TEST DE INTELIGENCIA Y MEMORIA GRATUITO

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LA ESPOSA FIEL. - CAP. VIII

CAPITULO VIII

Tres semanas más tarde decidí ir por noticias de la "operación cuernos", ya Lascivia me había puesto al corriente de la última cita con Meretriz y por supuesto mi amante solo me habló lo concerniente a la decoración. Al llegar al establecimiento recibí tamaña sorpresa: El sitio estaba “sellado” por las autoridades. Mi primer impulso fue retirarme de allí inmediatamente, pero al dar la media vuelta, me encontré cara a cara con uno de los empleados de Meretriz, quien muy comedidamente me invito a seguir a un barcito que estaba ubicado aledaño al otro establecimiento. Entré y cerré un instante los ojos para acostumbrarlos a la oscuridad del lugar, el cual estaba tenuemente iluminado con algunas luces de neón, rojas y verdes, situadas  en la barra del bar y las paredes. Una vez pude ver con un poco más de claridad, observe rápidamente el panorama: una barra de sillas altas como para unos seis personas; el sitio era más bien pequeño, unas diez mesas de cuatro puestos, de las cuales estarían ocupadas tres, cada una con una pareja, y al fondo una mesa que era ocupada por dos mujeres, que ahora me hacían señales de que me acercara. Apagando un poco los ojos pude al fin reconocerlas: eran Martha y "la quinceañera". Me senté con ellas y rápidamente me pusieron al corriente de los acontecimientos, indicándome, además, que este bar era de los mismos propietarios del otro negocio, por lo cual no había que preocuparse por nada,  que su jefe estaba haciendo las diligencias para hacer retirar los sellos y que a ellas las habían dejado allí, por si algún cliente especial (como yo) llegaba, no fuera a creer que el negocio se había terminado. Para terminar, Martha me tomo por las manos, se acercó más a mí y bajando la voz me preguntó:

-         ¿Quieres estar más en privado?

-         Si, naturalmente. Aquí me siento muy incómodo. – Respondí al instante. –

-         Bien; entonces ven con nosotras. – Murmuró la mujer e inmediatamente, luego de echar una mirada a su alrededor, entre las dos me condujeron hacia el servicio sanitario de mujeres. –

-         Chicas, chicas ¿Qué están haciendo? – Les dije en  voz baja al leer la plaquita fijada sobre la puerta, que decía claramente: DAMAS. –

-         Tranquilo… Sigue, no te preocupes por nada. – Dijo la más joven tomándome por el brazo, y prácticamente empujándome hacia adentro. -

Una vez en el servicio sanitario, Martha sin pronunciar palabra se dirigió hacia un tocador de madera, lo retiró y abrió una puerta pequeñita camuflada detrás de éste y me hizo agachar para que pasara rápidamente. La puertecilla desembocaba a una habitación rectangular de unos seis metros de largo por tres de ancho. Frente a la pequeña puerta había un sofá antiguo muy grande, dos sillones del mismo estilo y una mesa de centro, a la izquierda una cama grande con sus mesitas de noche y a la derecha un servicio sanitario con ducha incluida. Había dos ventanas enrejadas que miraban hacia una especie de patio muy oscuro, y los postigos de las mismas estaban abiertos, permitiendo una correcta ventilación. La iluminación del extraño reservado, era proporcionada por tres candelabros; dos de tres velas sobre las pequeñas mesa ubicadas a lado y lado de la cama y uno de cinco velas ubicado sobre una alto mueble guardarropa que estaba al otro extremo.

Estaba nervioso, muy agitado. Nunca me había encontrado en una situación semejante a ésta donde me sentía como un prófugo, o algo parecido. Sin embargo a pesar del desconcierto que todo aquello me producía, no dejó de parecerme interesante y terminé por  aceptar la singular situación y pasar la noche allí, en compañía de Martha y la quinceañera, a la que tanto había evitado.

