad. Cuando Meretriz calculó que ya se había agotado el primer cigarro, se enderezó, pero sin sacarme el nuevo artificio, para encenderme otro y luego continuar su labor. Cuando se enderezó para prenderme el tercero, si me lo sacó. Luego de dejar el “cigarro” en mis labios continuó con el oral, pero parecía encontrar dificultad para penetrarme de nuevo. Yo levante un poco las caderas para facilitarle la acción y ella la inició lento muy lento y de pronto empujo parejo, pero sin violencia y empezó a moverlo de diferentes formas. Yo tal vez emití algún pequeño quejido, ya que me preguntó si me dolía. Le contesté que no, pero que sí lo sentía extraño. – Es que penetré el pepino con todo y cáscara. ¿Cómo lo sientes, te gusta más? ¿Prefieres el anterior? ¿Qué quieres amor?– No emití palabra pero ella seguramente al notar mi excitación y mis movimientos, entendió que debía seguir y fue haciendo mas sensuales y profundas las arremetidas manejadas por su sádica mano. Así estuvimos durante unos cinco “cigarros”. Luego se subió sobre mí, e hizo que la penetrara durante algunos momentos. Tomamos y fumamos  un poco más y luego se enderezó parándose en la cama directamente sobre mi cabeza, con las piernas abiertas y abriendo su vagina con los dedos, para mostrarme sus rosadas carnes dijo casi susurrando:

-          Si te gusta lo que ves, prepárate; porque vamos a jugar un juego que me acabo de inventar. Tú tienes que perseguirme por toda la habitación haciéndome el oral y en compensación durante el camino, si tienes suerte y lo haces bien, iras encontrando las otras cosas que te gustan: trago y humo. ¿Listo? ¡Preparémonos.

Inmediatamente se bajó de la cama tomó cierta cantidad de “cigarros”  y los fue colocando en sitios estratégicos sobre la muñida alfombra de la habitación. Tomó la botella de trago, dos copas y una caja de fósforos y se tendió de espalda en el piso, indicándome que ahora yo debía iniciar mi labor de sexo oral con ella. Me bajé de la cama y me dediqué a seguir sus indicaciones. Por la rigidez y tamaño de su puntudo y rosado clítoris, pude darme cuenta del gran estado de excitación en que se encontraba.

En la medida en que yo cumplía con mi labor, ella se iba deslizando siempre de espaldas, hacia atrás, por el piso, provocativa y lentamente. Al llegar al sitio donde había dejado cada aparatito armado, se detenía lo prendía, nos lo fumábamos y tomábamos un trago. Y así continuamos recorriendo la habitación y consumiendo “todo” lo que encontrábamos en el camino. Al consumir el último, ella se enderezó, me hizo voltear y poner la espalda contra el piso, se acomodó y se coloco en cuclillas directamente sobre mi cara. Solo entonces me di cuenta  que nuestros cuerpos estaban casi en su totalidad dentro del baño. – “Ahora quiero que me recibas un pequeño trago del más fino y delicioso “champán dorado” que hayas tomado en tu vida.”- Dijo, y sin más preámbulos empezó a soltar poquitos del dorado líquido de sus entrañas directamente sobre mi boca. Yo de un impulso, que no se como nació, me apreté contra su sexo tratando de succionar más, del exquisito licor de oro que ella me ofrecía.

Cuando volvimos a la cama hicimos el amor con el ímpetu y ansiedad de dos adolescentes, pero con la sabiduría y experiencia de dos adultos curtidos en las maravillosas y nunca  bien conocidas artes del sexo.

Servimos un nuevo trago y lo disfrutamos lentamente mientras recuperábamos fuerzas. Luego, mientras me propiciaba una serie de sensuales y dulces caricias y con voz de niña coqueta y consentida dijo:

-          Ahora si, dime sinceramente como te parece el lugar.

-          Me parece bonito… elegante… cómodo… tranquilo y muy especial.

-          ¿Especial? No “papi”. Especial es uno donde tengo que llevarte un día. Ese si es especial. – Meretriz reflexionó un momento y agregó con voz dubitativa. – Claro que ese no es muy adecuado para hacer el amor…

-          Como así que tienes un lugar más especial que este, pero no es adecuado para hacer el amor. No pensarás llevarme allí a comer paletas ¿no?

-          Mejor dicho si se puede hacer el amor, pero eso no es lo más recomendable ni lo más interesante…  En fin…  ya dañé la sorpresa que te quería dar algún día, así que te voy a contar de que se trata. Toma tu trago y prende uno de esos y te preparas porque sé, que lo te voy a decir, te va a encantar. – Me miró con malicia y sonrió apretando los labios mientras se disponía a preparar más “cigarros”. -

-           Se trata de lo siguiente… - Dijo colocando una vez más los insumos para el preparado sobre mi pecho.-  El lugar, que es de una buena amiga mía, es muy elegante y súper discreto. Siempre hay que hacer cita previa para asistir. Allí pueden ir, básicamente, mujeres solas,  y eventualmente también parejas. Todos encuentran lo que hayan solicitado en el momento de pedir su cita. Por ejemplo, una mujer puede llamar y solicitar que en su cita sea atendida por un hombre de tales o cuales características; edad color de piel, cuerpo aproximado etc. Mi amiga  siempre trata de complacer en  al máximo el pedido del solicitante. Por eso lo de la cita previa; se toman un tiempito para conseguir las personas adecuadas. Pero igual la mujer puede pedir otra mujer, una pareja, dos hombres… mejor dicho lo que quiera.

-          Pero si es un sitio para que vayan mujeres, ¿Por qué piensas en llevarme a mí?

-          Espera… no te me apresures. Como te decía el lugar es muy discreto: la entrada para las damas que hacen su cita, está camuflada por una boutique de ropa interior femenina. Allí entran, compran algo sexi para la ocasión, si así lo desean, se identifican con la clave que les dieron en la inscripción, e inmediatamente las hacen seguir por una puerta que las conduce directamente un cuarto con tocador, donde entre otras cosas encuentran una bata semitransparente y un antifaz que les cubre buena parte de la cara, para que no sean identificadas por los empleados ni por el acompañante de turno. Esto es básicamente porque la gran mayoría de las visitantes son de un alto nivel social y económico. Van mujeres maduras buscando “jovencitos y  a veces jovencitas”;  van casadas descuidadas sexualmente por los maridos; van otras que sus parejas no les dan la talla; otras que van hacer todo tipo de aberraciones pero que les da vergüenza hacerlo con sus maridos; (como puede ser una en la que estoy pensando) otras supremamente ardientes que van a satisfacerse; otras que les gusta este tipo de cosas; otras buscando aventuras; etc.

-          Aún no veo en que momento entro yo a este paseo… - La interrumpí para que me aclarara la indirecta que me hizo con lo de las “aberraciones” pero preferí callarme y no darme por aludido. –

-            Ya casi entras. La visitante entra luego a un cuarto iluminado con luces casi siempre de color rojo; muy bien decorado, con muchas cortinas y pequeños espejos biselados tanto en paredes como en el techo. Entre los soportes de los espejos, hay algunas pequeñas cámaras de circuito cerrado que operan desde diferentes ángulos. En otros lugares de la casa hay salas muy confortables con gran sofá y sillones, mesita y un bar muy completo, pero lo principal, es que en esa sala hay instaladas seis pantallas pequeñas que reproducen las imágenes del circuito y una pantalla gigante en donde se puede ir colocando la imagen que se prefiera de las pequeñas, mediante un aparatito de control remoto. Ahora si entras tú: puedes ir solo y pedir  una chica que te acompañe, (las hay muy lindas allí) o puedes ir acompañado. Yo te quiero llevar, pero solo cuando te tenga listo algo muy especial. Esa era una sorpresa que te tenía, pero ya dañe la mitad por ser "boquisuelta" .

-          Me estoy imaginando en este momento, - Le dije. – un montón de “viejas” sin ninguna gracia, que van allí para encontrar el placer que en ninguna otra parte encontrarían…

-          Realmente si van algunas de “esas” que tú dices, pero la gran mayoría son mujeres elegantes y atractivas que van por las razones que describí anteriormente. De hecho, yo te quiero llevar cuando asista una bien “buena”, de esas a las que sus parejas les dan todo el tiempo y el espacio y salen a buscar el placer del cual pueden estar disfrutando sus maridos  con sus amantes, en esos mismos momentos...  A una así, era que yo me refería cuando dije “una como la que estoy pensando”… O, ¿tú lo tomaste por otro lado?

-          Tal vez lo pasé por alto, ya que mientras tú hablabas, yo estaba tratando de imaginar el lugar.  Pero a que te referías exactamente con lo de tomarlo por otro lado…

-          Es que creí, de pronto, que de la forma como describí  la última a la que me referí, tal vez hubieses pensado en una como Pristina… Pero veo que no fue así. Mejor déjame contarte que en las pocas veces que he ido, he visto dos mujeres espectaculares en todo sentido. No te puedo hablar de sus caras, pero si de sus cuerpos y de sus aberraciones; sencillamente sensacionales. Vas a ver que no te digo mentiras el día en que podamos ir. Ya te avisaré oportunamente. Es un poco costoso, pero vale la pena: créemelo.      

Meretriz continuó salpicando el resto de la noche con algunos comentarios, respecto al sitio de su amiga, y cada vez que tenía oportunidad de alguna manera, incluía  en ellos la imagen de Pristina. Yo, procuraba hacerme el indiferente, pero ella sabía muy bien, que estaba logrando inquietarme con su conversación. Para terminar la noche de placer nos metimos una vez más a la tina y luego de un necesario descanso, salimos del lugar y la dejé en su residencia.

  

LESBIANAS.- MERETRIZ CAP. VII

CAPÍTULO VII

El mismo sábado en que Meretriz había tenido su segunda cita con Lascivia, llegue un poco antes de media noche al consabido sitio nocturno, para ponerme al corriente de los acontecimientos. Entré a la habitación esta vez acompañado de Martha y Mary, y a pesar de que me insistieron que llevara también a la quinceañera, no quise hacerlo, yo continuaba sin saber porqué la rechazaba siendo que me parecía tan hermosa. Pero en fin, inicié mi noche de placer con las dos elegidas, las cuales me proporcionaron el bienestar que les pedía incluida la nueva modalidad de “doble placer” que me había ensañado Mary. Sólo la doble, porque la triple si pareciera que sería de exclusividad con Meretriz, quien precisamente ahora entraba muy alegre y sonriente a la habitación.

Iniciamos una serie de conversaciones sin ningún fondo específico, pero dentro de las cuales estuve haciendo pequeños y disimulados sondeos, con el fin de saber si mis secretos, tanto el de la enfermera, como el triple placer, se encontraban a salvo, o si por el contrario ya serían la comidilla de todo el personal del establecimiento. Me pareció que todo estaba bien. Que los secretos continuaban siendo secretos.

-         Bueno muchachos, hoy si tengo un poquito más que contarles de mi cita de “operación cuernos”. -Dijo Meretriz colocando su escultural y trigueño cuerpo en posición flor de loto sobre la cama. Todos nos dispusimos expectantes a escucharla. – Cuando timbré en el apartamento, Lascivia se encontraba  en la ducha, desde adentro me gritó que siguiera que la puerta se estaba abierta. Entré y nos saludamos también a gritos riéndonos. Al momento salió envuelta en una pequeña bata de toalla blanca y secándose el cabello con una toalla pequeña. Nos saludamos ya más formalmente, de mejilla con mejilla, me ofreció disculpas por no haber estado lista, y me invitó a sentarme en el sofá al tiempo que ella lo hacia en el sillón que estaba frente a mí. Cruzó las piernas permitiendo que yo las viera en todo su esplendor, e inclusive creí ver por un instante el oscuro de su bien cuidado bello púbico. Le alcance la carpeta con los bocetos explicándole de que se trataba y ella la recibió observando todo con mucho interés. De pronto se puso de pié y ofreciendo disculpas por su desatención me ofreció un vino, mientras ella se servía un coñac, para el frío de la ducha según explico. Nuevamente se sentó y cruzó las piernas un poco más lentamente, pero esta vez a pesar de mi esfuerzo solo pude ver sus blancos y provocativos muslos. Discutimos y expusimos nuestros respectivos puntos de vista con respecto al decorado, luego hablamos de otros temas menos relevantes, bromeamos un poco, dimos un vistazo general a todo el apartamento aclarando algunos puntos que estaban un poco confusos y terminamos poniéndonos de acuerdo en todo lo relativo a mi trabajo de decoradora. Me comprometí a llevarle el diseño final junto con el presupuesto  en una o dos semanas y finalmente nos despedimos esta vez de besito físico en la mejilla y tomadas de las manos como novios adolescentes. ¿Cómo les pareció ha? Creo que todo va marchando al ritmo planeado. Me siento muy optimista creo que ya entró en confianza conmigo y que muy pronto estaremos obteniendo los resultados esperados. Ah, por ahora no hemos hablado nada de tí, pues se supone que yo no sé que existes. - Remato Meretriz dirigiendose a mi.- 

-         No estoy muy bien enterada de que se trata esto, pero de lo que sí pude darme cuenta es que la chica te interesa y mucho. –Dijo Mary dirigiéndose a su jefa. 

-         Después te lo explicaré en detalle. – Dijo Meretriz. – Por ahora te cuento que la “Operación Cuernos”, está encaminada a descubrir si la amante de Fernando, lo está "cornificando", o mejor, a buscar las pruebas del engaño, porque de acuerdo a lo narrado por él mismo, yo tendría dudas de eso. Además quiero conocer algo más de sus intimidades, y si de pronto le encontramos algunas inclinaciones hacia personas de su mismo sexo, yo estoy dispuesta a “sacrificarme” en beneficio de la causa para comprobarlo.


Todos reímos de buena gana e hicimos cantidad de bromas al respecto. Meretriz decidió hacernos una demostración de algunas cosas de lo que podría hacer con Lascivia en caso de que comprobara alguna inclinación hacia las mujeres, e inició un sensual  show de caricias lésbicas con Mary en tanto que la otra chica me acomodaba en el sofa para hacerme el oral, mientras yo en 

medio de una densa capa de humo, observaba a la pareja haciendo delicias en la cama. Una vez que todos logramos un al estado de excitación, una vez más, me dediqué a hacer el amor con Meretriz, solo que en esta ocasión lo hice frente a  las otras chicas, las cuales colaboraron con sus besos y caricias para hacer más agradable aquel evento sexual. El resto de la noche terminó como de costumbre: en medio caricias, licor, y vicio.