Muy pronto estuvimos desnudos y subidos en la cama, tomando y fumando, disfrutando de las caricias que Martha me proporcionaba y de las que yo proporcionaba a la chiquilla. (Andrea era su nombre). De pronto golpearon suavemente en la puerta y Martha se levantó para ver de quien se trataba. Entreabrió la pequeña puerta y conversó con alguien en vos baja: No sabía de que se podría tratar, pero me causó sobresalto. La chica regresó a la cama dejando la puerta sin ajustar y haciendo un gesto de desagrado me informó que se trataba del administrador que venía a solicitarnos un favor muy especial: en la puerta tenía un gran cliente que quería fumarse un “cigarro” especial, y como en aquel establecimiento en la única parte donde se podía hacer esto era en la habitación,  quería que por favor le permitiéramos hacerlo  allí; que él era muy prudente y discreto, que entraría se fumaría su "aparato" y saldría inmediatamente sin molestar para nada. Andrea arqueó las cejas y apretó los labios sin atreverse a comentar nada. Luego nos miramos los tres y lo aprobamos sin decir nada. Nos tapamos un poco con las sábanas y Martha anunció al cliente que ya podía seguir. El hombre entró, dio gracias, y se dirigió al baño a hacer lo que tenia que hacer. Una vez que terminó, salió apresuradamente de la habitación sin voltear a mirarnos. Martha se levanto nuevamente cerró bien la puerta y volvió a la cama a destaparnos haciéndonos juegos y bromas.

Continuamos con nuestra diversión cuando, como a la hora, nuevamente tocaron al a puerta. Esta vez se paró Andrea para atender y desde la puerta pregunto que si el señor podría entrar nuevamente. Suspiré hondo y con una seña le indique que le permitiera seguir. Esta vez no nos preocupamos por taparnos ni suspender nuestras actividades. El hombre entraría, haría lo suyo y luego saldría sin fijarse en nosotros. Así ocurrió y  cerramos una vez más la puerta tras él. Parecía que ésta iba a ser la constante de la noche, pues a la media hora, nuevamente volvió el hombre a prender su cigarro y, lo mismo de las ocasiones anteriores: el cliente iba a lo suyo, lo hacía y punto. Cuando Martha fue a cerrar de nuevo la puerta, le pedí que no la asegurara, con eso si el tipo regresaba, no habría que pararse a abrirle; que entrara hiciera lo suyo y listo. Y así aconteció, el tipo entro y salió dos o tres veces más sin mirarnos, ni molestarnos para nada.

Superado este pequeño inconveniente y ya con bastante licor y humo en la cabeza, las chicas empezaron a hacer propuestas más libidinosas para alegrar nuestra noche. La más reciente idea  era la de Martha: Dándose cuenta que yo estaba muy entusiasmado con  Andrea, propuso que me yo me dedicara a besar todo el cuerpo de la chiquilla, pero con las manos atadas en la espalda; mientras ella trataría de sorprenderme con placeres más intensos. Bromeamos un poco y terminamos aceptando la propuesta de la mujer de la piel canela. Nos tomamos un trago, fumamos otro “cigarro” y luego a seguir las instrucciones de Martha. Andrea se acostó de espaldas hacia la parte de arriba de la cama, cruzando sus piernas tímidamente, pero dejando ver muy sensualmente su casi lampiño y provocativo pubis. Se veía sensacional, inmediatamente me coloqué de rodillas frente a ella incliné mi cuerpo sobre la quinceañera y empecé a llenar su cuerpo con mis besos, hasta llegar al oral, en la única posición que permitían mis manos atadas. Pronto Martha empezó a acariciarme y masajearme principalmente la espalda y las nalgas con aceite, y luego me pasaba su consolador por espalda, nalgas, entre las piernas y de cien maneras más. Lo hacia como si se tratara de un ritual sublime y sagrado. Sabía como hacerlo. Pronto,  mientras yo me encontraba con la cara sumida en entre las rosadas carnes de Andrea, la perversa Martha empezaba a violarme con sutileza, y la excitación subía sin hacerse esperar, empezó a hacer los movimientos mas rápidos y profundos y luego con moderada violencia al penetrarme. Luego se detuvo lo sacó suavemente y luego de unos segundos arremetió de nuevos con furia, pero esta vez lo sentí suave muchísimo más suave. Esta vez no me pidió que esperara, solo retiró su aparato y me permitió eyacular tranquilamente sobre las piernas de la quinceañera. Terminamos por fin y me tire en la cama al lado del cuerpo de Andrea y tendiendo los brazos en cruz, solicité con un "urgencia" un trago y un “cigarro”.

Al poco rato Martha salió a conseguir más hielo. Yo volteé a mirar a Andrea quien descansaba sobre mi brazo izquierdo con los ojos fijos en techo. La noté un poco contrariada por lo que decidí preguntarle:

-         ¿Te pasa algo preciosa? te noto muy extraña.

-         Es que Martha se aprovecha mucho cuando estás muy tomado. No me gusta lo que hace contigo.  – Contesto sin mirarme. –

-         ¿Por qué? Ella lo hace con mi aprobación.