 

LA ESPOSA FIEL. - CAP. VIII

CAPITULO VIII

Tres semanas más tarde decidí ir por noticias de la "operación cuernos", ya Lascivia me había puesto al corriente de la última cita con Meretriz y por supuesto mi amante solo me habló lo concerniente a la decoración. Al llegar al establecimiento recibí tamaña sorpresa: El sitio estaba “sellado” por las autoridades. Mi primer impulso fue retirarme de allí inmediatamente, pero al dar la media vuelta, me encontré cara a cara con uno de los empleados de Meretriz, quien muy comedidamente me invito a seguir a un barcito que estaba ubicado aledaño al otro establecimiento. Entré y cerré un instante los ojos para acostumbrarlos a la oscuridad del lugar, el cual estaba tenuemente iluminado con algunas luces de neón, rojas y verdes, situadas  en la barra del bar y las paredes. Una vez pude ver con un poco más de claridad, observe rápidamente el panorama: una barra de sillas altas como para unos seis personas; el sitio era más bien pequeño, unas diez mesas de cuatro puestos, de las cuales estarían ocupadas tres, cada una con una pareja, y al fondo una mesa que era ocupada por dos mujeres, que ahora me hacían señales de que me acercara. Apagando un poco los ojos pude al fin reconocerlas: eran Martha y "la quinceañera". Me senté con ellas y rápidamente me pusieron al corriente de los acontecimientos, indicándome, además, que este bar era de los mismos propietarios del otro negocio, por lo cual no había que preocuparse por nada,  que su jefe estaba haciendo las diligencias para hacer retirar los sellos y que a ellas las habían dejado allí, por si algún cliente especial (como yo) llegaba, no fuera a creer que el negocio se había terminado. Para terminar, Martha me tomo por las manos, se acercó más a mí y bajando la voz me preguntó:

-         ¿Quieres estar más en privado?

-         Si, naturalmente. Aquí me siento muy incómodo. – Respondí al instante. –

-         Bien; entonces ven con nosotras. – Murmuró la mujer e inmediatamente, luego de echar una mirada a su alrededor, entre las dos me condujeron hacia el servicio sanitario de mujeres. –

-         Chicas, chicas ¿Qué están haciendo? – Les dije en  voz baja al leer la plaquita fijada sobre la puerta, que decía claramente: DAMAS. –

-         Tranquilo… Sigue, no te preocupes por nada. – Dijo la más joven tomándome por el brazo, y prácticamente empujándome hacia adentro. -

Una vez en el servicio sanitario, Martha sin pronunciar palabra se dirigió hacia un tocador de madera, lo retiró y abrió una puerta pequeñita camuflada detrás de éste y me hizo agachar para que pasara rápidamente. La puertecilla desembocaba a una habitación rectangular de unos seis metros de largo por tres de ancho. Frente a la pequeña puerta había un sofá antiguo muy grande, dos sillones del mismo estilo y una mesa de centro, a la izquierda una cama grande con sus mesitas de noche y a la derecha un servicio sanitario con ducha incluida. Había dos ventanas enrejadas que miraban hacia una especie de patio muy oscuro, y los postigos de las mismas estaban abiertos, permitiendo una correcta ventilación. La iluminación del extraño reservado, era proporcionada por tres candelabros; dos de tres velas sobre las pequeñas mesa ubicadas a lado y lado de la cama y uno de cinco velas ubicado sobre una alto mueble guardarropa que estaba al otro extremo.

Estaba nervioso, muy agitado. Nunca me había encontrado en una situación semejante a ésta donde me sentía como un prófugo, o algo parecido. Sin embargo a pesar del desconcierto que todo aquello me producía, no dejó de parecerme interesante y terminé por  aceptar la singular situación y pasar la noche allí, en compañía de Martha y la quinceañera, a la que tanto había evitado.

Muy pronto estuvimos desnudos y subidos en la cama, tomando y fumando, disfrutando de las caricias que Martha me proporcionaba y de las que yo proporcionaba a la chiquilla. (Andrea era su nombre). De pronto golpearon suavemente en la puerta y Martha se levantó para ver de quien se trataba. Entreabrió la pequeña puerta y conversó con alguien en vos baja: No sabía de que se podría tratar, pero me causó sobresalto. La chica regresó a la cama dejando la puerta sin ajustar y haciendo un gesto de desagrado me informó que se trataba del administrador que venía a solicitarnos un favor muy especial: en la puerta tenía un gran cliente que quería fumarse un “cigarro” especial, y como en aquel establecimiento en la única parte donde se podía hacer esto era en la habitación,  quería que por favor le permitiéramos hacerlo  allí; que él era muy prudente y discreto, que entraría se fumaría su "aparato" y saldría inmediatamente sin molestar para nada. Andrea arqueó las cejas y apretó los labios sin atreverse a comentar nada. Luego nos miramos los tres y lo aprobamos sin decir nada. Nos tapamos un poco con las sábanas y Martha anunció al cliente que ya podía seguir. El hombre entró, dio gracias, y se dirigió al baño a hacer lo que tenia que hacer. Una vez que terminó, salió apresuradamente de la habitación sin voltear a mirarnos. Martha se levanto nuevamente cerró bien la puerta y volvió a la cama a destaparnos haciéndonos juegos y bromas.

Continuamos con nuestra diversión cuando, como a la hora, nuevamente tocaron al a puerta. Esta vez se paró Andrea para atender y desde la puerta pregunto que si el señor podría entrar nuevamente. Suspiré hondo y con una seña le indique que le permitiera seguir. Esta vez no nos preocupamos por taparnos ni suspender nuestras actividades. El hombre entraría, haría lo suyo y luego saldría sin fijarse en nosotros. Así ocurrió y  cerramos una vez más la puerta tras él. Parecía que ésta iba a ser la constante de la noche, pues a la media hora, nuevamente volvió el hombre a prender su cigarro y, lo mismo de las ocasiones anteriores: el cliente iba a lo suyo, lo hacía y punto. Cuando Martha fue a cerrar de nuevo la puerta, le pedí que no la asegurara, con eso si el tipo regresaba, no habría que pararse a abrirle; que entrara hiciera lo suyo y listo. Y así aconteció, el tipo entro y salió dos o tres veces más sin mirarnos, ni molestarnos para nada.

Superado este pequeño inconveniente y ya con bastante licor y humo en la cabeza, las chicas empezaron a hacer propuestas más libidinosas para alegrar nuestra noche. La más reciente idea  era la de Martha: Dándose cuenta que yo estaba muy entusiasmado con  Andrea, propuso que me yo me dedicara a besar todo el cuerpo de la chiquilla, pero con las manos atadas en la espalda; mientras ella trataría de sorprenderme con placeres más intensos. Bromeamos un poco y terminamos aceptando la propuesta de la mujer de la piel canela. Nos tomamos un trago, fumamos otro “cigarro” y luego a seguir las instrucciones de Martha. Andrea se acostó de espaldas hacia la parte de arriba de la cama, cruzando sus piernas tímidamente, pero dejando ver muy sensualmente su casi lampiño y provocativo pubis. Se veía sensacional, inmediatamente me coloqué de rodillas frente a ella incliné mi cuerpo sobre la quinceañera y empecé a llenar su cuerpo con mis besos, hasta llegar al oral, en la única posición que permitían mis manos atadas. Pronto Martha empezó a acariciarme y masajearme principalmente la espalda y las nalgas con aceite, y luego me pasaba su consolador por espalda, nalgas, entre las piernas y de cien maneras más. Lo hacia como si se tratara de un ritual sublime y sagrado. Sabía como hacerlo. Pronto,  mientras yo me encontraba con la cara sumida en entre las rosadas carnes de Andrea, la perversa Martha empezaba a violarme con sutileza, y la excitación subía sin hacerse esperar, empezó a hacer los movimientos mas rápidos y profundos y luego con moderada violencia al penetrarme. Luego se detuvo lo sacó suavemente y luego de unos segundos arremetió de nuevos con furia, pero esta vez lo sentí suave muchísimo más suave. Esta vez no me pidió que esperara, solo retiró su aparato y me permitió eyacular tranquilamente sobre las piernas de la quinceañera. Terminamos por fin y me tire en la cama al lado del cuerpo de Andrea y tendiendo los brazos en cruz, solicité con un "urgencia" un trago y un “cigarro”.

Al poco rato Martha salió a conseguir más hielo. Yo volteé a mirar a Andrea quien descansaba sobre mi brazo izquierdo con los ojos fijos en techo. La noté un poco contrariada por lo que decidí preguntarle:

-         ¿Te pasa algo preciosa? te noto muy extraña.

-         Es que Martha se aprovecha mucho cuando estás muy tomado. No me gusta lo que hace contigo.  – Contesto sin mirarme. –

-         ¿Por qué? Ella lo hace con mi aprobación.

-         ¿Todo? – Pregunto mirándome fijamente a los ojos. –

-         A que te refieres con “todo”.

-         ¿Tu te diste cuenta que el tipo de los “cigarros” entró cuando estábamos en el último “jueguito”?

-          Tal vez si… - Le contesté dudando. –

-         ¿Y lo sentiste salir luego?

-         No se… en ese momento yo estaba metido en mi cuento. ¿Pero a que viene todo esto? - Le pregunte ya un poco molesto e intrigado. –

-         Mira, - dijo acariciándome el pecho. – no se si lo habrás notado, pero tu me estás gustando mucho; creo que estoy sintiendo algo muy especial por ti, y como no quiero que pienses que las cosas  que yo te diga son  únicamente para que fijes tu atención en mí, únicamente te voy a dejar esta pequeña conversación como inquietud, para que lo pienses y lo analices  con un poco más de profundidad…

La conversación de la chica se vio interrumpida por la presencia de la otra mujer quien ya regresaba con el hielo. Me sirvió un trago bastante largo y con mucho hielo, se sentó en la orilla de la cama y luego de un profundo suspiro se dirigió a mi: 

  •  Creo que después de la actividad anterior deberíamos relajarnos un poco y conversar ¿no lo crees asi?
  • Me parece muy bien; entonces coloca un tema; de que te gustaría hablar?
  • No lo se... Como hoy no encontraste a Meretriz, me imagino que regresaras muy pronto ¿verdad?
  • No; no lo creo, en quince días tengo un evento en una ciudad de la costa y me tomaré todo ese fin de semana...
  • Ya... o sea que le darás otro fin de semana libre a tu esposa...
  • Si; así es. Pero como ya lo he dicho en otras ocasiones, no tengo nada por lo cual me deba preocupar.
  • Me gusta que hables con tanta seguridad; pero en tu esposa, ¿jamás has encontrado ni un solo detallito que te haya inquietado? No hablo de detalles tan evidentes como los de Lascivia, pero algo... alguna cosita...
  • No; nunca... - hice una pequeña pausa como queriéndome asegurar de que lo que decía era cierto. - Mi esposa es una dama, una dama muy fiel...
  • ¿Una dama muy fiel? o una dama muy inteligente... - Dijo Martha con una voz burlona y una mirada preñada de picardía.-
  • Mira! - le respondí con firmeza - Yo se que ustedes se han empeñado en hacerme dudar de la fidelidad de Pristina, inclusive la noche que les conté del éxito de la operación "sexo oral", las bromas que me hicieron con respecto  a su vecina y el marido de su vecina, iban encaminadas a sembrarme dudas al respecto. Pero para demostrarte mi seguridad, te dejaré una vez más que hables lo que quieras y que preguntes lo que desees; te responderé con la verdad. Así que adelante: interrógame!
  • Nooo... no es un interrogatorio; son solo unos comentarios sin mala intención... como un tema de conversación. Por ejemplo cuando dije que Pristina podría ser una dama muy inteligente, lo dije comparándola con tu amante, la que si me parece que obra con mucha torpeza, dejando sueltos muchos detalles que dejan pensar mucho de ella...
  • Tienes razón en parte. En lo de Lascivia; pero es que Pristina no tiene nada de que cuidarse.
  • Es cierto; y es admirable la confianza que tienes en ella;  pero yo considero que deberías afianzar aún más la credibilidad que depositas en ella.
  • No te entiendo muy muy bien: primero me insinúas que ella podría ser infiel, y ahora me dices que debería creer más ella...
  • Tal vez no me expliqué bien: lo que pretendo decir, es que si abrieras bien los ojos y los oídos tratando de encontrar algún indicio de una posible aventura de tu mujer, y si  no lo encuentras, esto afincaría tu credibilidad y evitarías que te suceda algo como lo que te ocurre con Lascivia; que por no tener en cuenta algunos pequeños detalles y aclararlos en forma oportuna, permitiste que ella se sintiera más libre y abusara de tu confianza, Ppara que las cosas terminaran como están terminando: en una investigación engorrosa y delicada, que seguramente te va a traer muchas sorpresas desagradables.
  • Pero es que Pristina jamás me deja ver el menor indicio de algo que me siembre desconfianza...
  • Pero pudiera ser por lo que te digo; es una dama muy inteligente. Con todo el tiempo y espacio que tu le dejas libre, no tiene porque arriesgarse haciendo algo mientras tu estés cerca de ella. Simplemente utiliza bien tus ausencias. Por ejemplo; me dices que en unos dias tienes que viajar a un evento. Tu seguramente le dirás a donde irás, donde te alojarás y cuando regresas; ella en base a eso prepara su propio programa. ¿Que clase de programa? ¿Alguna vez le has preguntado que hace ella cuando se queda sola? Nunca ¿verdad? Entonces ella no tiene necesidad de inventar nada, no requiere una coartada. Simplemente hace lo que desea hacer, sin tener que explicarle a nadie y sabiendo que tú no te preocuparas ni si quiera por preguntar algo a cerca de sus actividades. Puede que se dedique a leer, a ir al cine, a jugar cartas con sus amigas, o a lo que quiera: Pero sea lo que sea que ella haga con su tiempo, bueno o malo, sabe bien que no tendrá que decirte absolutamente nada. ¿Que piensas de lo que te digo?
  • Pienso que estás muy bien aleccionada por Meretriz, para meterme cucarachas en la cabeza...
  • No! Jamás me he puesto de acuerdo con "mi jefa" para tener esta conversación contigo. Pero si me he dado cuenta de que gracias a lo que nos has contado de Lascivia, ahora tienes los ojos un poco más abiertos y los oídos más atentos. Ahora estás casi con la certeza de que ella te es infiel, pero igual esas mismas conversaciones hubieran podido llevarte a la conclusión de que ella te ha respetado todo el tiempo. Entonces porque no tener esta misma actitud de alerta con tu mujer, la cual según tu mismo dices. es muy hermosa, y puede ser tentada por el "diablo" y aceptar alguno de los devaneos de alguno de sus pretendientes, que los debe tener por decenas. Porque, dime algo; si ella es tan linda como dices y si no fuera tu esposa, si un día te la encontraras en uno de tus cocteles, ¿no tratarias de seducirla? Contestame solo eso.
  • Si! tienes razón; si no fuera mi esposa y me la encuentro en alguna parte, si tengo la oportunidad trataría de enamorarla...
  • Exacto! esa es una forma de empezar a abrir los ojos, entender que como tu mismo lo dices, somos humanos con virtudes y debilidades y prevenirse para evitar que puedan más las debilidades que las virtudes en un momento dado y que cuando te des cuenta de tu descuido ya sea demasiado tarde. No se trata de disminuir el tiempo libre que tu le das a ella, que a la postre interferiría con tu forma de vivir, sino de saber en que utliza ella el espacio que tu le dejas.
  • Huy!... estás hablando como una consejera sentimental...
  • Tal vez, pero es que no me gustaría que más adelante me cuentes, que te está pasando lo que ahora de te pasa con Lascivia...  Cuentame algo... por ejemplo en este viaje que tienes proyectado ¿si requieres estar ausente todo el fin de semana?
  • Bueno la verdad es que la reunón pendiente se dará el viernes a las dos de la tarde, seguramente se prolongará por unas tres o cuatro horas, luego nos tomaremos unos tragos hasta bien entrada la noche y al otro día me dedicaré a disfrutar de la playa y regresaré el domingo...
  • Me imaginaba algo así. Entonces porqué no, al terminar la reunión  viajas a tu casa el mismo día, calculando estar de vuelta a las ocho o nueve de la noche, para asegurarte de que todas las cosas marchan como tu sabes que deben estar marchando, y de paso para dar un campanazo de alerta a tu mujer y evitar así que ella tenga algún mal pensamiento en cualquier ausencia tuya.
  • En eso si estoy de acuerdo. - dijo timidamente Andrea quien no había participado para nada en la conversación. - 
  • Bueno, yo creo que ya escuché suficiente de ese asunto. - Les dije en forma concluyente, ya que de alguna forma ya estaba empezando a darle la razón a Martha. -
  • De acuerdo cambiémos de tema, pero no olvides lo que acabamos de hablar. Despues de todo me parece que resultó interensante...  - Aceptó Martha y se dispuso a preparar nuevos "cigarros". -

Tomamos, fumamos y hablamos algo más durante un rato y decidí retirarme con las primeras luces del nuevo día. Salí pensando en la conversación con Martha, pero más en la corta conversación con Andrea. Si, tal vez yo sí había notado que no le era indiferente a la chica, quizás por eso yo había tratado de evitarla en  otras ocasiones. No me gustaría involucrarme con una chiquilla y menos si la chiquilla  trabajaba en el oficio más viejo del mundo.

LA PERVERSIÓN. - MERETRIZ CAP. IX

CAPITULO IX

Una noche, luego de salir de una monótona conferencia de negocios, desprogramado y sin tomarme un solo trago, decidí ir donde Meretriz para que me pusiera al tanto de los adelantos de nuestro plan. Al llegar y observar que el establecimiento aún tenía problemas para su funcionamiento, traté de retirarme de allí en el mismo vehículo en que acababa de llegar, pero nuevamente apareció un solícito empleado que me tomó por el brazo muy gentilmente invitándome a entrar al establecimiento sustituto.

El sitio estaba casi lleno y en principio no vi a ninguna de las chicas que yo conocía. Me acerqué a la barra con la intención de tomarme un trago y salir rápidamente de allí, pero antes de que pudiese ordenar apareció Mary por mi espalda y poniendo un dedo sobre su boca, me tomó de la mano y me condujo de prisa al sombrío reservado que yo ya conocía.

Una vez allí me propinó un frenético y largo beso, para después decirme;

-         Mi amor, que pena haberte recibido como te recibí, pero si no me doy prisa, le hubieran dado este único reservado a un cliente que ya lo estaba solicitando. Pero ya estamos los dos aquí y créeme que estoy dichosa de volverte a ver

-         También a mi me encanta verte… ¿Ordenamos algo?

-         Si… pero como noto que hoy no has tomado nada… te quiero hacer una propuesta.

-         Bien, de que se trata.

-         Mi amor… -Dijo mientras me quitaba la corbata.- Como yo ya sé que tú eres un valiente y a los dos nos gusta hacer cosas nuevas y locas, quiero que hoy, por lo menos durante las primeras dos o tres horas, no tomemos ni un solo trago. Solo fumaremos “cigarros”. Nada más que “cigarros”. Muchos; todos los que tú quieras. La idea es saber que se siente hacerlo sin la ayuda del licor. ¿Aceptas mi reto?

La propuesta de la chica logró inquietarme. Muchas veces también pensé que si el deseo de consumo de aquellas sustancias obedecerían solamente al efecto del licor. Acepté el reto. La chica salió, según sus propias palabras, a traer suficiente vicio para toda la noche y algo más,  por una botella de whisky, una de coñac  y mucha agua, porque pensaba que nos iba a dar mucha sed.

Aún sin desnudarnos completamente, muy ansiosos, los dos empezamos a “armar” los dos primeros y nos los fumamos en silencio. Disfrutándolos cien por ciento. Luego armamos los siguientes y antes de encenderlos ella procedió a desnudarme completamente. Ella se quedó solo con sus pantis y se colocó mi camisa sin abrocharla, dejándome ver con mucha coquetería sus  sensacionales pechos. Se recostó en la cama cerca a mí, pero no sin antes colocar entre los dos una bandeja con cigarrillos, fósforos y polvillo blanco en abundancia. Mientras nos fumábamos el segundo, decidimos armar una buena cantidad, para retirar la bandeja y poder acariciarnos mientras disfrutábamos del vicio. También preparó unos maduros que fumaríamos oportunamente y dos papeletas de marihuana que fumaríamos tan pronto retiráramos la bandeja.

Así ocurrió; pero esta vez, lo haríamos diferente. Ella chuparía el cigarrillo de marihuana y sin aspirarlo me daría el humo en la boca. Yo, procedería de igual manera con ella y así hasta terminarlo. Fue muy agradable. Aunque esta vez solo me  sentí flotar en el aíre abrazado a ella.

Luego un nuevo “cigarro” y otro… y otro… a veces acompañado con el sexo oral que me Mary me hacía de sin igual manera, y a veces solo concentrados en el humo. Un maduro… mas bazuco… mas sexo oral… y así transcurrieron cerca de tres horas. Creía no sentir nada especial, pero sentía mi lengua pesada. Además me sentía como el dueño del mundo y el tipo más afortunado con las mujeres… el más complaciente… el más complacido. Por su parte Mary parecía estar en otro planeta. En ocasiones se colocaba en posición flor de loto y aspiraba su cigarro mirando hacia el techo, de una forma tan concentrada, que causaba envidia.  En un momento de lucidez de los dos, Mary decidió que ahora ya podíamos tomar un trago. Me alcanzó medio vaso de Whisky y un vaso con agua y hielo. Ella se sirvió una gran copa de coñac luego de apurar un gran vaso de agua. Se sentó a mi lado y por primera vez en toda la noche iniciamos una conversación con algo de coherencia cuando me beso tiernamente y dijo:

-         Mi amor… promete que las cosas que hicimos el otro día, jamás la repetirás con nadie.

-         Te lo prometo. Es más creo que nadie el poder suficiente como para convencerme de hacerlo. Así que no te preocupes. Lo nuestro es solo nuestro.

-         Pero… ¿Te gusto lo hicimos?

-         Si. Claro que me gusto y muchísimo.

-         Ese es precisamente mi temor. Tú eres un tipo sin problemas cuando de placer se trata y si algo te gusta simplemente lo haces. Lo que hicimos los dos te gustó, y si un día no me encuentras a mi y deseas hacerlo, sencillamente lo haces con quien sea… Martha… Meretriz… La sardina…etc.

-         No preciosa no lo haría, porque tal vez el mayor encanto que tienen tus locuras, es eso que son tuyas y que las compartes y disfrutas conmigo. Con otras, haría…no se…  cosas diferentes; No las nuestras.

-         Mi amor… y todo lo que hicimos esa noche… ¿lo consideraste muy osado? ¿Muy fuerte?

-         Osado… tal vez. Pero en vez de fuerte, yo lo llamaría muy placentero.

-         Y si yo te lo pidiera… ¿volverías a hacerlo? ¿hoy mismo si fuera el caso?

-         Si. Definitivamente lo haría cada vez que tú quisieras. –En ese momento entendí que aquella mujer me tenía embrujado con sus aberraciones, pero no me importaba. Es más; me encantaba estar embrujado.-

-         Gracias… pero como te habrás podido dar cuenta, hoy no traje los implementos artificiales… nos tocaría hacerlo al natural…

-         No capto muy bien la idea, ¿quieres darme un poco de claridad?, por favor… -Le respondí sinceramente. En realidad no entendía muy bien lo que me decía, tal vez no por lo confuso de la propuesta, sino porque ya, después de tres horas de bazuco mas los tragos que ahora me estaba tomando, el ambiente empezaba a tornárseme confuso; no había suficiente claridad en mí.-

-           Mira mi amor, tal vez te suene un poco egoísta de mi parte lo que voy a decirte, pero, es que yo me he imaginado el grado tan increíble de excitación que lograría, al verte disfrutando de lo mismo de nuestra aventura anterior, pero sin que yo participe. Es decir yo viéndote nada más. Tu actuando para mí. ¿Lo harías?

-         No lo se preciosa… Es que así, ya no sería tan nuestro…

-         Yo creo que continuaría siendo solo nuestro. Por que tú no actuarías así para nadie más. Solo lo harías para mí. -Mary colocaba cierto grado de firmeza en sus palabras, pero sin perder por un instante su dulzura y coquetería.-

-         Eso lo entiendo perfectamente. A lo que me refiero, es que si llamamos a otra mujer para que interprete tu papel, ya no sería el secreto de los dos. Entre tres ya no hay secreto…

-         Es que no habría otra mujer…

-         Ahora si te entiendo menos…

-         Como te dije antes, como hoy no traje implementos, nos tacaría hacerlo al natural. Es decir que en cambio de que una mujer te penetre con un aparato de plástico, tú seas penetrado por un pene de verdad. ¿Te imaginas? Tu disfrutando de una penetración real y yo enloquecida por la excitación mirando el espectáculo creado  por ti, especialmente para mí. Solo para mí… - Aquí Mary cambió un poco su actitud, que hasta ese momento evidenciaba entusiasmo y excitación. Torció un tanto sus labios y en tono apesadumbrado terminó diciendo.- Pero… olvidémoslo. Pues aunque no se requiera de un pene artificial, de todas maneras falta el maletín. Se necesitaría la peluca, las pinturas, la ropita sexi, el látigo… y las esposas. Porque esta vez si te apresaría contra la baranda de la cama para darte un  mayor placer,  con más libertad por parte de la persona que te lo suministre.

-         ¿Eso significa que sin tu maletín, estamos condenados a no hacer nada? – Hice la pregunta solo por salir de esa propuesta que se me estaba tornando peligrosa. -    

-         No, mi amor. Nosotros somos muy creativos y seguramente que vamos a pasar una noche realmente increíble. Pero cuéntame de haberse dado todo, ¿me hubieses complacido con lo que te propuse?

-         ¿Y es que lo dudaste en algún momento? – Le respondí con una evasiva, pero esto dio pié para un contraataque de parte de ella. –

-         No. No lo dude nunca. Sé que eres un valiente y que eres capaz de hacer lo que sea por un poco de placer para los dos. Solo quería confirmarlo para darme valor y confianza poder proponerte lo que ahora tengo en mente.

-         Después de la anterior, cualquier otra propuesta que se te ocurra, se te hará fácil de hacer. Porque “esa”, tenía su venenito ¿Verdad?

-         Esta puede ser más venenosa todavía. Porque aunque es muy dulce, muy erótica  y muy excitante para mí, aún no se como sería para ti.

-         Me tienes en ascuas. De que se trata.

-         Es algo que jamás me han hecho, y estoy casi segura de que tú jamás lo has hecho con nadie.

-         Por favor… - Supliqué. Me tenía realmente intrigado. –

-         Te lo voy a decir en dos partes y sin más rodeos. Creo que cuando tú hagas la primera, si lo captas, no habrá necesidad de explicarte la segunda. ¿De acuerdo?

-         De acuerdo!  Primero tomemos un trago y fumemos un “cigarro” y continuamos con esto que empieza a ponerse muy interesante. –Le di un prolongado beso y luego se enderezó pera cumplir mi petición.-

 Tomamos un sorbo luego de hacer un pequeño brindis por lo que venia, y no alcanzamos a prender los cigarros cuando tocaron a la puerta. Como la primera noche en aquel establecimiento, era el Administrador para solicitar que permitiéramos que un cliente entrara a fumarse un bazuco. Accedimos, el hombre entró e hizo lo suyo y al salir dio las gracias, a las cuales respondió  Mary en tono coqueto:

-         Por nada… Cuando quieras…

-         Por que tanta amabilidad con ese “tío” – Le dije un tanto extrañado. –

-         Es que se me acaba de ocurrir, que así no tengamos mi maletín. Podríamos realizar la fantasía anterior. Mira; yo tengo sombras y pinturas en la cartera, te maquillo, te hago un peinado con flequillo, te pongo mi ropa interior y listo. En vez de látigo tenemos cinturón y en vez de esposas, medias para atarte. El tipo está tan drogado como nosotros y estoy segura que con un poco de coquetería y dos bazucos más, podré convencerlo de que haga lo que nosotros necesitamos. O sea; para hacer lo que ya tú habías decidido hacer para mí. ¿Qué opinas? - Mary hablaba nuevamente con mucho entusiasmo. –

-         Humm… No estoy muy seguro… por dos razones básicas: una, al tipo no lo conocemos y no sabemos si sea un tipo saludable; puede estar contagiado de algo...  y como yo, de hacerlo no le permitiría uso de preservativo, pues quiero sentir la “carne en mi carne”, me comprendes ¿verdad? Y dos, tampoco conocemos el tamaño de su “aparato reproductor”, y yo quiero que en mi primera y quizás única ocasión,  lo que penetre en mí, no sea muy inferior a aquello con lo que me violaste tú. - No se si lo que dije fue para salirme de aquel enredo en el cual Mary muy hábilmente me había metido, o si porque en realidad muy dentro de mi lo deseaba y quería que  así fuera. -

-         Mi amor…  - suplicó Mary. – Tal vez esta sea la oportunidad precisa para hacerlo. Aquí es más discreto hacerlo. Arriba donde Meretriz y las otras viven pendientes de ti, sería casi imposible hacerlo. Aquí el único sacrificio sería que sí utilicemos preservativo, porque en lo del contagio si tienes toda la razón, pero en lo otro… de pronto el tipo esta mejor dotado de lo que se pueda pensar y hasta nos puede sorprender con algo aún más sofisticado y de mejor porte que mi pobre aparato artificial…

-         Realmente ¿crees que alguien lo tenga más grande que tu aparatito? – Pregunte riendo para dar a entender que lo estaba tomando abroma. –

-         Claro que los hay. Es más los he visto aunque no los he probado. Para no ir tan lejos te cuento que arriba tenemos un cliente que lo tiene tan largo como mi aparato, pero mucho más grueso. (Yo no creo que le sirva ningún preservativo). Con decirte que ninguna de las muchachas a sido capaz de intentar siquiera dejarse penetrar, aunque el ofrece cualquier cantidad de dinero para eso. Cuando entramos con el, es solo masturbación y besitos en el glande. Porque en la boca tampoco cabe.  Pero no me embolates: Dime ¿lo harías con este?