-         ¿Todo? – Pregunto mirándome fijamente a los ojos. –

-         A que te refieres con “todo”.

-         ¿Tu te diste cuenta que el tipo de los “cigarros” entró cuando estábamos en el último “jueguito”?

-          Tal vez si… - Le contesté dudando. –

-         ¿Y lo sentiste salir luego?

-         No se… en ese momento yo estaba metido en mi cuento. ¿Pero a que viene todo esto? - Le pregunte ya un poco molesto e intrigado. –

-         Mira, - dijo acariciándome el pecho. – no se si lo habrás notado, pero tu me estás gustando mucho; creo que estoy sintiendo algo muy especial por ti, y como no quiero que pienses que las cosas  que yo te diga son  únicamente para que fijes tu atención en mí, únicamente te voy a dejar esta pequeña conversación como inquietud, para que lo pienses y lo analices  con un poco más de profundidad…

La conversación de la chica se vio interrumpida por la presencia de la otra mujer quien ya regresaba con el hielo. Me sirvió un trago bastante largo y con mucho hielo, se sentó en la orilla de la cama y luego de un profundo suspiro se dirigió a mi: 

  •  Creo que después de la actividad anterior deberíamos relajarnos un poco y conversar ¿no lo crees asi?
  • Me parece muy bien; entonces coloca un tema; de que te gustaría hablar?
  • No lo se... Como hoy no encontraste a Meretriz, me imagino que regresaras muy pronto ¿verdad?
  • No; no lo creo, en quince días tengo un evento en una ciudad de la costa y me tomaré todo ese fin de semana...
  • Ya... o sea que le darás otro fin de semana libre a tu esposa...
  • Si; así es. Pero como ya lo he dicho en otras ocasiones, no tengo nada por lo cual me deba preocupar.
  • Me gusta que hables con tanta seguridad; pero en tu esposa, ¿jamás has encontrado ni un solo detallito que te haya inquietado? No hablo de detalles tan evidentes como los de Lascivia, pero algo... alguna cosita...
  • No; nunca... - hice una pequeña pausa como queriéndome asegurar de que lo que decía era cierto. - Mi esposa es una dama, una dama muy fiel...
  • ¿Una dama muy fiel? o una dama muy inteligente... - Dijo Martha con una voz burlona y una mirada preñada de picardía.-
  • Mira! - le respondí con firmeza - Yo se que ustedes se han empeñado en hacerme dudar de la fidelidad de Pristina, inclusive la noche que les conté del éxito de la operación "sexo oral", las bromas que me hicieron con respecto  a su vecina y el marido de su vecina, iban encaminadas a sembrarme dudas al respecto. Pero para demostrarte mi seguridad, te dejaré una vez más que hables lo que quieras y que preguntes lo que desees; te responderé con la verdad. Así que adelante: interrógame!
  • Nooo... no es un interrogatorio; son solo unos comentarios sin mala intención... como un tema de conversación. Por ejemplo cuando dije que Pristina podría ser una dama muy inteligente, lo dije comparándola con tu amante, la que si me parece que obra con mucha torpeza, dejando sueltos muchos detalles que dejan pensar mucho de ella...
  • Tienes razón en parte. En lo de Lascivia; pero es que Pristina no tiene nada de que cuidarse.
  • Es cierto; y es admirable la confianza que tienes en ella;  pero yo considero que deberías afianzar aún más la credibilidad que depositas en ella.
  • No te entiendo muy muy bien: primero me insinúas que ella podría ser infiel, y ahora me dices que debería creer más ella...
  • Tal vez no me expliqué bien: lo que pretendo decir, es que si abrieras bien los ojos y los oídos tratando de encontrar algún indicio de una posible aventura de tu mujer, y si  no lo encuentras, esto afincaría tu credibilidad y evitarías que te suceda algo como lo que te ocurre con Lascivia; que por no tener en cuenta algunos pequeños detalles y aclararlos en forma oportuna, permitiste que ella se sintiera más libre y abusara de tu confianza, Ppara que las cosas terminaran como están terminando: en una investigación engorrosa y delicada, que seguramente te va a traer muchas sorpresas desagradables.
  • Pero es que Pristina jamás me deja ver el menor indicio de algo que me siembre desconfianza...