-         Ya te dije cuales son mis razones.

-         Pero piensa que por tu capricho del no preservativo, podríamos estar perdiéndonos de algo mucho más placentero. Porque no te arriesgas… Uno nunca sabe…

-         Creo que no, por más tentaciones que tú me pongas.

-         O… es más bien, que realmente no te sientes capaz de complacerme en eso… por que si es así, simplemente lo olvidamos y ya!

-         No; no es así. Ya te dije que en cosas de sexo, por ti y para ti hago cualquier cosa. Además, la verdad es que esta nueva fantasía tuya me ha llamado mucho la atención.

-         ¿Entonces…? – Mary hizo una pausa sonrió, entorno los ojos y continuó. -  Mira vamos hacer una cosa: en una próxima vez que el tipo entre, si se le ocurre ir a orinar, yo me las arreglo para entrar con el. Allí lo observo muy bien y luego vengo y te comento. Si nos convence lo del tamaño, me visto, salgo y lo contacto en la seguridad de que lo voy convencer muy fácilmente y listo; a divertirnos. No: no digas nada ahora. Espérate hasta que sea el momento de tomar una decisión.

-         Si lo hiciera… también habría unas condiciones de parte mía. ¿Verdad?

-         Si; siempre y cuando esas condiciones no alteren lo principal, que es castigo, amarrada a la cama y penetración. Cuales serían las tuyas. – La chica estaba realmente entusiasmada. Entendía, tal vez,  que mi último comentario era un acuerdo tácito de los pasos a seguir en lo que se aproximaba. -

-         Mis condiciones serían que lo se haga es como yo quiera y hasta donde yo quiera.

-         A que te refieres. Dame un ejemplo.

-         Si yo hago el papel de una mujer ardiente e infiel, también se supone que soy morbosa y desinhibida; que  gusta del sexo con todas sus manifestaciones…

-         Haber si te entendí bien. Cuando hablas de mujer desinhibida y del sexo en todas sus manifestaciones, ¿Quieres decir con besos y caricias?

-         Si con todo lo que hace una mujer.

-         ¿Todo, todo? ¿Hasta sexo oral?

-         No lo sé: todo lo que me nazca hacer en ese momento. ¿No estás de acuerdo?

-         Es que me preocupo… una cosa es que me des gusto con una fantasía y otra muy distinta, que el asunto llegue a esos extremos.

-         Ahí, si te noto un poco egoísta. Quieres excitarte y sentir placer con lo que tú quieras, pero no piensas en lo que pueda sentir yo…  - Note aquí una magnifica oportunidad para salirme del lio, aunque ella me interrumpió sin dejarme finalizar la idea. -

-         Es que ahora no se trata de mí, sino de de ti. No puedo permitir que por un capricho mío, te vayas a convertir en homosexual así sea por solo una noche… es más… que tal te siga gustando y continúes haciéndolo…

-         No! No lo creo. Además ¿no crees que así te excitarías mucho más viéndome en ese plan?

-         La verdad… si! Si me excitaría… es más, de solo pensarlo ya estoy sintiéndome “mojada”…  Pero como ya dije, no se trata de mí, sino de ti…  Hagamos una cosa: esperemos sin más comentarios a ese respecto, para ver que nos depara la noche. Si esto está para ocurrir, sencillamente ocurre y ya. ¿listo?

-         De acuerdo. – Respondí convencido de haber ganado esta partida. Definitivamente me había salido de aquel lio. Tome un trago largo mientras ella encendía nuevos “cigarros”.-

-         Mientras… - Ahora Mary hablaba más bajo. – Por que no volvemos al tema que tratábamos antes de que el tipo ese apareciera.

-          Me parece sensacional! ¿En que íbamos?

-         Déjame pensar…  Ha sí! Te decía en mi fantasía, si captas bien la primera parte, no tendría necesidad de decirte la segunda. ¿Recuerdas?

-         Si, ahora lo recuerdo. Entonces explícame la primera.

-         Primero déjame acariciarte todo. Te quiero tan excitado como nunca. Prende un “cigarro” nuevo… completo, que quiero darte el doble placer que tanto te gusta… mientras tú fumas y disfrutas, yo te voy hablando de mi fantasía… - Mary continuaba hablando y acariciándome con mucha sensualidad. -  Como te decía… nunca me lo han hecho y casi seguro de que jamás tu se has hecho a ninguna… la primera parte es que tú me debes masturbar un poquito con tus dedos… vamos hazlo ahora… -Obedecí. Metí mi mano entre los pantis que aún no se había quitado y empecé a acariciarla. – Hazlo suave… con amor… con pasión… un poco más y luego sacas tu mano, te miras los dedos… y si estás de acuerdo, te los chupas, y si lo haces, habrás comprendido todo y nos sumiremos en la mas increíble fantasía en que nos hayamos involucrado alguna vez… - Llevó suavemente mis dedos hasta mi boca.- este se convertirá en un ritual… - Continuaba hablando con cierto temblor en su sensual voz. -… un ritual que repetiremos todos los meses, porque te convertirás en mi vampiro de amor y lo disfrutaremos cada vez con más pasión y desenfreno. Baja lentamente por mi pecho… bésame… acaricia mis pezones… baja más... ahora mi vientre… bésame más; no te detengas… continua bajando hasta mi sexo… cierra los ojos y busca mi clítoris con tu lengua… acarícialo… ahora con tus labios… hazlo desespero… muy fuerte…dame mucho placer… disfrútalo tu también… baja un poco más… introdúceme la lengua bien…  hasta donde puedas… continúa… enloquéceme… sigue… sigue…

No se cuanto tiempo duraría este “ritual” como ella lo llamó. Por fin terminamos entre los gritos emocionados la muchacha, quien no había parado de gemir por un instante, y mi excitación y satisfacción de haberla complacido. Ella trato de limpiar mi rostro y mis manos con una toalla, pero yo se lo impedí, explicándole que prefería ir a la ducha.

Me duché muy bien y luego encendí un “cigarro” muy especial, que ella me había preparado para que me lo fumara yo solo en el baño, ya que según me dijo, algunas veces, hacerlo solo y concentrado únicamente en ese placer, el sabor y el efecto mejoraba sustancialmente. Al salir, Mary estaba despidiéndose, nuevamente muy coqueta, del hombre que muy seguramente ya se había fumado su “cigarro”. Me guiñó un ojo y me invito a que me sentara a su lado y  dijo:  

-         Mi amor, ya investigué lo queríamos saber: El hombre no está nada mal.

-         Y como lo hiciste…

-         El hombre entró a la habitación casi en el mismo momento en que tú entraste a la ducha. Así que como yo sabía que tu te demorarías un poco, hasta que te fumaras lo tuyo, le pedí que me regalara uno de sus “cigarros” y me senté en el sofá a fumar con el. El hombre no se resistió ante mi coqueteo, y se atrevió, aunque muy tímidamente, a acariciarme el pecho. Yo le respondí acariciando un poquito su pene por encima del pantalón, el trato de besarme el cuello, pero yo se lo impedí echando su espalda hacia atrás y así, se quedo quietecito. Yo aproveché para abrir delicada y sensualmente su bragueta, para mirar bien lo que tenía. Y ¡Ho! Sorpresa. Su miembro puede ser un poquito más largo que el tuyo, (lo cual ya es mucho decir, porque sobra recalcar que tú estás muy bien)  y es… más gruesito. Bastante más gruesito me atrevería a decir. Se ve sanito; rosadito, suave y de cabeza grande y amoratada. Si es bastante cabezón... provocativo… - Esto último lo dijo apretando un poco los labios. Y continuó - Luego para no despertar sospechas, le subí la cremallera con dulzura y le dije que me gustaría estar con el, si es que tú te ibas pronto, o que quien sabe si… de pronto aunque  no salieras. Lo deje muy intrigado y por lo poco que hablamos, me suena que estaría dispuesto a cualquier cosa. Además está más “trabado” que nosotros. ¿Qué opinas?

-         Opino que eres una bandida que me esta faltando al respeto. – Reí.

-         No es ninguna falta de respeto, pues aunque fue sin tu permiso, lo hice en busca de encontrar nuestra nueva fantasía. ¿Lo hacemos con el?

-         No lo se… preferiría que no sea esta noche…

-         Pero porqué no. Ya habíamos dicho que si las cosas se daban, era por que así tenía que suceder. Además, mientras hablaba con el tipo, entendí que no podía ser egoísta contigo y que sí debería permitir que hagas todo lo que quieras hacer; besitos por todas partes, caricias de todas las medidas, masturbación, poses (las que tu quieras…  y las que yo sugiera), sexo oral… en este momento te imagino con ese “cabezón” en la boca y lamiéndolo y chupándolo como una colombina… y más; se me acaba de ocurrir que si quisieras, tú también lo podrías penetrar… mejor dicho, sobre la marcha inventaremos que más hacer… Dime que si estás dispuesto y salgo ya por el. ¿Si? Mira que…

Mary continuaba diciendo todas las cosas morbosas y excitables que se le ocurrían, en el afán de convencerme. Yo ahora fumaba un nuevo “cigarro” plácidamente mientras la escuchaba. La verdad que me gustaba todo lo que ella decía y estaba muy lúcido y consiente de todo. Parece que el experimento de “trabarse” sin tomar trago producía ese estado de conciencia, aunque lo que si notaba es que me había dejado casi sin voluntad y sin poder de raciocinio. Sin embargo sacando fuerzas de no se donde, me negué a hacer lo que ella pretendía diciendo.  

-         Mira preciosa: la que acabamos de hacer fue sublime y maravilloso y no me gustaría borrarlo con nada, ni nadie diferente a ti. Yo creo que lo otro se puede dejar para otro momento en que los dos estemos más sobrios. Por que no me puedes negar que en este momento estamos faltos de voluntad y podemos terminar haciendo algo de lo cual podemos arrepentirnos más adelante. Otro día cuando estemos en un estado más propicio, si tu quieres, me lo recuerdas y ahí si decidimos que hacer. Por ahora en este estado creo que estaríamos asumiendo un gran riesgo ¿no crees?

No bien había terminado mis palabras cuando el hombre de marras entró con mucha discreción y haciendo uso de toda su prudencia me invito a que cruzáramos algunas palabras en privado. Se dirigió al baño y yo le seguí también con mucha prudencia ya que no lo conocía y sabía como podría reaccionar ante una negativa. Entramos los dos, y antes de cruzar palabra, el hombre se dispuso a orinar, sacando sin recato de ninguna especie su cabezón y muy erecto pene, que era tal como lo había descrito Mary. El, tal vez me sorprendió observándoselo y sonrió con malicia. Allí concluí que la conversación que tuvieron con la chica, había sido mucho más de lo que ella me había contado. Finalmente el “invitado” me sugirió que pasáramos el resto de la noche en su compañía, que tenía bastante “vicio” y licor como para tres días y que además se encontraba muy solo en el establecimiento, pues aunque había chicas no había habitaciones. Le respondí que tal vez más tarde porque ahora teníamos algo pendiente con Mary. Que si era oportuna su compañía le avisaríamos luego.

Cuando salió, yo regrese a la cama y encontré la chica fumando su bazuco en medio de sollozos. Me pidió perdón por la forma inconsciente como se había portado. Que reconocía haber cometido una gran equivocación tratando de inducirme a algo en lo cual en algún momento ella tampoco estuvo de acuerdo. Que por favor olvidara completamente la imprudencia que había cometido y que entendiera que realmente el “vicio” la había dejado sin voluntad y la había puesto a hablar como una loquita. Que me prometía que por su parte ella jamás volvería a tocar ese tema.

Las horas siguientes las pasamos entre el trago y los “cigarros” (ahora con más prudencia) y finalmente me quedé dormido mientras ella me hacía el oral. El hombre, por lo menos mientras yo estuve despierto, no regreso con su propuesta.

Hacia las ocho de mañana salí del lugar con la cabeza aún dando vueltas y la lengua  pesada como una esponja con aceite.

 

LA VIRGEN. MERETRIZ . -CAP.X

Quince días después, ansioso por tener noticias del desarrollo de la “Operación Cuernos” llamé a Meretriz para informarle que la visitaría esa noche, asegurándome de que el establecimiento ya hubiera superado sus problemas con las autoridades. Ella me informó que no estaría presente en lugar para esta ocasión, pero que mi llamada había sido muy oportuna, ya que tenía para mí y de manera exclusiva, algo muy, muy especial. Al preguntarle que de que se trataba, me respondió únicamente que era una niña que jamás había “trabajado” y que yo sería el encargado de inaugurarla esa noche. Que si yo no iba lo haría otro y yo habría perdido la oportunidad de “estrenar la mercancía”.

La verdad es que yo ya me había programado para ir al “negocio” esa noche, y con la inquietud que me había sembrado Meretriz, no lo pensé mucho y llegué al sitio a eso de las diez de la noche sin haber tomado más que un whisky doble en la oficina antes de salir. Tan pronto el empleado me vio llegar, me invitó a seguir directamente al reservado, me tomó el pedido y me hizo saber que el pedido me lo llevaría Martha, quien me acompañaría hasta que llegara la niña nueva que me había prometido Meretriz., que la niña nueva  llegaba en cuestión de una hora; que ya la habían llamado. Que 

habían sido esas las instrucciones de su jefe, pero que si yo lo prefería, estaba en todo mi derecho de pedir las chicas que prefiriera ya que a esa hora aún estaban todas libres. Le dije que así estaba bien: que me mejor si yo decidía estar con alguien mas, se lo haría saber oportunamente. Pero le pedí que una vez que saliera Martha y entrara la “famosa niña nueva”,  no quisiera ser interrumpido por nadie. Esta advertencia la hice, porque sabiendo como eran Martha y Mary, lo más seguro sería que ellas quisieran entrar en cualquier momento y yo sentía que con la chica prometida debería estar solo, por lo menos hasta que la conociera mejor.

Efectivamente, al poco tiempo entró Martha con el pedido y me saludo de manera muy efusiva y simpática.

-         Mi amor, - Dijo. – Que alegría verte de nuevo. – Colocó la  bandeja en la mesita y se acercó para besarme. - ¿Deseas que me desnude?… Es que como solo te voy a acompañar un ratito, tal vez tú prefieras…

-         Como quieras tú, no te preocupes por eso.

-         Bueno, entonces los dos vamos a estar en “paños menores” sin desnudarnos completamente. Así le daremos una mejor impresión a la visita. ¿No crees? – Se rió graciosamente y se enderezó para servir unos tragos y preparar los consabidos “cigarros”. –

-         Cuéntame mi amor, como te acabó de ir en el viaje que tenías, ¿lo disfrutaste mucho? o, de pronto pensaste en lo que te dijimos la otra noche. – dijo Martha mirándome de reojo mientras encendía el primer “cigarro”. –

-         A que te refieres. – le contesté haciéndome el indiferente. –

-         Recuerdas que con la quinceañera te sugerimos que deberías regresar de uno de tus viajes en forma intempestiva?

-         Ah! Si lo recuerdo, y… lo hice.

-         ¿De verdad? Y que pasó. Seguro que esta vez no encontraste nada raro, o ¿Si?

-         Pues te cuento que me regresé el mismo día, tan pronto como se terminó la reunión. Llegué al apartamento a eso de las ocho y treinta de la noche.

-         ¿Y… ella, ¿estaba ahí?

-         Si, pero tenía una visita.

-         Quien era, ¿alguien conocido?

-         Era una dama a quien yo no conocía. Me la presentó, hablamos un poco y como a la media hora se marchó.

-         Y que estaban haciendo cuando tú llegaste. – Martha estaba interesada en saber todos los detalles, y yo estaba dispuesto a contarle todo. –

-         Estaban platicando y tomando un brandy, yo me serví un whisky, y las acompañé. La señora hablaba de un viaje que acababa de hacer. Básicamente hablaba de esos temas de las damas; de la moda, de los paisajes, de la arquitectura, etc.

-         Y después de que la amiga se fue, ¿tú le preguntaste algo más a tu esposa?

-         Sí, pero solo me confirmó lo que yo había detectado. Me dijo que a su amiga la conocía por lo menos hacía doce años, que actualmente su esposo se desempeñaba en un cargo diplomático y que como viajaban tanto hacía ya algún tiempo no se veían. Que iba a estar un par de meses en ciudad y que luego se irían a Europa.

-         Y a ti te pareció suficiente y no preguntaste más; me imagino.

-         Sí, no tenía porque poner en duda lo que mi esposa me había contado.

-         Bueno, por lo menos hiciste algo que te habías demorado en hacer. ¿Piensas repetir las llegadas intempestivas a tu casa?

-         Espera que ahí no termina la historia. Sírveme otro trago y avisa que no vayan a traer la otra niña hasta que nos les avisemos. Quiero contarte todo sin que nos interrumpan.

-         De acuerdo. – dijo alcanzándome el trago y disponiéndose a salir. – Ya regreso.

Martha regreso inmediatamente, prendió dos “cigarros”, se sentó junto a mi y sin disimular su enorme interés por mi relato, me conminó a continuar.

-         ¿En que íbamos?

-        Tú ya sabes como soy yo en cuanto a las mujeres bonitas, y la amiga de mi esposa estaba muy linda. Era alta, bien conformada, de cara bonita y más o menos de la edad de Pristina. La verdad es que me interesó, y por la forma en que me miró en un momento dado, creo que yo no le fui indiferente. Tenía que encontrar la manera de saber algo más de ella y a la semana siguiente, cualquier día, llegué temprano al apartamento y dialogue con mi esposa durante largo rato. En el momento oportuno, le pregunté por su amiga de una manera que pareciera un tema más de conversación. Sin embargo ella tal vez lo captó, y me preguntó que cual era el interés.

-         ¡Mierda! Y tú que le dijiste.

-         Le dije que simplemente me parecía haberla conocido con anterioridad.

-         Y… realmente, ¿la habías conocido?

-         Si, su cara no me era extraña, pero no lo sabía con exactitud. Pero fue una excelente salida, porque ella me lo confirmó: me dijo que tal vez si la había visto alguna vez, ya que ella había sido vecina nuestra durante algún tiempo. Al decirle que no la recordaba muy bien, Pristina me dijo, que ella era la misma vecina que algún día le había contado lo de las relaciones anales con su marido.

-         No puede ser! Y que más hablaron, cuéntame todo, que esto está muy interesante.

-         Naturalmente, cuando ella me dijo eso, lo primero que se me vino a la cabeza, fue todas las bromas y comentarios que tú y Lucy me hicieron cuando les conté el resultado de la operación sexo oral, ¿recuerdas?

-         Claro que lo recuerdo y también recuerdo que tenía más cosas para decir esa noche… bueno, pero y entonces que hiciste.

-         Entonces me las arreglé para inducirla a que me contara de que más habían hablado durante su visita. Nos servimos un trago y nos sentamos para hablar de su vecina. Me contó que habían hablado de muchas cosas, pero que de pronto se cruzó el tema del sexo y la vecina le preguntó que si nosotros finalmente habíamos ensayado lo sexo anal, y naturalmente Pristina le dijo que nunca lo habíamos hecho, ya que si bien lo habíamos practicado hacía muy poco, esto no se podía ir contando así de fácil, ya que era algo que pertenecía a nuestra intimidad.

-         Pero como lanzadita la vecina ¿no mi amor? Pero, ¿sabes que? Yo creo que Pristina si le contó que ya había ocurrido y hasta le dio detalles. Porque definitivamente esas dos mujeres si hablan mucho de sexo cada vez que se encuentran. Porque, date cuenta; las dos veces que tu mujer te ha contado algo de la vecina, ha sido con referencia al sexo. ¿No te parece extraño? Pero continúa por favor…

-         Después de que hablaron de eso, la vecina le contó que ahora su marido le había hecho una propuesta, que según ella es muy normal y popular en Europa; intercambio de parejas.

-         Increíble! Que vieja tan tenaz! Y me imagino que la vieja llegó a proponerle a Pristina que hicieran el intercambio con ustedes…

-         Eso mismo pero en otras palabras, fue lo que yo le dije a mi mujer. Ella naturalmente dijo que no, pero agregó bromeando “Y si me lo hubiera propuesto…”

-         Huy… ¿no será que tu mujer se está destapando?

-         No, no lo creo. De todas maneras esa conversación sirvió para que entráramos en calor y al llegar a la cama hicimos el amor mientras fantaseábamos con la conversación de la vecina. Especialmente con lo del intercambio de parejas.

-         ¿Y lo hicieron muy rico? O como de costumbre.

-          No; ésta vez fue bastante diferente. Tal vez la presencia de la vecina le recordó y despertó nuevamente su curiosidad por el  sexo anal, y no permitió que se lo hiciera de otra forma; únicamente por detrás, y como ya lo habias hecho, no hubo ninguna clase de dificultad. De todas maneras lo pasamos muy bien.

-         Vez que vale la pena hacer una pequeña labor de espionaje de vez en cuando? Oye, pero si en verdad alguna vez Pristina te dijera que su amiga quiere hacer el intercambio con ella, ¿tú lo aceptarías?

-         No se… Por estar con la vecina, si! Naturalmente, pero por otra parte…En fin no hablemos de eso, porque eso no va a ocurrir.

-         ¿No va a ocurrir? O te da miedo admitirlo… No sé conociéndote como te conozco, yo diría que si aceptarías el intercambio. - Martha continuó durante un buen rato haciendo todo tipo de especulaciones al respecto. Finalmente miró el reloj y en tono muy conforme expresó: - Pero mejor me voy ya, porque ya debió de llegar tu compañía de ésta noche… Bye. - Martha se despidió lanzándome un beso desde la puerta. -

Yo quede en la cama, tendido boca arriba y vistiendo únicamente los pantaloncillos, como me había dejado Martha. En el momento en que me disponía  a encender un “cigarro”, llamaron con toquecillos muy suaves. Ordené que siguieran y abriendo lentamente la puerta se asomó una mujer que mediría tal vez un metro con sesenta centímetros que tenía envuelto su cuerpo y su cabeza con una manta, dejando ver únicamente sus ojos que eran intensamente azules. Cerró la puerta tras de sí y se quedó allí parada sin pronunciar palabra. Entendí que aquella actitud debería ser la de cualquier “primeriza” y la invité a seguir con algunas palabras que le dieran un poco de confianza. Ella se acercó hasta el borde de la cama y aún sin emitir sonido alguno, dejo caer su manta, quedando frente a mí completamente desnuda.

Quedé sorprendido: aunque traté de verla como una mujer, esta damita no podía tener más de trece añitos. Prendí mi “cigarro” tratando de disimular mi sorpresa y al levantar los ojos no pude evitar el observarla detenidamente. Era delgada aunque bien torneada. Su piel trigueña… o más bien morena contrastaba en forma sobresaliente con el color de sus ojos… su cabello negro apenas caía sobre sus hombros… sus pechos redonditos pequeñitos pero bien hechos… su cintura no debía medir mas de cincuenta y cinco centímetros… sus caderas redonditas pero aún sin volumen… piernas largas y torneadas,  aunque como el resto de ella; delgadas. Giró en torno a si misma y permitió que viera su espalda que terminaba en una colita pequeña pero firme y bien paradita.

-         ¿Me regalas uno de esos? – Pregunto señalando lo que yo fumaba a la vez que se sentaba en la orilla del lecho. –

-         Sírvete lo que desees y si quieres algo más solo pídelo. – Le contesté mientras suspiraba profundamente. - 

-         Gracias… mi nombre es Silvia… - Dijo sirviendo una copa del vino que habían traído para ella y tomando el último “cigarro” que estaba “armado” para mí. –

-         Mira: - Le dije. – primero quiero que hagas una cosa…

-         Lo que sea: -  Me interrumpió. – ya estoy enterada de todo lo que te gusta hacer y todo lo que te gusta que te hagan. Además se supone que yo estoy aquí para complacerte en todo lo que se te ocurra.

-         De acuerdo; como ya sabes que aquí se hace lo que yo  quiera, entonces quiero que te cubras nuevamente con tu manta.

-         Que pasa, ¿no te gusto? ¿no soy de tu tipo?

-         Si me gustas, si eres de mi tipo y además eres muy hermosa. Pero por ahora quiero que te cubras y te sientes en el sillón, porque deseo conversar un poco contigo.

-          Como quieras… - Dijo obedeciendo mis instrucciones. –

-         Primero quiero que me digas de donde eres y porque te viniste a trabajar a este sitio. –Lo que yo estaba diciendo era coherente con mi pensamiento, ya que por fortuna aún estaba muy sobrio. –

-         Yo soy del Valle y una amiga que ya había trabajado aquí, fue la que me trajo.

-         Cuéntame un poco más en detalle: como ocurrieron los hechos y que pudo haber influido en tu decisión de venirte desde tan lejos.

-         Lo que pasa es que  a mí siempre me ha gustado la rumba y la diversión. Hace como seis meses probé la droga y me gustó y los amigos y amigas que estaban en la “rumba” conmigo me la suministraban en un  principio si problemas, pero poco a poco empezaron a ponerme condiciones que yo no quería cumplir, entonces me tocó empezar a conseguir dinero para comprarla. En mi casa se dieron cuenta de lo que yo estaba haciendo y me echaron.  Me fui a vivir a la casa de una amiga mucho mayor que yo y ella me contó que con frecuencia venia a Bogotá a trabajar durante temporadas en un negocio en el que ganaba bastante dinero y que por eso se daba el lujo de descansar de vez en cuando viviendo muy bien y haciendo lo que quería. Me dijo además que por el vicio no había que preocuparse, ya que los clientes le daban a una todo el que quisiera. Me entusiasmé le pedí que me  trajera y aquí estoy. Eso sería todo.

-         Pero ¿tú sabías que venias a trabajar a una casa de citas como prostituta?

-         Si. Si lo sabía y creo que eso era lo que siempre había querido.

-         Tu; en tu tierra ¿habías sido prostituta?

-         No. Nunca. Es más ¿me creerías si te digo que es mi primera vez…  que soy virgen?

-         Que edad tienes…

-         Ya casi cumplo diez y ocho ¿No los demuestro?- Ahora la niña hablaba con cierta seguridad, pero yo sabía muy bien que estaba mintiendo con lo de su edad.-

-         No, no te creo. Tú no puedes tener más de trece años y a esta edad, ¿estás segura de querer trabajar en esto? ¿No será que crees que por el vicio eres capaz de hacerlo?,  ¿sin pensar en lo que pase más adelante?

-         Si es cierto que me gusta el vicio, pero aunque nunca he tenido sexo completo, me gusta mucho. Por ejemplo contigo va a ser increíble, por lo que me han contando tú si sabes complacer a una mujer con toda la imaginación que tienes. Además como yo ya se todo lo que te gusta, te voy a complacer hasta en lo más mínimo. Y aunque sé que no acostumbras a penetrar a ninguna mujer en este negocio, estoy segura de que conmigo si lo harás, no solo por que yo quiero que seas tú el de mi primera vez, sino porque siendo como eres, no perderías esta oportunidad de estar con una mujer, que nunca ha estado con ningún otro hombre. ¿Alguna vez has estado con una mujer virgen? – Hecha esta última pregunta, la chica me miro muy insinuante y trato de enderezarse despojándose de la manta nuevamente. –

-         Quédate quietecita que aún no terminamos de hablar. O… no;  mejor sírveme un trago doble y prepárame un “cigarro” y luego te sientas tapadita como antes, y continuamos. ¿Ok?

-         Como tú digas…  - Dijo Silvia con la cabeza baja y se dispuso a preparar varios bazucos después de alcanzarme el trago. - … ¿Sabes?... estoy algo preocupada porque creo que hay algo que no estoy haciendo bien. Algo que no te gusta. Tengo entendido que otras veces, cuando estás con dos o tres mujeres, tu comportamiento es muy diferente al  que hoy tienes conmigo… Que puedo hacer para que te sientas mejor… ¿quieres que llamemos otras chicas? Pero sin que tenga que salir yo, naturalmente. Porque yo quiero estar contigo hoy, sea como sea.