  • Pero pudiera ser por lo que te digo; es una dama muy inteligente. Con todo el tiempo y espacio que tu le dejas libre, no tiene porque arriesgarse haciendo algo mientras tu estés cerca de ella. Simplemente utiliza bien tus ausencias. Por ejemplo; me dices que en unos dias tienes que viajar a un evento. Tu seguramente le dirás a donde irás, donde te alojarás y cuando regresas; ella en base a eso prepara su propio programa. ¿Que clase de programa? ¿Alguna vez le has preguntado que hace ella cuando se queda sola? Nunca ¿verdad? Entonces ella no tiene necesidad de inventar nada, no requiere una coartada. Simplemente hace lo que desea hacer, sin tener que explicarle a nadie y sabiendo que tú no te preocuparas ni si quiera por preguntar algo a cerca de sus actividades. Puede que se dedique a leer, a ir al cine, a jugar cartas con sus amigas, o a lo que quiera: Pero sea lo que sea que ella haga con su tiempo, bueno o malo, sabe bien que no tendrá que decirte absolutamente nada. ¿Que piensas de lo que te digo?
  • Pienso que estás muy bien aleccionada por Meretriz, para meterme cucarachas en la cabeza...
  • No! Jamás me he puesto de acuerdo con "mi jefa" para tener esta conversación contigo. Pero si me he dado cuenta de que gracias a lo que nos has contado de Lascivia, ahora tienes los ojos un poco más abiertos y los oídos más atentos. Ahora estás casi con la certeza de que ella te es infiel, pero igual esas mismas conversaciones hubieran podido llevarte a la conclusión de que ella te ha respetado todo el tiempo. Entonces porque no tener esta misma actitud de alerta con tu mujer, la cual según tu mismo dices. es muy hermosa, y puede ser tentada por el "diablo" y aceptar alguno de los devaneos de alguno de sus pretendientes, que los debe tener por decenas. Porque, dime algo; si ella es tan linda como dices y si no fuera tu esposa, si un día te la encontraras en uno de tus cocteles, ¿no tratarias de seducirla? Contestame solo eso.
  • Si! tienes razón; si no fuera mi esposa y me la encuentro en alguna parte, si tengo la oportunidad trataría de enamorarla...
  • Exacto! esa es una forma de empezar a abrir los ojos, entender que como tu mismo lo dices, somos humanos con virtudes y debilidades y prevenirse para evitar que puedan más las debilidades que las virtudes en un momento dado y que cuando te des cuenta de tu descuido ya sea demasiado tarde. No se trata de disminuir el tiempo libre que tu le das a ella, que a la postre interferiría con tu forma de vivir, sino de saber en que utliza ella el espacio que tu le dejas.
  • Huy!... estás hablando como una consejera sentimental...
  • Tal vez, pero es que no me gustaría que más adelante me cuentes, que te está pasando lo que ahora de te pasa con Lascivia...  Cuentame algo... por ejemplo en este viaje que tienes proyectado ¿si requieres estar ausente todo el fin de semana?
  • Bueno la verdad es que la reunón pendiente se dará el viernes a las dos de la tarde, seguramente se prolongará por unas tres o cuatro horas, luego nos tomaremos unos tragos hasta bien entrada la noche y al otro día me dedicaré a disfrutar de la playa y regresaré el domingo...
  • Me imaginaba algo así. Entonces porqué no, al terminar la reunión  viajas a tu casa el mismo día, calculando estar de vuelta a las ocho o nueve de la noche, para asegurarte de que todas las cosas marchan como tu sabes que deben estar marchando, y de paso para dar un campanazo de alerta a tu mujer y evitar así que ella tenga algún mal pensamiento en cualquier ausencia tuya.
  • En eso si estoy de acuerdo. - dijo timidamente Andrea quien no había participado para nada en la conversación. - 
  • Bueno, yo creo que ya escuché suficiente de ese asunto. - Les dije en forma concluyente, ya que de alguna forma ya estaba empezando a darle la razón a Martha. -
  • De acuerdo cambiémos de tema, pero no olvides lo que acabamos de hablar. Despues de todo me parece que resultó interensante...  - Aceptó Martha y se dispuso a preparar nuevos "cigarros". -

Tomamos, fumamos y hablamos algo más durante un rato y decidí retirarme con las primeras luces del nuevo día. Salí pensando en la conversación con Martha, pero más en la corta conversación con Andrea. Si, tal vez yo sí había notado que no le era indiferente a la chica, quizás por eso yo había tratado de evitarla en  otras ocasiones. No me gustaría involucrarme con una chiquilla y menos si la chiquilla  trabajaba en el oficio más viejo del mundo.