-         Mejor pásame uno – Le dije señalando un “cigarro” que ya tenía armado. – y déjate de hablar bobadas. Yo vengo aquí a buscar compañía, y pago por eso. Lo que yo haga o deje de hacer con esa compañía, lo voy decidiendo con el correr de las horas. Así que te me quedas ahí muy tranquilita, que yo voy disfrutando de tu compañía a mi manera.

-         ¿Puedo ir al baño a fumarme este yo solita? ¿Si sabias que de vez en cuando es bueno fumarse uno así?,   ¿solito con los ojos cerrados?

-         Ve tranquila y disfrútalo. Mientras yo lo hago aquí, también “solito”… La chica se dirigió al baño dejando su manta en el sofá. Yo me quede observando su desnudo cuerpo, completo de espaldas, hasta que desapareció. Si. Era sexi y atractiva, pero definitivamente: una niña.

Cuando regresó, nuevamente la observe detenidamente, pero ahora de frente: Su pubis no tenía bello. Solo le alcanzaban a brillar unas pocas lanillas muy  claras y finas que nacían un poco mas abajo de su ombligo,  y que luego se perdían, formando un rombo en la sombra de su entre pierna. Ella notó complacida mi escrutadora mirada y sin embargo fue a sentarse en el sillón, cubriéndose con la manta, tal como yo se lo había pedido.

Estuvimos por espacio como de dos horas, tomando, fumando y conversando. Algunas veces ella trataba de seducirme, intentando así cumplir con su misión, el trabajo encomendado por Meretriz, pero yo, con mucha sutileza, la hacia desistir, diciéndole que por ahora me interesaba conocerla un poco más. 

Cuando me empecé a sentir ya un poco mareado, antes de perder el control, le di una buena cantidad de dinero que llevaba en efectivo, indicándole que esto era adicional al que yo cancelaría con la cuenta y que ella habría de recibir por haberme acompañado. Tratando de ser lo más consecuente posible, le pedí que pensara muy bien lo que decidiera hacer con su vida de aquí en adelante, ya que no sería justo que dejara su niñez en manos de un borracho vicioso cualquiera, en aquel lugar. Que no tenía que comentar con nadie que finalmente entre los dos no había pasado nada. Que esperaba de todo corazón no encontrarla ahí en mi próxima visita y deseándole mucha suerte la invité a retirarse de la habitación.

Una vez que quedé solo, llamé al empleado y le pedí que me mandara una chica bien especial pero que nunca me hubiese acompañado y que de una vez trajese lo que ella pensara consumir. Muy pronto entró una rubia de tez muy blanca de unos treinta y dos años, que vestía un pantalón de cuero rojo encendido muy ceñido, zapatos rojos muy altos y blusa de seda del mismo color. De estatura mediana aunque, por su vestimenta y tacones se veía muy alta. Sus senos medianos, cintura pequeña, su vientre se notaba firme, pero lo que me llamo la atención fueron sus caderas anchas y redondas… tal vez demasiado anchas para el resto de su cuerpo, pero se veía muy sexi y espectacular. ¡Me gustó!

 Me quito los pantaloncillos y procedió a desnudarse con coquetería. Tal vez por el color de su piel, al desnudarse se veía un poco flácida y sin gracia. Pero ella, tal vez consiente de este detalle, venía prevenida, como me lo mostro un poco más adelante. Me encendió un “cigarro”, me dio un beso, me acarició el pene y quedándose un momento sobre mí me dijo:

-         Mi nombre es Mónica… veo que este “cigarro” que te dejó la chica anterior no esta muy bueno… A ella le falta experiencia, pero no hay porque preocuparse; yo te voy armar los mejores que te hayas fumado. Solo que antes quiero que me hagas un favor.

-         Lo que quieras preciosa. - Le dije al instante. La verdad es que yo quería salir rápidamente del estado en que había quedado con la experiencia que acababa de tener.-

-         Primero vamos a cambiar estos bombillos por unos de color violeta… - lo hizo.- luego apagamos las luces y tú me vas a aplicar este aceite por todos los rincones de cuerpo, sin que falte un solo centímetro y luego te digo que sigue.

-         De acuerdo. -  Le respondí recibiéndole el frasco de aceite aromático.

Completamente en la oscuridad empecé  friccionar su cuerpo con mis manos. En realidad no había flacidez por ninguna parte de cuerpo. Sus pechos eran tan firmes como su estómago, como sus redondas caderas, como su trasero, sus piernas, su sexo, su espalda y hasta su cuello. En la medida en que hacia el recorrido con mis manos, le iba llenando de besos su tersa y perfumada piel. Disfruté muchísimo este masaje y lo prolongué hasta donde  pude controlar mi excitación.  Luego me empujó suavemente hacia la cama y encendió las pantallas con su nueva luz violeta. Aquella primera impresión insípida que me había causado por un momento el color de su piel, había quedado completamente disipada. Ahora, gracias al aceite en su piel y a los visos violetas de las lámparas, su cutis brillaba con diferentes tonalidades en claro-oscuro, que la hacían ver más firme, hermosa y seductora. 

Allí; parada frente a mí, mientras se meneaba como una bailarina exótica oriental, me preparaba un “cigarro”. Lo encendió, me lo pasó, me alcanzó mi vaso casi lleno, se metió un pase de “coca” ya que no consumía “cigarro”, sirvió un brandy, tomó un poco y luego se dedico a masajearme muy sensualmente todo el cuerpo con su aceite, haciendo especial énfasis en los genitales y zonas erógenas.

Luego, me llenó de besos y juntó su cuerpo contra el mío y empezamos a deslizarnos a lo largo y ancho de nuestras humanidades, en un juego resbaladizo lleno de lujuria que duró lo suficiente como para hacerme eyacular en su pecho.

Estuve con ella hasta el amanecer haciendo esto y todo lo que acostumbra hacer en mis otras visitas corrientes al lugar. Antes de salir pregunte por Meretriz, y me informaron que definitivamente no había llegado en toda la noche. Salí del lugar muy satisfecho. Había sido una noche diferente.

LASCIVIA.- MERETRIZ . -CAPÍTULO XI

Debí ausentarme de la ciudad por más de un mes, por razones de mi trabajo. Cuando regresé lo primero que programé fue una visita donde Meretriz ya que habían ocurrido por lo menos ya tres citas con Lascivia, sin que yo estuviera enterado de su desarrollo. Llegué como a las once de la noche al establecimiento de siempre, donde ya me esperaban las chicas, pues les había anunciado mi visita telefónicamente.

Nos encerramos en la habitación, esta vez con Meretriz, Martha y Mary, ya que según me habían informado Lucy se había retirado de allí. Nos pusimos cómodos y atentos para escuchar a nuestra “decoradora” que seguramente tendría muchísimas cosas que contar.

-         Bueno muchachos; prepárense para escuchar sin interrumpirme, por que hay mucho que contar, pero quiero acabar pronto para después celebrar en grande los adelantos realizados. – Empezó diciendo  Meretriz con mucho entusiasmo. - Resulta que en la primera de éstas visitas, adelanté lo suficiente en nuestro plan, porque después de hablar de la decoración y conseguir que ella la aprobara, e incluso me diera un anticipo para cerrar el trato, me comento que estaba un poco tensionada por el trabajo de esos días  y me sugirió que la acompañara a un gimnasio para que le dieran un masaje. Yo le respondí que no sería necesario, si ella lo permitía, yo podría hacerlo, ahí, en su apartamento, sin necesidad de salir a ningún lado, ya que yo era una experta y graduada masajista. En un principio trató de negarse argumentado que no debería molestarme con eso, pero termino aceptando de buen grado ante una pequeña insistencia mía. Así que sin más preámbulos, la mande a que se diera una ducha de agua tibia, mientras yo me preparaba con algunos aceites y cremas que ella tenía en su tocador. Pronto salió con su pequeña bata blanca, se aflojo el cordón de la misma y se tendió boca abajo sobre la cama. Yo me subí de rodillas y le bajé la prenda hasta la altura de cintura, le pedí que se relajara, embadurné mis manos de aceite y empecé a dar un suave masaje del cuello hacia los hombros. “Uff” que piel tan suave y tersa la de tú amante. – se dirigió a mi entrecerrando los ojos, y continuó – Debí hacer un esfuerzo y controlarme para no inclinarme y besar aquella hermosa espalda desnuda. Continué con el masaje, pero tratando de hacerlo cada vez más sensual y excitante. Baje un poco más su batita dejando ante mis ojos sus blancas y redondas nalgas. Al masajear sus firmes hablando glúteos, Lascivia  dejo escapar un pequeño quejido de satisfacción y entonces me di cuenta  que el momento era muy oportuno; uno, para iniciar una conversación con miras a sacar información más adelante y dos; para alejar de mi mente la tentación que tenía en ese momento con aquella mujer.

Meretriz continuaba hablando sin ocultar en ningún momento el placer que sentía al hacerlo. Mary encendió un  “cigarro” me lo pasó  y junto con Martha se bajaron a hacerme el oral en forma simultánea. La otra continuaba con su relato.

-         Le pregunte por ti. – Me dijo señalándome con el dedo índice. – Me dijo que eras casado, buen tipo y muy generoso. Que de hecho acababas de depositarle en su cuenta el dinero para la redecoración que estábamos haciendo. Que normalmente se veían una o dos veces en el mes y siempre en los fines de semana, que rara vez discutían y que tenían una buena relación. Le pregunte que si no le daba miedo que un día te dedicaras a tu esposa y terminara dejándola. Me contestó que de eso no había el menor riesgo, ya que tu mujer era frígida y ella en cambio era fuego. La forma como se desarrollaba la conversación me dio pié para creer que podría llegar un poco más lejos ese día. Le pregunte que si ella no sería algo así como una fantasía para ti y me contesto riendo que no. Que ella lejos de ser una fantasía  para ti, era una realidad contundente, y  más aún, que ella conocía casi todas tus fantasías y que igual casi todas te las había hecho realidad. No podía desperdiciar esta oportunidad que me estaba dando, así que la volteé para masajearle el pecho y mientras lo hacía muy sensualmente pero fingiendo indiferencia, le pregunte: - ¿Cómo que has hecho realidad  “casi” todas sus fantasías? -  Me contestó que se refería a aquellas fantasías que surgen en la cama. Seguí el juego diciéndole  que le entendía perfectamente, ya que yo era lo mismo con mi pareja, aunque reconocía que una vez surgió una fantasía que jamás yo le había podido complacer a mi pareja. Me pregunto que si ella podía saber cual era esa fantasía y yo después de hacerme la tímida y reservada, terminé por “confesar mi secreto” y le dije que mi pareja siempre había querido verme haciendo el amor con otra mujer, pero que yo no había encontrado cómo complacerlo. – “No jodás, que coincidencia, o será que todos los hombres quieren lo mismo;  eso es exactamente lo mismo que quiere Fernando”. – Me dijo Lascivia atacada de la risa. Consideré que ya había suficiente confianza como para preguntar cualquier cosa que se me ocurriera, pero preferí no hacerlo para no despertar sospechas, Así que, en medio de una conversación menos comprometedora, di por terminado el masaje preguntándole como se sentía. Me dijo que de maravilla, que me agradecía no solo el masaje sino la conversación tan amena, ya que no era fácil encontrar con hablar de ciertos temas así: “a calzón quitao”.

-         En la siguiente cita, luego de hablar de algunos materiales y otras cositas por el estilo, le pedí que me regalara un Coñac, ya que me encontraba hecha un nudo de nervios, pues debía cumplir una cita que no era precisamente de negocios y no sabía como iba a reaccionar. Me sirvió el trago y me invitó a que le contara de que se trataba. Luego de unos minutos terminé inventándole   que la cita era con un compañero de oficina, que hacia rato me estaba pretendiendo. Me preguntó si era la primera vez que iba a salir con alguien diferente a mi pareja, y le respondí que no, pero que con este muchacho era diferente, porque sentía que me estaba gustando mucho. Estuvimos hablando del tema durante un buen rato y al despedirme me abrazó me dio un beso en la mejilla y me aconsejó que no dejara que salieran a flote mis emociones ni sentimientos en la cita. Que simplemente disfrutara y la pasara bien. Creo que lo que le conté marcó una ruta definitiva para ganarme su confianza.

-          En la última visita que le hice, casi no hablamos nada del trabajo, ya que desde que llegué, Lascivia quiso saber cual había sido el resultado de mi encuentro clandestino. Le dije que todo había salido bien, pero ella insistió en que debía contarle todo con detalles. Yo le invente rápidamente una historia, con residencia y todo y finalice diciendo que había quedado un poco decepcionada, ya sexualmente el hombre no había dado la talla. Que ya era la segunda vez que me pasaba que me ilusionaba con un hombre que a la hora de la verdad, “ni fu, ni fa”. Vi aquí una nueva oportunidad y pregunte de inmediato. -¿A ti no te ha pasado algo similar alguna vez?-  Prendió un cigarrillo mientras pensaba lo que iba a decir. Luego suspiró profundo y contestó que si, que si le había ocurrido algo similar. Me preguntó que si yo tenía afán. Cuando le dije que no, que no tenía ningún programa para este sábado, me invito a que nos tomáramos unos tragos, que me contaría un par de casos que le habían ocurrido y que de paso echaríamos un poco de cháchara de los hombres y de esas cosas que una casi nunca habla con nadie. Naturalmente que yo acepte encantada.

Meretriz  hablaba con tal pasión, que parecía que estuviese viviendo nuevamente las escenas que nos narraba.

-         Lascivia, - Dijo Meretriz continuando su relato. –colocó sobre la mesa una botella de coñac recién destapada, sirvió para las dos y brindamos riendo como si estuviésemos haciendo alguna picardía. Luego de algunas bromas, ella empezó contándome que alguna vez que estuvo en tú oficina,  - Me señalo con el dedo. – le había gustado uno de tus ejecutivos, que era un churrazo, rubio de ojos azules que aunque no era muy alto, si tenía un cuerpo bastante bien proporcionado. Que el tipo en un principio no le había parado ni cinco de bolas, pero que  ella había continuado visitando la oficina con alguna frecuencia y con coqueteos muy discretos, había logrado que se fijara en ella, e incluso él, finalmente le echaba algunos piropos de doble sentido. Pasaron unos días de coqueteos y bromitas y como el “monito” no tomaba ninguna determinación en firme, fue ella quien tomo la iniciativa y lo llamó para ponerle una cita. Que la cita había sido en un restaurante cercano a la empresa, con tan mala suerte, que precisamente allí estabas tú, - Me volvió a señalar. – tomándote una cerveza o algo así. Que el tipo no se había dado cuenta  y que cuando lo supo, casi se orina del susto y que el muy cobarde, como la “gran solución” se había ocurrido hablar contigo para explicarte quien sabe que cosa, pues aún no había ocurrido nada. Desde ese día no había querido saber nada más de semejante estúpido y cobarde  tipo.

-         Inmediatamente yo le pregunte, - Continuaba Meretriz sin perder el hilo. – Que, que había pasado después y que habías dicho tú. – Cada vez que se refería mí en su conversación, Meretriz hacía énfasis y me señalaba. - Ella con toda la tranquilidad me contesto, que no había pasado nada, que a ti te había inventado cualquier cosa, que te había enfrentado sin temor ya que al fin y al cabo, nada había pasado. Pero que tal vez tú, habías quedado con alguna espinita, ya que por esos días te habías inventado un pacto, según el cual, cualquiera de los dos que llegase a tener un desliz, debería contárselo al otro en señal de honestidad. Que desde ese pacto tú llegabas cada vez a contarle tus aventuras, pero que ella no te paraba muchas bolas, ya que creía que lo hacías solo por presumir de “Don Juan”.  Yo sentí que esta oportunidad era de oro para mis objetivos, así que le pregunte que si ella también te contaba sus aventuras, o que tal vez desde ese fracaso con el “monito” no había vuelto a tener ninguna. Me contestó que nunca te había contado nada y que más bien en venganza del famoso pacto, ella había decidido hacer algo malévolo. Que desde la universidad había una vieja grande y rolliza que la perseguía constantemente, así que decidió encontrarse con ella. Se encontraron en un barcito muy oscuro y allí permitió que su amiga la acariciara hasta el cansancio, luego salieron y fueron al apartamento de la vieja y tuvieron intimidad. Pero que también salió decepcionada de este encuentro, ya que la tal vieja, aunque no era fea, tenia muchos ademanes de hombre, que era muy brusca, que parecía un puro macho y que, (palabras de Lascivia) - tenia “aquello” tan grande, que erecto podría tener las mismas dimensiones del más grande de sus dedos. –

Aquí nos reímos todos interrumpiendo el relato y para hacer bromas al respecto. Hicimos una pausa para unos tragos y luego nos reacomodamos para que Meretriz continuara con su historia.

-         Sí, nosotras también nos reímos mucho con aquel apunte, pero inmediatamente continué con mis preguntas para no dejar que la conversación se nos desviara. Le pregunté si había vuelto a ver a su amiga, y me respondió que no, que solo lo había hecho por sí un día tú llegabas a sospechar de ella por algún motivo, entonces ella te contaría esa historia, en la seguridad de que quedarías más tranquilo y no preguntarías más. Luego le pregunté que si aquella mujer de la historia no podría servir para cumplir lo de tu fantasía y contesto con un rotundo NO, agregando que no lo haría con ella delante de ti, así fuera la ultima mujer que quedara en el mundo. Que para complacer tu fantasía, tendría que ser con una mujer que a ella le gustara, o sino, no tendría chiste. Me miró colocándome las manos sobre las rodillas y se rió con sonora carcajada.

-         Aproveché para darle otra puntadita. – Dijo Meretriz cambiando un poco el tono de su voz. – Le comenté que yo también, en algunas ocasiones, había tenido la tentación de probar que se sentiría haciéndolo con otra mujer, pero que nunca había tenido la valentía, ni la oportunidad para hacerlo. Sin dejarla reaccionar por mi comentario, inmediatamente le inventé otra historia de mis “aventurillas” con el fin de que ella se tomara aún más confianza, y el resultado no se hizo esperar. Me contó su siguiente aventura de una manera más concreta, con más detalle. Me dijo que una noche que tú la llevaste de rumba a un establecimiento nocturno muy elegante del norte, se habían ubicado en un rinconcito muy discreto, alejado de la pista de baile, y donde la luz era mucho más tenue. Que justo al lado de la mesa que ocupaban, había otra pareja como en las mismas condiciones de ustedes; tal vez buscando un poco más de intimidad. Que de pronto ella te había sorprendido mirando para la mesa de al lado, y voltear a mirar ella se había encontrado con la cara del tipo, que estaba como embobado mirándole las piernas, pues ella vestía una falda con una protuberante apertura en el muslo que al sentarse seguramente le dejaba ver más de lo permitido. Que siguieron tomando y divirtiéndose normalmente, pero cada vez que ella miraba hacia la otra mesa, el tipo la estaba mirando con insistencia. Que se quedo observándolo y pudo notar que el tipo era como extranjero y que definitivamente estaba como “bien”, de tal manera que le sonrió con un triz de  coquetería, y el tipo no se hizo esperar. Que se levanto y te pidió permiso para bailar con ella. Que tu no tuviste inconveniente ya que también estabas como embobado mirando la vieja. Que más adelante fuiste tú el que llevo la vieja a bailar, dejándola sola con el tipo. Que tú te demoraste como veinte minutos bailando con la tal vieja, dándoles tiempo para conversar y conocerse un poco. El tipo se llamaba Paúl y era francés. Además, era muy directo y que de inmediato le propuso que pasaran la noche juntos en su apartamento. Ella le contesto que no podía, por que estaba acompañada y que además estaba en su segundo día de sus ciclo menstrual. El dijo que no importaba, que así era mejor, que no aceptaba un no por respuesta, que el llevaría a su compañera a la casa y que regresaría en una hora. Que ella vería como se las arreglaba para salir de ti y que la esperaría a la una y media de la mañana. Lascivia se las ingenió y consiguió que salieran y que la dejaras en el apartamento, luego se regreso en un taxi a cumplirle la cita al “franchute”. Pero hay más. – Advirtió Meretriz. – Me contó lo que ocurrió en el apartamento del tipo…

-          Hay… cuéntanos todo, no nos dejes así, ¿si? continua por favor. – Le pidió Martha juntando las palmas de las manos. –

Yo no comenté nada; estaba completamente englobado, pensando ¿Cómo había podido pasar todo eso en mis propias narices? Pero sí: me había dedicado a pararle bolas a la mujer del “franchute”, que entre otras cosas estaba muy “buena” y la descuidé completamente. Además, ahora lo recordaba, estábamos muy bebidos. Trataba de recordar más detalles de la famosa noche, cuando Meretriz me sacó del ostracismo, llamándome la atención para continuar con su relato.

-         Al llegar al apartamento, el tipo, sin que mediara un beso o la más mínima caricia, la fue desnudando y la tiró de espaldas en la cama. Se desnudó él y se abalanzó entre sus piernas para hacerle el sexo oral. Luego de estar allí por un rato se enderezó y le dijo que lo había decepcionado por que no estaba menstruando. - Todos  reímos. Mary me miro disimuladamente y agachó su cabeza, y Meretriz continuó con su relato. – Lascivia tuvo que contener la risa no solo ante la reacción del tipo, sino al ver la dotación sexual de su acompañante.Digno de un niño de seis años.”  Me dijo riendo y luego agregó que ella había tenido la esperanza que de pronto el tipo supiera suplir su tamaño con buen manejo, pero fue una nueva decepción; el tipo resulto ser un eyaculador precoz. Finalmente el tipo quiso llevarla a la casa, pero ella prefirió pedir un taxi, e irse con su fracaso a cuestas.

Hicimos una corta pausa para tomar un trago y prender unos “cigarros” y para que las chicas hicieran algunas bromas y comentarios con respecto al relato. Muy pronto Meretriz volvió al relato como si tuviese prisa de que yo me enterara de todo lo que había podido averiguar:

-         Seguimos tomando y hablando de temas similares sin que me contara nada interesante durante un buen rato. Se me ocurrió que habláramos de las “metidas de pata”, y le conté entre otras cosas que yo una vez había llamado a mi compañero con el nombre de un amigo. Ella inmediatamente recordó un caso que según ella no podría olvidar jamás. Me contó que en una ocasión se había dejado seducir por su jefe en la oficina y que como allí no había más que las sillas de la mesa de conferencias, su jefe se bajo los pantalones y se sentó en una de ellas. Ella se bajo sus medias al tiempo con los pantis y de espaldas se le acomodó perfectamente sentándose sobre su pene. Que resultó muy agradable ya que en esta posición, ella había quedado con todo el manejo y lo disfrutó a sus anchas. Que fue la única vez que ocurrió, pero la metida de pata fue que, pasados unos meses, ella había estado tomando contigo y el licor cumplió con su función haciendo que la traicionara el subconsciente, pidiéndote que lo hicieran así de nuevo, cuando en realidad ustedes jamás lo practicaron de ese modo. Nos contamos muchas cosas más, pero en algunas de las que ella compartió no agrego mayor detalle. Me hablo por ejemplo de una vez que llegó a acostarse contigo oliendo a sauna, de una vez que te “cornificó” en Cartagena mientras tu estabas en una convención y dos o tres casitos más que no recuerdo muy bien. Como les pareció mi labor de espionaje ¿Ha?  - Preguntó Meretriz rematando sus narraciones. –

Las chicas reían y comentaban cada una de las situaciones y en ocasiones pedían  mas detalles de algunos de los casos más interesantes. No paraban de hacerme bromas, ni de felicitar a Meretriz por su éxito en la “Operación Cuernos”

Yo por mi parte permanecía en silencio, tratando de poner en orden mis ideas. Tratando de  encontrar detalles que me confirmaran o negaran lo que acaba de saber. Me encontraba derrotado, herido en mi orgullo propio y por más que trataba de disimularlo, las mujeres lo estaban notando y empezaron a hablar más bajo y acallar sus risas. Aunque yo me jactaba de que todo esto no me afectaba en lo más mínimo, era evidente que aquellas revelaciones, todas juntas, en una sola noche, estaban produciendo mella en lo más profundo de mi orgullo.

-         Muchachas: - Dijo Meretriz con voz de mando. – Tenemos un hombre a punto de naufragar, y es nuestro deber acudir en su rescate. Así que vamos a empezar a levantarle el ánimo para dejarlo como siempre: feliz y contento.

Las chicas sirvieron trago, me consintieron, me dieron humo en la boca, me hicieron el oral de partida doble, me chupaban las tetillas pues Mary había descubierto que esto también me excitaba, me dieron toda clase de masajes y en fin, hicieron todo lo que se les ocurrió para animarme, pero yo no reaccionaba como de costumbre; estaba con el ánimo en el piso.

-         Ya se: - Dijo Mary. – Le voy a preparar algo que le subirá tanto el espíritu, que lo va a dejar “volando”

-         Qué es. – Dijimos los otros tres casi al unísono, y soltamos la risa. –

-         ¿Ven? el sólo decirlo ya está creando un ambiente diferente. Ahora esperen a que lo prepare.

-         Pero que es, cuéntanos, no seas misteriosa. - Le insistió Martha –

-         Damas y caballeros: - Anunció Mary. -  Le prepararemos un…   MADURO.

-         ¿Un maduro? que es eso. – Pregunte con curiosidad. –

-         No preguntes, solo lo prendes y lo disfrutas. Nosotras no te molestaremos mientras lo haces. Es más, nos vamos ya para el sofá. - Dijo Meretriz tomando a las dos chicas de la mano y llevándolas al mencionado mueble.

-         ¡Aja¡ entonces me abandonan. – Dije en broma al tiempo que encendía el “cigarro” que me habían armado. Lo aspiré profundamente y pude notar que era diferente a los otros, me gustó y empecé a sentirme con un mejor estado de ánimo en la medida en que lo iba consumiendo. Pronto lo acabé y las chicas volvieron a la cama. –

-         Bien cariño, veo que te sientes mucho mejor. – Dijo Meretriz. – Además quiero decirte que no debes tomar tan a pecho lo acontecido. Tú eres el tipo de hombre capaz de tener una mujer como Lascivia o mejor que ella, en el momento en que así lo quieras. Pero el riesgo sería el mismo, pues como dices tú mismo, todos somos humanos (Incluyendo a Pristina) y podemos tener nuestros deslices en cualquier momento. Tú puedes seguir tan campante como siempre, como cuando decías que sospechabas, y en realidad ya lo sabías. Además, simplemente disfrútala, por lo que he podido analizar, esa mujer sí es una bomba en la cama.

-         Tienes razón. – Dije con seguridad. -  ya no tenemos porque seguir hablando de algo que es absolutamente normal.

-         Mi amor… - Musitó Meretriz mirándome a través del cristal de su copa. – y si tomamos una pequeña venganza aprovechando lo que puede dar su hermoso cuerpecito…

-         Ahora que se te ocurrió. Cuéntame, me interesa, tus planes parece que siempre dan resultado.

-         Mira cuando estuvimos hablando de ti, ella me dijo que eras excelente para la parranda, que eras alegre, creativo, chistoso, que cantas y hasta tocas guitarra. Viendo el entusiasmo con que te describía, fingí desconsuelo de no haberte conocido personalmente, ya que nuestro contacto se había dado a través de la casa decoradora. Ella también lo lamento, pero dijo que aún era tiempo para que yo te conociera. Que te propondría una reunión de agradecimiento para mí y para celebrar el nuevo decorado. ¿No te ha comentado nada?

-           No. Desde que llegue no he tenido la oportunidad de verme con ella, pero si esa reunión cuenta para tus planes, puedes darla como u hecho.

-         ¡Perfecto! – Dijo Meretriz visiblemente entusiasmada. -  El plan es sencillo: simplemente la  embriagamos, si es necesario, y luego, entre los dos, le enseñamos lo que es el sexo de verdad, verdad. La disfrutaremos los dos hasta el cansancio. Por las conversaciones que hemos tenido, no creo que sea difícil involucrarla en una pequeña orgía entre los tres.

-         Ay, ¿me llevan? – dijo Martha tomando de la mano a su jefe. –

-         De llevar a alguien, llevaríamos una enfermera, - Dijo mirando a Mary. – para que le diera su merecido, pero si Lascivia resulta ser como yo la imagino, lo mas seguro es que  le encantarían los procedimientos “terapéuticos” de esta mujer. Y si le llevamos la sardina, nos podríamos quedar nosotros al margen de la fiesta. Así que mejor solo pensaremos en el “trío”. ¿Estás de acuerdo? amor.

-          Sí estoy de acuerdo, aunque por la expresión de tu cara, más que un castigo para ella, es como un premio para ti, además de que también puede resultar un premio para ella. ¿No crees?

-         Lo del premio para mí, puede ser cierto: no puedo ocultar que me llama mucho la atención. Pero en cuanto a ella, el solo hecho de que la manipulemos, le hará sentir que tú ya sabes todo acerca de ella y se sentirá culpable cuando entienda que tú le has perdido el respeto y que la tratas con indiferencia, como si no se tratara de ella sino de cualquier mujer capaz de darte placer.

-         Bueno estoy de acuerdo con todo el mundo, pero con la condición de que me traigan otro “Maduro”. – Dije bromeando. –

Seguimos ahora sí de la forma acostumbrada, sin nada especial, hasta que   ellas decidieron “rifarme” para ver cual pasaba el resto de la noche conmigo. Ganó Mary, no trajo su maletín, ya que como me lo dijo al oído, hoy si quería ser muy mujer y disfrutarme como tal, hasta donde yo se lo permitiera. Antes de dejarnos solos, Meretriz me pidió que no dejara de comunicarme telefónicamente para informarle de la fecha y hora de la reunión con Lascivia.

Una vez solos, después de algunos cariñitos protocolarios, Mary, sin hacer referencia en ningún a nuestro encuentro anterior, me hablaba quedamente y me propinaba todo tipo de caricias logrando llevar mi excitación al máximo. Luego se subió sobre mí, a horcajadas, colocó su sexo contra el mío, se inclinó sobre mi cara y muy tiernamente me dijo:

-         No te preocupes amor mío, ya se que tú solo haces el amor en este sitio con la jefe. Pero conmigo, únicamente vas pensar en que estás con una noviecita virgen, a la cual debes darle placer al máximo pero sin perjudicarla con una penetración. Solo déjate guiar, tu pene se deslizará suavemente por sobre toda la línea divisoria de mi vagina. Déjalo deslizar desde la punta, hasta los testículos suavemente… así…  sin perjudicarme… sin penetrar…

Mary acompañaba sus sensuales movimientos con una serie de excitantes palabras, pronunciadas con la más sensual de las voces y lograba trasladarme a otras partes, a un paraíso, era como si me transportara a mi juventud y estuviese en realidad con una niña virgen. No se en realidad que era, pero era en realidad delicioso sentir y en ocasiones ver, como mi glande recorría la “línea divisoria de su vagina” desde la parte inferior, hasta llegar a la cúspide y luego de dar un apasionado “beso” a su rosado  clítoris regresaba a su punto de partida, para reiniciar su recorrido. En la medida en esto ocurría su vagina soltaba más y más sus jugos lubricantes como queriendo ahogar mi pene y mis pensamientos en un mar de placeres escondidos.  Ella murmurando palabras, que ahora, aunque no las entendía, me transportaban con su música por el espacio infinito del erotismo. Mis piernas temblaban por el esfuerzo que hacia para contenerme, movía mi cabeza en forma lateral, apretaba los dientes… y ya no resistí más; la penetré. Ella gimió de placer e inició un acompasado movimiento de caderas, de cintura, de todo su cuerpo… de pronto se detenía y operaba un efecto de succión desde sus entrañas, retomaba luego todos sus sensuales movimientos, repetía... Fue realmente gratificante muy gratificante.  Al terminar, me lleno de besos, y actuaba como si en realidad estuviese agradecida por lo que acababa de pasar.

-         Es nuestro nuevo secreto. – Me dijo. – Nadie debe enterarse. Se supone que esto no lo haces sino con la jefe.

Me pareció prudente guardar el secreto, no por lo que pudiera pensar Meretriz, sino por mi mismo, por mi imagen con las demás chicas. Además de alguna forma creía que esto me hacía más interesante. Eso era lo que pensaba cuando finalmente quedé dormido.

 

LA ORGIA.- MERETIRZ.- CAPÍTULO XII

CAPITULO XII

Durante un mes aproximadamente, estuve muy “juicioso”. No visite el establecimiento nocturno y tampoco me vi personalmente con Lascivia. Solo reaparecí el día de la reunión con las dos mujeres.

La cita con Meretriz estaba para las tres de la tarde, así que yo decidí almorzar en el apartamento con Lascivia, y esperar allí la llegada de “mi cómplice”. En un principio estuve algo distante con mi amante, pero cambié rápidamente de actitud, al entender que esa distancia podía afectar los planes que teníamos para con ella. Además, estaba muy hermosa y provocativa. Vestía unos shorts muy cortos y ajustados a su cuerpo que en algunos momentos, según su movimiento dejaban escapar un tanto sus blancos y sedosos glúteos; una camisilla de franela blanca, muy ajustada, estilo esqueleto, que permitía detectar fácilmente la redondez y firmeza de sus pechos. Decidí entonces cortejarla y felicitarla por su estupendo gusto en la re-decoración.

-         Las felicitaciones y flores por la decoración, déjalas para cuando llegue la decoradora. Ella es quien merece los créditos. Además es una mujer muy agradable;  te va a encantar. - Dijo Lascivia alcanzándome un vaso de Whisky. –

-         Y… ¿es bonita? – Le pregunte bromeando. –

-         ¡Cuidado porque cancelo la cita! – Bromeo ella también y luego agregó. – Mentiras mi amor, si es bonita; es una trigueña de estatura mediana, y con un cuerpo muy bien cuidado. Ya la verás en pocos minutos.

Seguimos conversando y bromeando un poco, y muy pronto sonó el timbre de la puerta. Ella se retoco un poco el cabello y abrió la puerta y saludó de beso a la visitante.

-         ¡Caramba! te viniste elegantísima, en cambió nosotros estamos en “facha casera”. Pero sigue por favor,… ven te presento a mi marido. – Le dijo Lascivia y tomándola de la mano la acercó hasta sillón en el que yo me encontraba sentado cómodamente. –

-         Encantado señora… o ¿señorita? – Le dije sonriendo. –

-         Eso depende de quién lo pregunte. Por ahora dejémoslo en Meretriz, ya que ese es mi nombre. El suyo es Fernando ¿verdad?

-         Si ese es mi nombre; pero no empecemos con formalidades, es mejor nos tuteemos para entrar en confianza, porque esta tarde promete ser muy amena en la compañía de dos hermosas damas, como las que ahora tengo en frente. Siéntate por favor.

-         Mi amor, te cuento que le prometí a Meretriz, que hoy no le hablaríamos de su trabajo, ya que la idea es que ella se relaje un poco olvidándose de su rutina diaria. Que deseas tomar mujer. – Remató Lascivia dirigiéndose a la invitada y encaminándose al bar. –

-         Lo que estés tomando tú, esta bien.

-         De acuerdo, entonces tomaremos coñac.

  Mi “socia de aventura” se levanto de la silla para despojarse de su chaqueta mientras yo la observaba detenidamente. Realmente si estaba muy elegante, su vestimenta nada tenía que ver con las escandalosas y provocativas prendas que utilizaba en el negocio. Estaba sobria pero muy sensual. Traía chaquetilla de cuero gris y pantalón y gorra del mismo color y material. Una blusa de fina seda rosada de abotonar hasta el cuello, pero con los tres primeros botones sueltos, lo que permitía ver el inicio brillante de sus redondos pechos. Y remataba su atuendo con unas botas apretadas, que llegaban casi hasta la rodilla y que hacían perfecto juego con todo su conjunto. Al voltearse para  colocar la prenda al espaldar de una silla, pude ver como su ajustado pantalón resaltaba sus formas, haciéndola ver aún más sexy. Cuando estuvieron sentadas las dos mujeres ahora en el mismo sofá, me levante del sillón y dirigiéndome a la invitada dije:

-         Bueno, ya se que no debo hablar de tu trabajo, pero no puedo pasar por alto mis felicitaciones y agradecimientos por la excelente labor de decorado que le hiciste a este apartamento. Ahora si;… que música prefieres escuchar. – Le dije dirigiéndome al bar, donde se encontraba el sonido. –

-         La que ustedes prefieran esta bien para mi

-         No mi querida, - Interrumpió Lascivia. - eres nuestra invitada y por lo tanto escucharemos lo que tú determines. Tenemos de casi todos los géneros. Así que  pide con confianza: es más no pidas, ve escógela.

-         Bien, como estamos de boleros y baladas de los sesentas… - Dijo Meretriz acercándose al sitio donde yo me encontraba. –

-         ¡Huy! le diste en la vena del gusto a mi marido. De esa música hay toda la que tú te puedas imaginar. Es su favorita. - Comentó Lascivia entusiasmada. –

Más o menos de ese tono fueron las primeras actividades de la velada. Luego jugamos cartas, cantamos e hicimos algunos juegos de sala de esos que suelen salir muy divertidos. Como casi todas las actividades eran propuestas por los dueños de casa, Meretriz quiso poner su granito de arena, y con inmensa picardía dijo:

-         Bueno chicos, sus juegos me tienen con dolor de estómago. He reído sin parar. Pero se llegó la hora de mi desquite: Ahora quiero ver que tan desinhibidos son ustedes para los juegos de contacto.

-         Has tu propuesta que no nos  vamos a asustar. ¿Verdad amor?  - Dijo Lascivia dándome una palmadita en el muslo. –

-         Se trata de esto: - sacó un tubito de labial de su bolso. – Vamos a colocarlo horizontal bajo nuestra nariz, sosteniéndolo con el labio superior y luego se lo pasamos a  otro, quien deberá recibirlo y sostenerlo del mismo modo, sin dejarlo caer y sin ayudarse con las manos. El que lo deje caer al piso tres veces, pierde y tiene penitencia. Si no cae al piso y creé que puede recuperarlo, lo puede hacer, pero de la misma forma: es decir con la nariz y los labios. ¿Listos? Empieza tú y se lo pasas a tu mujer. - Remató Meretriz alcanzándome el tubito. –

El juego naturalmente que yo lo conocía, pues con frecuencia lo practicábamos con ella y sus compañeras del negocio. Sabía que era un poco difícil, porque causaba risa y nervios en los participantes. Y también sabía que este era el primer avance sexual que  ella hacia en beneficio de sus planes. Eran aproximadamente ya las seis de la tarde y el licor ya empezaba a hacer sus efectos sobre nuestras cabezas, de tal manera que ya no existirían las inhibiciones. Tome el tubito y aclare que la primera ronda debería ser de ensayo mientras aprendíamos, luego lo coloque donde correspondía y trate de colocárselo de igual manera a Lascivia. 

Como estaba previsto la labor no era fácil. Se nos cayó en repetidas ocasiones antes de lograr hacerlo correctamente. Igual pasó cuando Lascivia tenía que pasárselo a Meretriz y ésta nuevamente a mí. Muertos de la risa, decidimos hacer una pausa y tomar un trago antes de iniciar la primera ronda. Iniciamos ahora si en serio para las tres caídas pero igual sin poder parar la risa y los desaciertos. Cuando ya todos contábamos con dos caídas jugando la definitiva, Meretriz se las ingenió para que su compañera dejara caer el tubito y arrimando su cuerpo logró que éste cayera justo en el escote de su desabotonada blusa. La otra no quería perder, así que decidió recuperarlo a como diera lugar. Meretriz le colaboró desabrochan un nuevo botón para que su contrincante metiera la cabeza en su pecho. Allí metidas en su erótico juego estuvieron cerca de cinco minutos, entre risas y gritos hasta lograr su cometido.

-         Yo propongo, - Dijo Lascivia. – Que declaremos un empate en este juego, porque ya no puedo reír más. Es más, voy inmediatamente al baño antes de que me haga “pis” aquí en la sala.

-         Creo que vamos muy bien. - Me susurro Meretriz cuando quedamos solos – Lascivia me estuvo besando el vientre. Varias veces tuvo el labial atrapado, y lo soltó para meterme la lengua en el ombligo. Creo que ya  está casi lista. Ahora quiero que empieces a fingir que ya te están cogiendo los tragos, esto le dará confianza y yo  veré que más puedo adelantar. Pero vamos bien, muy bien.

Cuando Lascivia salió del baño, yo empecé a hacer mi papel; cabeceaba y cerraba los ojos pesadamente a cada momento.

-         Creo que se nos emborrachó el hombre. – Dijo Meretriz, acercándose al oído de su compañera. –

-         Dejémoslo; él se recuperará con facilidad después de un pequeño descanso. Y aprovechando que estamos hablando las dos solas, tengo que hacerte un reclamo. – Le dijo lascivia amenazándola con su dedo índice. –

-         ¿Un reclamo? – Pregunto la otra, lanzando su cabeza hacia atrás y sonriendo y mostrando desconcierto. –

-         Si señora. Yo note que tú habías soltado el labial, a propósito, antes de colocármelo correctamente. Tú me hiciste trampa.

-         ¡Ah! era eso.

-         Sí. Eso… que más podría ser…o  ¿no sería que tú te pasaste besando a mi marido con el cuento del jueguito?

-         Bueno, tal vez si me pasé, pero sólo un poquito pero sin proponérmelo. No estarás celosa o ¿si? – Meretriz para darle énfasis a sus palabras, colocó las manos sobre los desnudos muslos de su contertulia. –

-         Sí. Estoy que ardo de los celos tan terribles. – Contestó Lascivia sonriendo y tomando las manos que aún reposaban en sus piernas, para halarlas hacia arriba hasta el borde de sus pequeños shorts. –

-         Yo también tengo un reclamo. – Le dijo Meretriz frotándole las piernas juguetonamente. –

-          ¿Si? ¿Qué hice yo?

-         Te aprovechaste con lo del labial, haciéndome rosquillitas con tu lengua en el ombligo, cuando yo no podía decir nada, porque tu marido nos estaba mirando.

-          Y si el no hubiese estado mirando, que me hubieras dicho ¿ha?

-         Humm… Que siguieras…

Las dos continuaban hablando y riendo, mientras yo las escuchaba y las veía con los ojos entrecerrados. Meretriz no le había quitado las manos de los muslos, desde que logró colocarlas allí, y la otra parecía estar satisfecha, ya que no había hecho el más mínimo movimiento que indicara que estaba algo incómoda. De pronto Meretriz le dijo algunas palabras al oído. Lascivia volteo la cara rápidamente para mirarla a los ojos, como queriendo confirmar lo que le decían, quedando muy, muy cerca, cara a cara. Se miraron unos segundos y luego se besaron.

Los besos eran de todos los calibres; tiernos, apasionados, jugueteaban con sus lenguas, se lamían etc. etc. Meretriz por fin retiro las manos de sus piernas y las subió hasta su pecho y empezó a acariciar sus redondas protuberancias tiernamente, sin dejar de besarla un instante. Lascivia hizo un ademán como para retirarse la camiseta pero la otra la interrumpió diciendo:

-         Y… ¿si se despierta?

-         No importa. Mejor; al fin y al cabo esa es su fantasía  ¿Verdad? – Y terminó de sacarse la prenda completamente. –

-         Y... ¿lo haces solo porque es su fantasía?

-